Thorstein Veblen

Thorstein Bunde Veblen (30 de julio 1857– 3 de agosto de 1929), el economista estadounidense y teórico social, es quizás más conocido por su estilo irónico, ese tono en armonía con su vida. En el exterior siguen pensando que Veblen es uno de los cientificos sociales más influyentes de Estados Unidos, pero en el interior del país no lo es ya. A nivel universitario es prácticamente un desconocido, salvo el eslogan del “consumo visible”.

Nacido en una granja de Wisconsin (en una granja de la frontera del estado), Veblen desarrolló el análisis más comprensivo y pentrante de la sociedad industrial americana de principios del siglo XX. Era Veblen el cuarto varón y sexto hijo de una familia noruega de emigrantes. Su padre, Thomas Veblen, era hombre callado y reacio al trato, de proceder pausado e independiente. Su madre, Kari, era al contrario muy apasionada, cordial y cálida e implantó en su hijo Veblen el gusto por las sagas y leyendas de Islandia y Noruega. No obstante era un niño raro, perezoso, aficionado a leer en la buhardilla más que a realizar sus tareas, veloz para inventar motes y sobrenombres y precozmente listo. Sus prendas eran de confección casera y sus abrigos lo eran de piel de becerro; el café, el azúcar y las camisetas eran bienes superfluos para su estilo de vida. En derredor suyo y en su vecindario solo se hablaba noruego; empezó a aprender el inglés cual si fuera un idioma extranjero y solo hasta el momento de ingresar a la universidad habría de perfeccionarlo. Esto ocurrió cuando Veblen tenía 19 años; la Universidad elegida era Carleton College Academy en Minnesota. Se trataba de que Veblen fuera un clérigo luterano. Pero su personalidad inquisitiva y rebelde era difícil de domeñar y someter a aquel ambiente piadoso. En los ejercicios semanales de declamación Veblen no hacía sermones para convertir a los paganos como sus compañeros, no; Veblen hacía apologías del canibalismo o de depravación en general, en tono científico. Los maestros percibían su talento pero desconfiaban de su sagacidad. Esa era su normalidad en Carleton hasta que se enamoró perdidamente de Ellen Rolfe, sobrina del presidente de la universidad. Intelectualmente la muchacha era muy adelantada: Veblen le leía a ellen obras de Spencer, la volvió agnóstica. Se casaron en 1888, pero la convivencia, siendo normalmente difícil entre dos seres humanos, tenía grandes altibajos por la personalidad solitaria de Veblen, quien tenía un poco de amor para dar y requería de los cuidados de una mujer, pero le daba igual qué mujer le prodigara estos cuidados o mimos.
Terminando sus estudios en Carleton tenía Veblen la intención de seguir una carrera universitaria pero sus tentativas fueron sendos fracasos. fue contratado entonces por la pequeña academia Monona de Wisconsin pero un año más tarde fue cerrada. Hizo su doctorado de filosofía en Yale, en donde se graduó den 1884. Vuelto a casa de una malaria contraída en Baltimore, estuvo en régimen especial varios dias leyendo con fruición de todo lo que caía en sus manos, folletos políticos, economía, sociología, libros de himnos religiosos luteranos o tratados de antropología.
Gustaba Veblen de esos aislamientos de la sociedad, llegando a verdaderos extremos neuróticos. Andaba por la vida como si viniera de otro planeta y las costumbres de sus semejantes le parecían cosa exótica y extraña. Eran muchos los que le querían y admiraban, pero Veblen no tenía amigos; a nadie llamó familiarmente por el nombre de pila y a ninguna (ni siquiera Ellen) pudo dar amor del todo.
Mientras tanto escribía artículos y buscaba empleo, pero, al no ser doctor en teología, no la tuvo fácil puesto que su ambiente laboral era de colegios religiosos. Al casarse con Ellen, mediando la familia de ella aspiraba a convertirse en economista del ferrocarril de Atchinston, Topeka y Santa Fe, donde el tío de Ellen era presidente pero la compañía quebró ; otros cargos a los que se postuló, le fueron esquivos por su actitud huraña y su agnosticismo. Entonces durante 7 años Veblen se dedicó tan solo a leer…Teniendo 34 años la familia estaba preocupada, motivo por el cual envian a Veblen a la Universidad de Cornell para que continue estudiando y reintentara conseguir un empleo respetable. Allí en Cornell ingresó a estudiar economía, obteniendo una beca en 1891. Su tutor favorito era allí J. Laurence Laughlin, quien un año más tarde se trasladó a la Universidad de Chicago y se llevó consigo a Veblen, con un suelo de 520 dólares anuales. La Universidad de Chicago había sido fundada por Rockefeller y alí el ambiente intelectual era más liberal; el presidente de dicha institución se llamaba por entonces Rainey Harper.

Veblen escribió su primer libro cuando tenía 42 años, siendo aún profesor ayudante: The Theory of the Leisure Class. Allí Veblen ahondó en el hombre económico y en sus ceremonias y rituales económicos, como un antropólogo minucioso, haciendo un examen implacable a la sociedad. Espetaba Veblen su tesis respecto a que la clase ociosa pregonaba su superioridad por medio del derroche bien visible, disfrutando el proceso. Intentaba Veblen contestar los grandes interrogantes: ¿Cuál es la naturaleza del hombre económico? ¿Cómo construye ese hombre su comunidad de tal forma que exista en ella una clase ociosa? ¿Cuál podría ser el significado económico del ocio mismo?
Halló que la clase ociosa (la productora de riqueza, así lo hiciera por la fuerza o con astucia) se consideraba como honrosa y digna, estigmatizando como lo contrario a los esfuerzos del trabajo. Luego las clases bajas y plebeyas solo querían imitar (gastar y despilfarrar ostentosamente) a quienes consideraban sus superiores. O sea que muy posiblemente nuestro comportamiento económico obedezca más a manifestaciones irracionales que a móviles de sentido común. Y algo más contundente quizás dentro del pensamiento de Veblen: la cohesión social frente a las clases que la componen (la lucha de clases de Marx) se sostiene gracias al esfuerzo de imitación de las clases inferiores por los hábitos de derroche de la clase potentada u ociosa (ya no se trata de destruirlo).
En 1904 Veblen publica otro libro tan polémico como el primero: The Theory of Business Enterprise, donde haría su propia definición del sistema de negocios.
Desde los tiempos de Adam Smith todos los economistas, apostaban a que el capitalista era el impulsor del cuadro económico; para Veblen era tan solo un protagonista importante que no es la fuerza motriz sino el saboteador del sistema. En una sociedad hipnotizada por la máquina, que pretendía funcionar de tal forma acompasada de engranajes y precisión, donde economía equivalía a producción y producción se equiparaba a un engranaje de la sociedad…se necesitaban técnicos e ingenieros que la sostuviesen funcionando, produciendo mercancías y artículos. ¿Y el hombre de negocios? Pues como al hombre de negocios solo le importaba el dinero y el beneficio, acumular desesperadamente, no tenía ninguna función dentro del esquema, al contrario se confabula contra el mismo tratando de obtener en el choque, réditos para su bolsillo. ¿Sorprendente? No si se tiene en cuenta el tiempo en que vivió Veblen, “la edad de los grandes magnates ladrones” (Ver negocios son negocios). Estaba implícita en el libro de Veblen una teoría de cambio social donde los días de los magnates estaban contados gracias a su gran enemigos (ni crean que son las clases bajas): la máquina. Porque la máquina crea formas antromórficas de pensar, despojadas de mitos y supersticiones. O sea que la sociedad realmente se divide en técnicos y negociantes, dos clases enfrentadas por su concepción del mundo, la economía y el poder. Como consecuencia los negocios serán cada vez más rapaces, degenerando en un sistema de pura fuerza y privilegios.

Veblen cambió de trabajo. Ahora estaba fichado por Stanford (donde estaba, tuvo muchos líos de faldas). Para 1911 se divorcia de Ellen (entre otras cosas porque no quería ser padre, le abrumaba la posibilidad de serlo) y vuelve a cambiar de empleo, esta vez se marcha a la Universidad de Missouri, donde siguió enseñando y escribiendo críticas mordaces contra la sociedad. Llegada la guerra prestó servicio en la Administración de Productos Alimenticios.
En el año de 1918 marcha a Nueva York, donde seguía escribiendo en revisas y dando conferencias, en espera del mundo donde técnicos e ingenieros dominasen el mundo, él creía que la revolución rusa habría de traerlo. Luego, decepcionado, bajó la guardia al respecto. Regresa a California. Para 1914 vuelve a casarse pero su mujer sufrió de manía persecutoria y fue internada en un sanatorio.
Hasta los 70 años escribió Veblen, luego se desconectó de sus escritos.
Falleció Thorstein Bunde Veblen en 1929, pocos meses antes del gran derrumbe financiero, dejando como última voluntad que su cuerpo fuera quemado, sin ritos ni ceremoniales y que sus cenizas fueran arrojadas al mar.
Veblen se equivocó (Como Marx) al no contemplar la posibilidad de que el clima de negocios podía cambiar como efectivamente lo hizo, adaptándose al mundo en permanente transformación y ejerciendo roles burocráticos, con responsabilidades dentro del sistema al que Veblen lo enfrentaba. Se equivocaba también, de cierto modo, al creer que un cuerpo de ingenieros podría conseguir que nuestra sociedad funcionara con mayor eficacia y felicidad porque quizás obtuviese lo primero a costas de lo segundo. Pero Veblen fue un gran visionario en tanto pensó que el proceso central de cambio que se nos venía encima era el surgimiento de la ciencia y de la tecnología.

Alfred Marshall

Alfred Marshall (Londres, 26 de julio 1842- Cambridge, 13 de julio 1924) tiene un lugar muy especial en la historia del pensamiento económico, en lo que se refiere al capitalismo. En su momento fue un prestigioso profesor de economía en la Universidad de Cambridge Inglaterra, escribiendo además un clásico del género: Principios de economía (1890). Se considera algo pasado de moda, sobre todo debido a que sus opiniones sobre el capitalismo tuvieron vigencia en otra época, en la época victoriana sobre todo. No obstante, Marshall pertenecía, de cierta manera, a nuestro mundo moderno.
En todo Caso Alfred Marshall como economista, llegaría a ser uno de los fundadores de la escuela neoclásica.

La vida de Alfred Marshall estuvo enmarcada por una juventud por un periodo de dudas religiosas y amplias lecturas de Charles Darwin.
Profesor de economía política en Cambridge, formó parte de numerosas comisiones oficiales, en particular de la Comision Real para el Trabajo (1891-1894). Dejó su cátedra de profesor y a partir de entonces se consagró a sus escritos.
Creía que la aplicación de las matemáticas podría hacer más precisos los conceptos de la economía (Una materia que no debería separarse de la ética ni de la Historia). Marshall trató de dar un soporte moral para el capitalismo industrial moderno, viendo que con el progreso tecnológico el trabajo se haría menos brutal: el industrialismo, la abundancia y la riqueza, eran las consecuencias lógicas del mismo, que en últimas ayudarían a mitigar la pobreza. Mientras esto pensaba Marshall, los marxistas arreciaban sus críticas contra el sistema de explotación capitalista y la creciente miseria de las clases trabajadoras.
Pero Marshall tambien creia que había que defender el capitalismo creciente, de la economía política clasica, de pensadores como Thomas Malthus y David Ricardo, en tanto eran pesimistas sobre el horizonte económico futuro.
Su último libro data de 1923: Dinero, crédito y comercio.

Alfred Marshall introdujo conceptos –la elasticidad de la demanda, la cuasirenta, la nocion de firma representativa, el factor duración sobre todo (donde su aportación es fundamental)-, que posteriormente desempeñaron un papel primordial. Trabajó para intentar reconciliar el concepto clásico de costo de producción por el de utilidad marginal.
Para Marshall, la economía abstracta no era más que un medio para llegar a la realidad económica, rejuvenenciendo de esta manera las aproximaciones totalment desencarnadas, en las que se había estancado la escuela marginalista. Volvió Marshall a tomar de hecho los instrumentos y las aproximaciones de los marginalistas, intentando conciliar tres teorías de valor: la de la oferta y la demanda, la de la utilidad marginal y la de los costos de producción.
Marshall no quiso atribuir al fenómeno económico una naturaleza puramente mecánica; no obstante, tuvo el mérito de considerar que los intercambios realizados en condiciones de la competencia perfecta no son óptimos debido a la mala distribución de las rentas e igualmente a a algunos rasgos relativos a la organización de la producción.Se distinguió Alfred Marshall por sus estudios relativos al comercio internacional: la elasticidad de la demanda internacional se complica con posibilidades de efectos parasitarios debidos a cambios en las paridades monetarias. También introdujo la diferencia entre el corto y el largo periodo y registró la notación del tiempo económico[1]. Por otro lado, Marshall, para rendir cuentas del problema planteado por el decrecimiento continuo de los costos, empleó el concepto de “economías externas”. Este resumen mínimo de la vida del ilustre economista inglés Alfred Marshall muestra porqué enriqueció considerablemente los métodos del análisis económico moderno.
[1]Simplificando la grandeza de sus aportes, podemos decir que fue esta insistencia en la importancia del tiempo como elemento quinta esesencial en el proceso de equilibrios del mercado lo que lo destaca. Un tiempo abstracto donde se exfolian las curvas matemáticas y que pueden hacerse y rehacerse los experimentos teoréticos, pero no el tiempo en que llega a suceder algo realmente.
En su vida personal Alfred Marshall se casaría con Mary Paley en 1877, una ex-alumna suya.

John A. Hobson

John Atkinson Hobson (6 Juio 1858 – 1 Abril 1940)Importante economista nacido en Derby, Inglaterra, siendo hijo de William Hobson y Josephine Atkinson; fue un economista inglés y crítico del imperialismo, muy popular como conferencista y escritor. Se preparó en Oxford para una carrera universitaria. Sabemos que era John A. Hobson un hombre muy tímido y solitario.

Leyendo Hobson las obras de Ruskin, aprende que la economía es una ciencia humana, menos abstracta de los que muchos quisieran reconocer. Se interesa Hobson entonces por la construcción de un mundo donde los gremios cooperativos de los trabajadores dieran a la personalidad humana un lugar más elevado que el burdo y gris mundo de los salarios y de los beneficios. Fruto de la amistad de Hobson con el excéntrico hombre de negocios F. Mummery, acaba convenciéndose, partiendo de Malthus, que el la causa de las depresiones era el ahorro excesivo, la incapacidad del sistema para distribuir un poder adquisitivo suficiente que absorbiera su propia producción. Fue efectivamente junto a este pensador independiente que Hobson publicó la obra “The Physiology of Industry” donde desarrollaron esta idea.

La sociedad del momento se escandalizó, imagínense, atreverse a atacar la frugalidad y el ahorro. Académicamente John A. Hobson se convirtió en excluido. Este singular suceso lo convirtió en un crítico social y enfiló baterías contra Africa y el problema de los colonizadores holandeses establecidos allí desde 1836 en al región de Transvaal (region donde luego se hallaron minas de diamantes y la zona se convirtió en el paraíso de los especuladores, donde Cecil Rhodes pretendía hacer pasar ferrocarriles y donde habría de estallar la guerra de los bóers). El libro de Hobson, titulado “Imperialismo”, un ataque de frente al sistema basado en el beneficio,el imperialismo, el desarrollo más peligroso del capitalismo, un desarrollo que conducía hasta la guerra por su voracidad sin cuartel por los mercados extranjeros.Karl Marx había pronosticado que sistema tal vez se autodestruiría; Hobson extrapoló y aseveró que quizás destruyese al mundo entero. Pero Hobson no era marxista. Decía que el imperialismo era solo una forma del capitalismo asegurar su supervivencia, y si bien subsistía el problema de la distribución de la riqueza, Hobson descubrió que la desigualdad de ingresos conducía al más desesperado de los dilemas donde ni ricos ni pobres podían consumir una cantidad suficiente de artículos. Los pobres no lo podían hacer por sus pingues ingresos y los ricos porque sus ingresos eran demasiado grandes (Lo que los obligaba a ahorrar…y se debía hacer algo con esos fondos..pero crear más fábricas e incrementar la producción solo agravaría el problema del consumo) . Se trataba que una economía consumiese toda su producción; ¿pero entonces quien iba a comprar los artículos? La solución saltaba entre líneas, había que invertir esos excedentes de dinero en el extranjero, ampliando el canal de salida de su riqueza excedente. el asunto radicaba en que todas las naciones ricas, con excedentes saldrían a competir en ese mercado externo. A los marxistas les gustó este estilo de pensar y lo hicieron  propio, por las coincidencias teóricas con las obras de Rodbertus y Rosa de Luxemburgo y oh sorpresa, con los argumentos de Lenin.
¿Acaso Hobson predecía una guerra inevitable? Parece que su teoría lo que proclamaba era que los imperialismo rivales podrían coexistir con base en una suerte de acuerdo de repartición. ahora, históricamente hablando a nadie le cabe duda de que la primera guerra mundial tuvo mucho que ver con imperialismos desatados.
¿Luego el imperialismo está atado al capitalismo? Para los marxistas así es. el asunto es que el capitalismo es algo más que comercio exterior e inversión interior; añada usted interferencia política, explotación económica, fuerza militar y menosprecio hacia la nación más pobre. Imperialismo al estilo de la Gran Bretaña, diferente de la expansión económica norteamericana aunque con ciertas coincidencias.
Falleció John A. Hobson en Hampstead, 1940.
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Henry George

Fue Henry George un brillante economista, nacido en Filadelfia (Estados Unidos) el 2 de septiembre de 1839,siendo el segundo de 10 hijos, de Richard SH George y Catharine Pratt (Vallance). De formación autodidacta- ni siquiera había puesto un pie en un colegio superior-; a los 13 años dejó la escuela para ingresar de grumete en un barco, el velero de 586 toneladas Hindoo, que se hacía a la mar para Australia y Calcuta.

Al regresar de oriente, Henry George fue contratado para trabajar en una imprenta de Filadelfia y, a los diecinueve años volvió a embarcarse, esta vez rumbo a California. Apenas llegó a San Francisco en 1858 desertó del barco (a pesar de haber firmado contrato por un año) y se marchó hacia Victoria en busca de oro. Fallidos sus intentos de enriquecerse por esa ruta, se hace tipógrafo en un pequeño taller de San Francisco, luego fue pesador de arroz en un molino, dedicándose durante una temporada a vagabundear por ahí sin ton ni son. De vuelta a San Francisco conoció a Annie Corsina Fox (joven australiana, huérfana que vivía con un tío, un hombre próspero que se opuso a que su sobrina fuera cortejada por u hombre pobre), una inocente muchacha de 17 años quien despertó en Henry George el amor; huye con ella, portando consigo como riquezas, un paquete de libros que ella llevaba. Vinieron años de extrema pobreza. Henry George trabajaba como tipógrafo temporal, trabajado mucho por pocos dólares.No obstante sería un matrimonio feliz que tuvo cuatro hijos
A los 26 años Henry George empezó a escribir. Habiendo logrado empleo en la tipografia del Times de San Francisco, envió a la redacción un artículo al director Noah Brooks. Por supuesto la primera impresión era que el joven tipógrafo hubiera plagiado el artículo en cuestión, luego, al notar que en los demás periódicos no aparecía nada ni medianamente parecido, lo publicó. Pocos años después, Henry George ingresó en el Post, de San Francisco, un periodico sensacionalista, donde escribió los coolies chinos y sus contratos de trabajo, sobre las apropiaciones de tierras ejecutadas por los ferrocarriles y temas económicos, laborales y sociales, creando a su alrededor una sólida reputación. Vendido el periodico citado, Henry George fue contratado como inspector de los contadores de gas, una labor que le dio tiempo de leer apasionadamente a los economistas y dar conferencias a las clases obreras acerca de las ideas de John Stuart MiIl.
No pudo acceder a la cátedra de economía política instaurada por la Universidad de California, por sus opiniones tan contundentes como: «Para el estudio de la economía política no se necesitan conocimientos especiales, ni una gran biblioteca, ni un costoso laboratorio. No se necesitan siquiera libros de texto y profesores, a condición de que se sepa pensar por uno mismo»…«La economía política, tal como se enseña de ordinario, es desesperanzadora y desesperante. Pero esto ocurre porque ha sido degradada y maniatada; sus verdades han sido tergiversadas; se ha hecho caso omiso de sus armonías…»…

Henry George volvió a sus folletos y a sus estudios. Escribe con el corazón un gran libro, Progreso y Miseria, un libro que si bien adolece de lagunas teóricas, posee en sus palabras tal emoción que lograron generar ideas dentro la comunidad[1]. Henry George se siente conmovido de ver hombres cuyos ingresos no se derivan de servicios prestados a la comunidad, sino por el simple hecho de tener la suerte de ser dueños de terrenos bien situados. Ya David Ricardo había visto esta situación, pero solo Henry George visualizó la injusticia de la renta que despojaba al capitalista de un beneficio honrado y oprimía a su vez a las clases trabajadoras. Era como si la renta fuera una extorsión a la sociedad y esto conduciría más temprano que tarde a una crisis o “paroxismo”, como él las llamaba, dado que la renta conducía a la especulación en tierras y solares que arrastraría consigo toda la estructura de precios, haciéndolos derrumbar. O sea que según este economista, ésta era una causa importante de la pobreza ¿Cuál era la solución propuesta por Henry George? Un impuesto masivo sobre la tierra, para absorber todas las rentas; un impuesto único que absorbiera los otros impuestos, elevara los salarios, aumentara las ganancias de capital…algo así como la panacea definitiva.
Era una teoría controvertible, por su ingenuidad tal vez. La renta no es el pecado original, ni la especulación de tierras pasa de ser una molestia (las deperesiones de esa clase ocurren también en países donde el valor de la tierras no sufre inflacionismo).
Henry George marchó a Inglaterra una temporada, para regresar a los Estados Unidos convertido ya en figura internacional, en un convencido del impuesto único, que fue anatematizado por la iglesia oficial (excomulgado), el mismo Papa escribió una encíclica referente al problema de la tierra. Pero algo de esas ideas mesiánicas de George calaron en la mente de Woodrow Wilson, John Dewey y otros.Para el año de 1897 se presenta como candidato a la alcaldía de Nueva York, pero su corazón le jugó una mala pasada (hay quien dice que en realidad fue un derrame cerebral) y se lo llevó a la tumba un 29 de octubre, vísperas de esas elecciones. Se dice que unas 100.000 personas asistieron a su sepelio.
[1] Fue un best seller que lo catapultó al primer plano de la vida nacional.

Frederic Bastiat

Claude Frédéric Bastiat fue un importante economista y político francés.
Nació Bastiat en Bayona, Aquitania, Francia, el 29 de junio de 1801, quedando huérfano a edad temprana (su padre falleció cuando tenía 9 años y dos años antes lo había hecho su madre) y para agravar su situación, contrajo tuberculosis pulmonar.Quedó a cuidado de sus abuelos.

Al fallecer estos le heredaron un pequeño capital con el que se pudo dedicar a su pasión, la economía, la filosofía y la política. Estudió en una universidad y posteriormente se lanzó a los negocios pero su idealismo estaba por encima de los detalles comerciales. Solo hasta cuando sus ocios le empujaron a leer sobre temas económicos ya opinar sobre estos temas, fue incentivado a publicar sus ideas en un artículo que envió a un periódico parisense. El artículo fue publicado y, debido a su originalidad, se hizo famoso el señor Bastiat. Se traslada entonces a París nuestro provinciano estudioso, dedicándose a leer los periodicos de París donde publicaban columnas los políticos franceses defendiendo sus posturas egoístas; Frederic Bastiat les contestaba con una réplica mordaz.
En seis años, que es el lapso que duró su vida literaria, aplicó a las ciencias económicas un recurso destructor pero interesante: el ridículo. Bastiat tenía aguzado el don de poner en relieve los absurdos de economistas y políticos aplicados a la economía. Su libro Sofismas económicos llevó el tema casi al humorismo. Se convirtió en el adalid más quijotesco del libre cambio sin olvidar toda hipocresía en las actuaciones públicas: podía protestar contra las tarifas proteccionistas de las aduanas o contra el socialismo en alza: «Todos quieren vivir a costa del Estado. Pero olvidan que es el Estado quien vive a costa de todos.». Peor el blanco predilecto de los dardos de Bastiat, eran los sujetos con un apetito individual de ganancias disimulado bajo la capa de una tarifa proteccionista implantada para «el bien de la nación».
Bastiat, este ilustre defensor del liberalismo, llega entonces en 1848 a la Asamblea Nacional constituyente y allí, temiendo que las gentes exageraran la importancia de las imperfecciones del sistema se lanzaran ciegamente al socialismo, empezó a escribir un libro titualdo Armonias Económicas, donde se propuso demostrar que el aparente desorden del mundo era solo superficial…Pero la salud de Bastiat, menguaba; apenas si podía respirar (tenía una tuberculosis padre y madre). Habiéndose trasladado a Pisa, tuvo ocasión de leer en los periódicos la noticia de su propia muerte…Pero Bastiat se resistió a fallecer…solo lo hizo el 24 de diciembre de 1850, en Roma.
Herencia de Bastiat nos queda la pregunta, ¿no es el sistema, en ocasiones, un absurdo? ¿No existen paradojas donde constriñen el bien público y el privado?

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Francis Ysidro Edgeworth

Francis Ysidro Edgeworth fue un filósofo y economista irlandés nacido en Edgeworthstown, condado de Longford, Irlanda, el 8 de febrero de 1845. Fue su madre, Rosa Florentina Eroles, una catalana con quien se fugó y casó su padre, Francis Beaufort Edgeworth. Francis sería el más joven de cinco hijos.

Estudió el señor Edgeworth, lenguas antiguas y modernas en el Trinity College de Dublín, Derecho en Oxford y aun matemáticas por su cuenta y riesgo. Pasó a la posteridad por su libro Psicología matemática, publicado en 1881, dos años antes de que Marx falleciera. Sin ser un su autor el más grande de los teóricos si fue el más caracterizado.
Francis Ysidro Edgewort, el tímido sobrino de María Edgeworth, dedicó su vida a la docencia, era casi inevitable dada su brillantez. Se dice que al ser examinado en Oxford no tuvo reparo en contestar a la pregunta hecha, hablando durante media hora, haciendo citas en griego y mencionando operaciones de cálculo diferencial que dejó pasmado a sus examinadores.
La economía lo subyugaba, no por justificar o explicar el mundo; la economía le fascinaba por tratarse de una ciencia que trataba de cantidades y estas podían traducirse a fórmulas matemáticas (era autodidacta en esta materia), convirtiéndola en una ciencia exacta (si puede llamarse así). Pero para matematizar tal ciencia había que simplificar el mundo y los modelos a usar. Francis Ysidro Edgewort lo encasilló entonces en un supuesto: cada hombre es una máquina de placer[1]. Jeremy Bentham ya había usado tal aserto bajo el desconcertante nombre de cálculo felicitario, solo que Edgeworth el modelo matemático, intentando crear un paraíso económico.

O sea que podría decirse que para Edgeworth la economía era el estudio de los mecanismos humanos del placer, compitiendo entre sí por participar en el caudal de placer de la sociedad. Se trataba entonces de demostrar que en un mundo de perfecta competencia, cada máquina de placer disfrutaría del máximo que le fuese posible extraer de la sociedad. Pero había elementos que no encajaban bien en el modelo, como los sindicatos, que intentaban obtener provechos colectivos y no personales. Edgeworth salía al paso diciendo que si bien los sindicatos lograban ganancias a corto plazo, a largo plazo esto era una pérdida para la sociedad. Pero había además mejores máquinas de placer que otras, fuera por linaje o riqueza.
Uno de sus contemporáneos, Henry Sidwick se burlaba de los razonamientos de Edgeworth exclamando irritado que él, cuando se ponía a comer no era porque hubiese sumado previamente todas la satisfacciones que ello produciría, sino que lo hacía simple y llanamente porque tenía hambre.
Pero la psicología matemática fue un éxito instantáneo.
Falleció Francis Ysidro Edgewort el 13 de febrero de 1926, habiendo dejado grandes contribuciones a la estadística, las matemáticas y la microeconomía.
[1] Irónicamente, Edgeworth no era la máquina de placer mejor afinada: consideraba una desgracia la carga de cosas materiales (de las que carecía además en absoluto) y su timidez lo mantenía en la biblioteca pública.

Friedrich Engels

Friedrich Engels (28 de noviembre 1820- 5 de agosto 1895).
Filósofo marxista alemán, nacido en Barmen[1], (Wuppertal, cerca de Düsseldorf). Hijo de un empresario industrial y educado en una familia rígidamente pietista (Calvinista), que tenía una fábrica en Renania.

Friedrich Engels siendo joven, había demostrado incomprensibles aficiones a la poesía, y entonces su padre le hizo la maleta y lo despachó a Bremen, para que aprendiese el negocio de la exportación y viviese en casa de un clérigo. Por lo visto, el padre, Gaspar Engels (su madre era de nombre Elisabeth Franziska Mauritia en cuya familia habían varios filólogos), opinaba que la religión y el ganar dinero eran un buen tratamiento curativo para el alma romántica. Engels obedeció y se consagró a los negocios, pero lo veía todo através de su propia personalidad rebelde…
Friedrich Engels abandona sus ideas religiosas tras la lectura, a sus 19 años, de Vida de Jesús (1835), de Strauss. Durante su servicio militar en Berlin, entra en contacto con la izquierda hegeliana; La esencia del cristianismo (1841), de Feuerbach, lo orienta hacia el materialismo, y a través de Moses Hess abraza el comunismo[2]. En 1844 inicia en París su amistad con Marx, a quien había conocido anteriormente en Colonia, y esta amistad supondrá un período de cuarenta años de íntima colaboración, que abarca tanto aspectos intelectuales y políticos como de ayuda económica [3].

Tras una estancia de tres o cuatro años en Manchester, donde su padre poseía fábricas textiles [4], Friedrich Engeles publica en Leipzig “La situación de la clase trabajadora en Inglaterra (1845)”, considerada la primera obra de socialismo científico, y en ella describe con detalle el resultado de la revolución industrial inglesa y las razones prácticas por las que considera inevitable la llegada del socialismo. En colaboración con Marx [5] escribe La Sagrada Familia o Crítica de la Crítica Crítica: contra Bruno Bauer y compañía (1845), contra los jóvenes hegelianos, La ideología alemana (escrita hacia 1846, pero que no se publica íntegramente hasta 1932), contra la antropología de Feuerbach y la idea de individuo de Max Stirner, y el Manifiesto del partido comunista (1848). Tras el fracaso de la revolución de 1849 en Alemania, vuelve a Manchester para hacerse cargo, a partir de 1850, de la industria familiar y ayudar económicamente a Marx, dedicado entonces por completo, en Londres, a la redacción de El Capital. Abandonando la actividad industrial en 1869, se retira a Londres para entregarse por completo a la vida política, a la escritura y a la dirección de la Segunda Internacional (1889). Al morir Marx en 1883, prepara la edición de los volúmenes II (1885) y III (1894) de El Capital, a partir de los manuscritos de Marx, y se dedica intensamente a la edición de escritos suyos y a mantener relación epistolar con muchos intelectuales europeos.

Aunque es difícil separar en las obras escritas conjuntamente con Marx cuáles son las teorías de uno y de otro, a Engels se le atribuye propiamente la paternidad del materialismo dialéctico, esto es, la afirmación de que la materia, que es la única realidad, se desarrolla según las leyes dialécticas, inevitables y necesarias, de unión y lucha de contrarios, de la conversión de la cantidad en cualidad y de la negación de la negación. Engels ve en estas teorías una manera de exponer que el marxismo es la concepción científica del mundo, y así las desarrolla en las obras de su último período: El origen de la familia y de la propiedad privada (1884), obra en que aprovecha las teorías etnológicas y evolucionistas del americano L.H. Morgan para presentar una confirmación del materialismo histórico, Anti-Dühring La revolución de la ciencia según el señor Eugen Dühring (1878), Fuerbach y el final de la filosofía clásica (1888), y sobre todo Dialéctica de la naturaleza (obra escrita ya en 1873, pero que no se publica hasta 1925). En sus últimas obras muestra interés por la ideología para contrarrestar una versión excesivamente economicista de la relación entre infraestructura y superestructura.
Murió Friedrich Engels de un cáncer de garganta; después de la cremación en el crematorio de Woking, sus cenizas fueron esparcidas en Beachy Head, como él lo había solicitado.
[1] Renania alemana.
[2] Aunque no tuviera muy claro en esa entonces del mismo, salvo que rechazaba toda propiedad privada como medio de organizar el esfuerzo económico de la sociedad.
[3] Siendo Engels el compañero intelectual por antonomasia de Marx, generalmente se tiende a considerarlo un pensador inferior a su compañero de fórmula; no obstante, fue él, Federico Engels, quien desarrolló los aspectos filosóficos del Marxismo. Gracias a su empuje hubo marxismo ortodoxo, basado en el materialismo histórico y en la dialéctica.
[4] Allí también vió Engels ango más que la fachada; atrevióse a mirar la población atrofiada que vivía entre la suciedad y la desesperación, la misma que se refugiaba en la gienbra y el evangelismo, y se drogaba con láudano para escapar, ellos y sus hijos, de una vida desesperanzada y brutal.
[5] Resulta curioso el contraste entre Marx y Engels, puesto que el segundo podía pasar por un miembo de aquella misma burguesía que despreciaba: era rubio, alto y bastante elegante, y producía la impresión de un caballero aficionado a la esgrima y a la caza con jaurías; se dice de Engels, que encierta ocasión cruzó a nado, cuatro veces consecutivas, el río Weser.
Además, Engels era alegre y observador, y poseía una inteligencia rápida y fácil; decíase de él, que era capaz de tartamudear en veinte idiomas. Era aficionado a los placeres burgueses de la vida, siendo incluso un buen catador de vinos, y constituye una nota divertida el que, si bien buscaba sus amores entre proletarias, pasó gran parte de su vida tratando de demostrar románticamente –aunque sin éxito- que su amante Mary Burns (y, a la muerte de esta, su hermana, Lydia, a quien decían Lizzie), eran descendientes del poeta escocés de ese apellido. Nota: Mary Burns y Engels nunca se casaron cuando era lo normal entre dos amantes, pero ambos se oponían al matrimonio como formalismo del sistema.Burns moriría a los 41 años, el 7 de enero de 1863.
Engels era capaz de escribir en un santiamén una obra científica…Con lo único que no pudo Engels fue con el idioma árabe y sus cuatro míl raíces verbales.

Socialistas utópicos

Al grupo de los socialistas utópicos correspondían Charles Fourier y Saint Simon. ¿Qué caracterizaba a los socialistas utópicos?

Primero que todo vivían en un mundo que no solo era duro y cruel, sino que además racionalizaban la crueldad, mostrándola como consecuencia de las leyes económicas. Luego los socialistas utópicos pedían que se cambiara el sistema, así hubiera que recurrir a aldeas de cooperación, códigos morales o la deliciosa atmósfera del lugar de descanso que pudiera ser un falansterio. O sea que pudiéramos decir que los socialistas utópicos eran reformadores de corazón más no de razón.
La utopía para ellos no se proponía alcanzar únicamente fines idealistas, su método reformista consistía en convencer a los miembros de las clases superiores de que ellos mismos saldrían beneficiados con los cambios sociales propuestos. Mientras los comunistas arengaban a las masas instándolas a la violencia, si fuere necesario, con tal de obtener sus propositos de cambio, los socialistas utópicos hacían un llamado a su propia clase social, a los intelectuales, a la pequeña burguesía, a los ciudadanos librepensadores de la clase media y a la aristocracia emancipada intelectualmente.
Del mismo modo, el socialismo utópico pretendía una reforma económica. Porque utopías existieron desde Platón, pero fue solo hasta la revolución francesa que se referían al cambio económico habida cuenta de las injusticias políticas y económicas. De ahí que volvieran la espalda a ese capitalismo al que consideraban la causa de las penurias de la sociedad, de ahí que se alejaran del concepto de propiedad privada o de lucha por la riqueza personal. No se trataba de reformas al interior del sistema, querían era una sociedad nueva que la comunidad de bienes fuera la constante.
El asunto fue que a los socialistas utópicos les faltó “aterrizar” y ser más pragamáticos.