El hombre que mira 1994

El hombre que mira es un film de Tinto Brass, tomando como argumento el libro del escritor Alberto Moravia del mismo nombre ( y que podrá tener unas 220-230 páginas de acuerdo con la edición que se use).L´UOMO CHE GUARDA (título original en italiano). The Voyeur.También podría llamarse el fisgón.
El hombre que mira es una película que dura una hora y 29 minutos, producida en 1994 (Estrenada en enero de ese año), con la participación de Katarina Vasilissa (bella polaca nacida en 1971), Francesco Casale, Cristina Garavaglia, Raffaella Offidani, Antonio Salines, Eleonora De Grassi, Gabri Crea. Pertenece al género de cine erótico, siendo el término erótico un descriptor de algo relativo al amor sensual o que incita el apetito sexual.Como en el poema de Mallarmé, el fisgón anda esperando el momento justo para apreciar “la concha de color rosa pálido”.

Si el infierno es la mirada de los otros como afirmaba Sartre, uno se cuestiona, y entonces, ¿Qué es lo que el hombre mira? Su propia soledad existencial, su negación reiterativa a aceptar que es un ser sexual, Voyeur por excelencia, mirón permanente, pero una mirada que juzga y presupone actos, una mirada lasciva que así como nos excita, golpea nuestro cuadro de valores.
¿Voyeurismo (voyerismo)[1], que es?: Es la variante sexual por la que un individuo obtiene placer sexual observando las relaciones amorosas de otros o atisbando a una persona mientras se desviste o esta desnuda[2]. Voyeur es una palabra francesa que deriva del término francés “voir”, que significa “ver”. Observar o fantasear observando es el método preferido o exclusivo de los mirones, aunque es poco frecuente que la mujer dependa de esta tipología para lograr una respuesta sexual[3]. Se asume que normalmente se da en hombres jóvenes y muy poco en hombres de mediana edad; parte de la dificultad promedio de estos seres para establecer relaciones heterosexuales. El voyerista prefiere atisbar oculto mujeres que no conoce, puesto que ello constituye una novedad y enfatiza la condición prohibida de su acción. La excitación voyerista es proporcional al riesgo de ser descubierto, de ahí que los campos nudistas o los espectáculos de variedades sean tan poco atractivos para ellos.[4]
En el hombre que mira, todos se miran entre sí así no necesariamente esto sea para excitarse sexualmente. Es claro que la obra esta cargada de pechos desnudos y pubis herbosos[5] en primer plano, pero mirándola con lupa no se trata solo de incitar al deseo a sus espectadores. Se trata de establecer que día a día estamos expuestos a la crítica mordaz de los otros, que el mundo externo está presto a abalanzarse sobre nosotros para vituperarnos al menor descuido, que si bien somos los varones visuales por excelencia y que un “derriere” firme nos pone a trastabillar, buscamos en la observación y el peligro adjunto a esta observación irregular de desnudos o actos sexuales ajenos, algo de la adrenalina que posiblemente no hallemos en lo gris y predecible de lo cotidiano.
Eduardo, un profesor de literatura francesa tiene problemas conyugales con su esposa Silvia; Eduardo (Dodo) es un Voyeur consumado, que ve partir del hogar a Silvia, quien se va porque se siente culpable de sentir deseo sexual desmedido por su suegro, quien la toma por detrás y la hace suya, espetándole sandeces que acrecientan la excitación de Silvia, quien goza sin dejarse mirar el rostro durante el acto sexual, de su fortuita pareja.La acción transcurre en el centro de Roma.

Eduardo intelectualiza la actividad del Voyeur, diciendo que es por excelencia un artista que actúa como espectador de lo prohibido, como cómplice de un plan subversivo.
Toda la película manifiesta una rivalidad interna entre padre e hijo, entre Fausta (quien a las claras desea a Eduardo y lo sabe cornudo) y Silvia (quien al final regresa con Dodo), entre Voyeur y exhibicionista. El hombre que mira, una película para cuestionar toda nuestra capacidad de asombro y de observación y relajarnos entre rosas y azules.
Se puede percibir cierta influencia freudiana en la película y en el libro, pues a semejanza de Freud, se le culpa a muchas de las manías de adulto como reflejo de una infancia tormentosa. Pero no hay un solo hombre que mire, también las mujeres miran y todos gozan en el proceso o al menos eso nos quiere hacer creer el filme de Brass.
Ver también: Samsara, nueve orgasmos
[1] Hace parte de las llamadas parafilias (estado en el que la excitación sexual y la gratificación del individuo están supeditadas por entero a la fantasía recurrente de una experiencia sexual insólita que se convierte en el foco principal de la conducta sexual).
[2] Masters William, Johnson Virginia E., Kolodny Robert C. La sexualidad humana 3. Sanidad. Aspectos culturales. Bibliografía. Grijalbo Monadori S. A., Barcelona 1995.
[3] Obviamente puede excitarse sexualmente observando a otras personas desnudas o ejecutando actos sexuales.
[4] Masters William, Johnson Virginia E., Kolodny Robert C. La sexualidad humana 2. Evolución. Aspectos psicosociales. Grijalbo Monadori S. A., Barcelona 1995.
[5] Y algunos miembros viriles de juguete y otros reales.

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