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Thomas Hobbes

Thomas Hobbes nació en Westport el 5 de abril de 1588, en las cercanías de Malmesbury, y hoy parte de Malmesbury (condado de Wiltshire, Inglaterra), siendo un bebé prematuro.Es conocido sobre todo por su trabajo en filosofía política.

Más que por su vida, que estuvo dedicada al estudio y el trabajo intelectual, fueron sus teorías mecanicistas y naturalistas las que le granjearon a Hobbes la fama de oscuro y le enfrentaron a los círculos políticos y eclesiásticos de la Inglaterra de su tiempo.

Biografia-Historia

Era Hobbes hijo de un vicario que abandonó a su familia, por lo que se educó con un tío, Francis Hobbes, un rico comerciante sin descendencia. Al parecer fue un niño prematuro, nacido cuando su madre se enteró de la invasión de la Armada Española.De la infancia de Thomas ni de su madre se sabe  más nada. Hobbes diría tiempo después: “mi madre dió a la luz gemelos: yo y el miedo”. Gracias a sus buenas notas pudo estudiar en Oxford.
Entre 1608 y 1610 viajó por Francia e Italia como preceptor del hijo de Lord Cavendish. En 1629 regresó de nuevo a Francia, como preceptor del hijo de Sir Gervase Clifton, y permaneció en dicho país hasta 1631. En Inglaterra entró de nuevo al servicio de Lord Cavendish, viajando por Francia e Italia desde 1634 a 1637, entrevistándose con Galileo Galilei  y siendo luego introducido en el llamado ”círculo de Mersenne” . Su estancia en París dentro de dicho período y su contacto con varias personalidades filosóficas y científicas fueron decisivas para la formación de sus ideas filosóficas.
Su preocupación por los problemas políticos y sociales se fundió con su interés por la geometría y por el pensamiento de los “filósofos mecanicistas”
Durante su citada estancia en París escribió, a instancias de Mersenne, las “Terceras Objeciones” a las Meditaciones de Descartes. De vuelta a Inglaterra, en 1640, escribió The Eléments of Lato, Natural and Politic, de las que se publicaron dos partes en 1650 con los títulos Human Nature y De corpore político. Realista y adversario de Cromwell, Hobbes se refugió en 1640 en Francia, y allí comenzó a publicar las diversas partes de su “sistema”, empezando, en 1642, con la tercera parte, el De cive.

En París escribió el Leviathan (leviatán), publicado en Londres en 1651, y luego fueron apareciendo las otras partes.

Tras la decapitación de Carlos I, en 1649, Hobbes comenzó a alejarse de los círculos realistas de París y en 1652 regresó a Inglaterra, estableciéndose en la casa del Earl de Devonshire. Tras la restauración de 1660 Hobbes recibió una pensión de Carlos II, continuando intensamente sus actividades literarias y enzarzándose en varias polémicas sobre asuntos teológicos, eclesiásticos, políticos, científicos y matemáticos. Las polémicas matemáticas ocuparon gran parte de la actividad de Hobbes, como lo testifica el número de escritos, especialmente contra John Wallis. en octubre de 1679 sufre Hobbes un trastorno en la vejiga seguido de una parálisis de la que murió el 4 de diciembre de 1679. Se dice que sus últimas palabras fueron: “un gran salto a la oscuridad”. Fue sepultado de St John the Batips Church, en Ault Hucknall en Derbyshire, Inglaterra

Filosofía, Pensamiento y obra

La filosofía de Hobbes ha sido calificada de empirista, corporalista, materialista, racionalista y nominalista.
Todos estos epítetos le convienen, pero no son suficientes para caracterizarla.
En efecto, lo que importa en Hobbes es la interna trabazón de esas distintas tendencias. Esta trabazón está determinada por dos motivos capitales: el que puede llamarse científico y el político. Los dos motivos, además, están estrechamente relacionados entre sí, pues la filosofía mecanicista de Hobbes tiene, en la intención del autor, el propósito de afrontar el problema político capital —el de la constitución de la sociedad y la evitación de la guerra civil—, y a la vez la filosofía política de Hobbes es para su autor una confirmación de su pensamiento mecanicista. En todo caso, Hobbes elaboró su filosofía como una “filosofía de los cuerpos y de los movimientos (mecánicos) de los cuerpos”.

Influido por la mecánica de Galileo, Hobbes desarrolló una visión mecanicista del mundo según la cual lo único que hay son “cuerpos” en movimiento. Hay dos clases fundamentales de cuerpos: los cuerpos naturales y los sociales. De acuerdo con ello, hay dos ramas fundamentales de la filosofía: la filosofía natural y la civil. La filosofía civil puede tratar de los elementos constituyentes de los cuerpos sociales (de los hombres en sus disposiciones y afecciones), en cuyo caso es ética; o de los cuerpos sociales mismos, en cuyo caso es política.

De este modo la filosofía como doctrina de los cuerpos y sus movimientos, y como estudio de las causas y efectos de los cuerpos, se divide en tres partes: doctrina de los cuerpos naturales (de corpore), doctrina de doctrina de los cuerpos sociales o sociedades (de cive).
Si en vez de considerar el tipo de ”cuerpos” estudiados consideramos el modo de estudio, tenemos por lo pronto dos posibilidades. Por un lado, podemos estudiar los movimientos de los cuerpos en cuanto unos producen efectos sobre otros: es la ciencia del movimiento o geometría. Por otro lado, podemos estudiar los movimientos de las partes de los cuerpos y los efectos producidos: es la ciencia de los fenómenos naturales o física. Finalmente, podemos estudiar los movimientos de los espíritus —como ”cuerpos mentales”—: es la filosofía moral. Como el conocimiento es “conocimiento de consecuencias” pueden también considerarse las consecuencias de los accidentes de los cuerpos naturales (filosofía natural) o las consecuencias de los accidentes de los cuerpos sociales (filosofía moral o filosofía civil). El estudio de las consecuencias como tales es objeto de la lógica; el de las consecuencias de los accidentes comunes a todos los cuerpos constituye “los primeros fundamentos de la filosofía”.
En todo caso, la filosofía es “el conocimiento de efectos o apariencias adquiridas mediante verdadero raciocinio a base del conocimiento que antes poseemos de sus causas o generación; y también de tales causas o generaciones a base del conocimiento que antes poseemos de sus efectos” (De corpore, I, 1, 2). Según Hobbes, hay dos clases de conocimiento: el conocimiento de hecho —que no es sino “sentidos y memoria”— y el conocimiento de la consecuencia que va de una afirmación a otra — que es propiamente ciencia. El primer conocimiento es “absoluto”; el segundo es “condicional” (en sentido lógico).
Y este último “es el conocimiento que se requiere del filósofo, es decir, del que aspira a razonar” (Leviathan, IX). Así, la filosofía es “ciencia de consecuencias”, de las cuales hay de varias clases . Pero las consecuencias —en sí mismas “vacías”— se “llenan” con el material de ”los sentidos y la memoria”, produciéndose entonces una manipulación de “hechos” por medio de “razones” análoga a la que había propuesto Guillermo de Ockham  y desarrolló luego Hume . Puede decirse,pues, que la filosofía de Hobbes es a la vez empirista, deductivista y racionalista.

Es empirista, porque parte de los fenómenos (“efectos o apariencias”) tal como son aprehendidos por los órganos de los sentidos. Es deductivista, porque aspira a constituir una ciencia general de consecuencias. Es racionalista, porque usa el método resolutivo (analítico) y el compositivo (sintético). Es asimismo nominalista, pues se funda en una doctrina de los nombres  en cuanto señales, signos o “marcas”. Por eso Hobbes rechaza la idea de que los universales nombren nada realmente existente. Con ello parece seguir la doctrina occamista de los universales.

Pero mientras para Guillermo de Occam los términos de primera intención  ”sustituyen a las cosas” (“están en lugar de las cosas”), para Hobbes son signos de “concepciones” o phantasmata. El conocimiento se convierte, así, en una manipulación de signos o, mejor dicho, en un ”cálculo” (computation). Ahora bien, mientras el puro cálculo tiene por objetos los signos como tales, el raciocinio filosófico —tanto el natural como el civil— se refiere a las concepciones suscitadas por los movimientos de los cuerpos. Así, pues, el mecanicismo de Hobbes es a la vez un fenomenismo. Puede decirse que se parte de fenómenos con el fin de operar con ellos, es decir, con el fin de establecer las leyes mecánicas por medio de las cuales se relacionan los phantasmata, o “fantasmas”, entre sí.

Entre los “fantasmas” se hallan el espacio y el tiempo. El espacio es “el fantasma de una cosa que existe simplemente sin el espíritu”, y el tiempo es “el fantasma del antes y el después en movimiento” (De corpore, II, vii, 2 y 3 ). Las cosas naturales llenan partes del espacio y son “cuerpos” porque, no dependiendo de nuestro pensamiento, son coextensibles con alguna parte del espacio (op. cit., II, viii, 1). Los cuerpos naturales no son, sin embargo, meras partes de la extensión; poseen ímpetu o conatus, el cual es equivalente a “la cantidad o velocidad” (op. cit., III, xv, 2). Poseen también resistencia y fuerza. Los cuerpos poseen asimismo accidentes, los cuales pueden ser comunes a todos los cuerpos, como la extensión y la figura, y no comunes, como la blandura o la dureza. Los accidentes no comunes son fantasmas producidos por la percepción sensible. Sin embargo, no son puras ficciones; hay algo en el cuerpo que produce los fantasmas en cuestión. Estos fantasmas, en suma, no son del cuerpo, pero el cuerpo los produce en el espíritu.

Los movimientos de los cuerpos, al afectar los sentidos, los ponen en tensión y hacen llegar la sensación hasta el corazón. Al responder este último mediante el esfuerzo se origina la reacción que forma los accidentes no comunes, similares a las cualidades secundarias . Los movimientos de que aquí se trata no son cambios cualitativos, sino desplazamientos espaciales — es decir, “movimientos locales” (op. cit., II, viii, 10). Los cambios que aparecen como cualitativos son reducibles a desplazamientos.

El método aplicado por Hobbes a la doctrina de los cuerpos en general es principalmente el método que va de la generación de las cosas a sus efectos posibles. El método aplicado a la doctrina de los cuerpos animales y, con ello, de los cuerpos humanos es principalmente el que va de los efectos o apariencias a alguna “generación posible” (op. cit., IV, xxv, 1).

Este último método, aunque aplicable a todos los fenómenos dela Naturaleza —no en cuanto fenómenos posibles, sino en cuanto fenómenos reales —, resulta especialmente propio al aplicarse a esos fenómenos que están más cerca de nosotros: a las “apariciones”. Pues las apariciones manifiestan ”el patrón de casi todas las cosas” — los fenómenos naturales, en suma, son dados como “apariciones” en nuestros sentidos. Es conveniente, pues, estudiar estos órganos de los sentidos que se hallan en el “ser sintiente” (op. cit., IV, xxv, 4). Para ello hay que considerar ante todo dos clases de movimientos en los seres sintientes: el movimiento vital (como la circulación de la sangre) y el movimiento voluntario (como el andar, hablar, etc.). En sus movimientos voluntarios los seres sintientes poseen un conatus que los lleva a algo (apetito) o que los hace desviarse de algo (aversión). El objeto del apetito es algo bueno; el de la aversión, algo malo. El disfrute de algo bueno causa placer; el padecimiento de algo malo, dolor.

Apetito y aversión son, sin embargo, sólo dos de las “pasiones”. Éstas pueden ser simples o complejas. Las pasiones simples son movimientos como el apetito, el deseo, el amor, la aversión, el odio, la alegría y la pena (Leviathan, VI). La combinación de pasiones simples forma pasiones complejas. Ahora bien, la doctrina de las pasiones, aunque fundada en los movimientos animales voluntarios, se aplica especialmente al hombre en quienes tales pasiones aparecen en toda su variedad y complejidad.

Hobbes define la deliberación, en virtud de la cual se toma una decisión, como consecuencia de una suma de diversas pasiones. La voluntad es simplemente el último acto de la deliberación; es el “último apetito en la deliberación”. Los actos que siguen inmediatamente al “último apetito” pueden llamarse “voluntarios” (loc. cit.). De ello se sigue una definición de la libertad como sigue: ”la ausencia de todos los impedimentos a una acción no contenidos en la naturaleza y en la cualidad intrínseca del agente” (loc. cit.). De ahí que pueda decirse que “el agua desciende libremente”. Como la causa suficiente es a la vez causa necesaria, Hobbes mantiene que la usual concepción de un agente libre como aquel que cuando están dadas todas las circunstancias que pueden producir un efecto puede no producirse tal efecto, es contradictoria y absurda.

Leviathan-Leviatan

La tesis central de este libro es que solo mediante un gobierno de tipo absolutista (la monarquía absoluta es el régimen político en el cual el soberano detenta los tres poderes sin rendir cuentas a los súbditos) se puede dominar la naturaleza humana que, tiende a la destrucción del individuo, e imponer un orden que beneficie a todos y permita superar los intereses individuales. Para evitar el caos, los hombres establecen un pacto en el estado Leviathan que servirá como árbitro a sus disputas. Esta concepción seculariza el poder teocrático y propone la centralización absoluta del poder.

La doctrina de los cuerpos humanos es el fundamento de la doctrina del cuerpo social, de la sociedad (Commonwealth, Cives). Hobbes concibe el hombre como un ser fundamentalmente antisocial. Ello sucede porque como los hombres tienen todos las mismas capacidades, tienen también las mismas esperanzas de conseguir los fines que apetecen (op. cit., XIII). Como no pueden todos gozar de las mismas cosas, se convierten en enemigos naturales.

Hay tres principales causas de disputa: la competencia; la desconfianza, y el deseo de fama. La primera hace que los hombres quieran la ganancia; la segunda, que quieran la seguridad; la tercera, que quieran la reputación. En su estado natural, pues, el hombre es “un lobo para el hombre” (homo homini lupus), de modo que hay —cuando menos en principio— una constante ”guerra de todos contra todos” (bellum omnium contra omnes). Si se dejara que los hombres siguieran su naturaleza, la sociedad resultaría imposible; cada uno lucharía por arrebatar los bienes y la reputación de los demas, y el resultado sería la continua guerra civil (o incivil). Pues “en su estado natural todos los hombres tienen el deseo y la voluntad de causar daño”, lo que hace que cada uno tema a todos los demás. Pero si se permitiera esta guerra universal cada uno de los hombres acabaría por ser destruido por todos los demás. Con el fin de evitarlo, de constituir la sociedad y, con ella, de permitir a los individuos subsistir sin temor y con seguridad, es preciso que cada uno ceda una parte de lo que apetece. Con ello no se destruye ninguna ley natural, pues si es natural que cada uno apetezca lo que apetecen los demás, es también natural —es, en rigor, una de las “leyes naturales”— que cada uno intente lograr la paz (op. cit., XIV). Pero la paz no podría lograrse si cada uno se empeñara en recurrir a la guerra constante. Por eso los hombres no podrán alcanzar a tener el derecho a nada si no se desprenden de la libertad de perjudicar a los otros. Así, el primer paso que debe darse para hacer posible la sociedad como tal es renunciar. Pero ello no basta: hay que dar otro paso, y es “transferir” — esto es, transferir los derechos propios. Cuando hay una mutua transferencia de derechos hay lo que se llama “contrato”. Así, pues, la sociedad se halla fundada en un “contrato social” , en un acuerdo mutuo de no aniquilarse mutuamente. Este contrato, sin embargo, no puede persistir si no es asegurado y garantizado por un soberano que concentre el poder en sus manos. La sociedad contractual queda unida en la persona a la cual se han transferido los derechos. Esta persona puede ser un soberano o una asamblea. Ahora bien, las asambleas, lejos de asegurar la paz, la perturban por cuanto siguen manifestándose en su seno los intereses particulares. De ahí que sólo la monarquía absoluta —o, si se quiere, el “poder absoluto encarnado en una persona— haga viable el contrato social. El poder no puede, en efecto, estar dividido — de ahí que Hobbes rechace la división del poder en temporal y espiritual y se adhiera resueltamente al autoritarismo unipersonal y “estatal”. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el autoritarismo unípersonal no tiene nada que ver ni con el poder por derecho divino ni con la arbitrariedad. El regente de la sociedad no lo es por haberle sido otorgada una gracia. Tampoco lo es por la pura y simple fuerza. Lo es porque representa los derechos transferidos.

El regente de la sociedad debe tener, sin duda, un poder absoluto, pero no para imponer su voluntad personal, sino para hacer respetar el contrato social. El regente o soberano es la personificación no simbólica, sino ejecutiva, del derecho natural de los hombres a su “autopreservación”.

Se dice que Hobbes es el gran teórico de la monarquía absoluta, que en su tiempo y en su país, aparecía como la única figura capaz de superar la fragmentación, las ambiciones locales y la falta de propósitos colectivos que restituyeran a Inglaterra a un lugar preponderante en el escenario internacional de su tiempo. La comunidad política es la sociedad civil, afincada en un pacto de paz garantizado por un poder coercitivo. El estado pasa a ser, a partir de Hobbes, un producto artificial de la asociación humana, desprovisto de cualquier carácter sagrado y definitivo, básicamente por su utilidad para conseguir un fin: la paz.

John Locke

John Locke fue un importante filósofo empirista inglés, pensador destacado de la llamada ilustración, escritor cristiano sobre tolerancia religiosa, epistemología, teoría política y uno de los iniciadores del liberalismo político.

Biografia, historia, vida

Nació Locke en Wrington, Somerset, cerca de Bristol, el mismo año en que nace Baruch Spinoza , el 29 de agosto de 1632; su padre era un abogado rural que había luchado a favor del Parlamento contra los reyes Estuardos y su madre se llamaba Agnes Keene. Ambos padres eran puritanos.

Orientado hacia la carrera eclesiástica, estudia primero en la Westminster School (donde hace estudios clásicos, hebreo y árabe) y luego en la Christ Church, en Oxford, donde recibe el grado de Master of Arts en 1658, aunque queda profundamente descontento del tipo de enseñanza recibida, que considera excesivamente aristotélica, memorística y con demasiado énfasis en gramática y lenguas.

Enseña por un tiempo griego, retórica y ética en esta misma universidad y, tras recibir a la muerte de su padre (1611) una pequeña herencia y renunciar a la carrera eclesiástica, se inclina hacia la ciencia y en especial la medicina, estudios que no termina, pero en cuya práctica adquiere fama reconocida.

Por esta época de orientación a lo empírico, entabla amistad con el químico Robert Boyle y es nombrado miembro de la Royal Society. Cura de una grave enfermedad a Lord Hasley, luego primer conde de Shaftesbury, y entra a su servicio pasando a desarrollar algunas actividades diplomáticas y políticas. Las actividades conspiratorias del conde le llevan a residir por dos veces en Francia, circunstancia que aprovecha para contactar con los seguidores de Gassendi y frecuentar la famosa facultad de medicina de Montpellier.

Entre 1683 y 1688 reside en Holanda, donde colabora en la idea política de establecer al estatúder Guillermo de Orange en el trono de Inglaterra, escribe Carta sobre la tolerancia (publicada en 1690)[1] y trabaja en la redacción, iniciada en 1670, de su Ensayo.

Tras la revolución llamada «gloriosa» y la expulsión del rey estuardo y católico, Jacobo II, Locke vuelve a Inglaterra, en 1689, con el séquito de la futura reina María Estuardo. En 1690 publica sus dos obras más importantes, Ensayo sobre el entendimiento humano (Essay concerning Human Understanding) y Dos tratados sobre el gobierno civil (Two Treatises of Government). Esta última obra influyó en la teoría política que defendía una monarquía parlamentaria.

En 1691, y hasta su muerte, John Locke se establece en Oates, Essex, en el castillo de sir Francis Masham y su esposa Damaris Cudworth (Lady Masham). Fueron años de solaz para Locke; allí atendió las visitas de Newton y Samuel Clarke. En ese sitio también toma parte en la controversia que suscitan sus dos obras más notables, que reedita y corrige, y a la publicación de otras, como Pensamientos sobre la educación (1693) y La razonabilidad del cristianismo[2](1695). En sus últimos años escribió extensos comentarios sobre las epístolas de San Pablo que fueron publicados póstumamente. El 28 de octubre de 1704 , mientras la señora Masham le leía los salmos, Locke, quien padecía de ataques de asma, falleció. Sus restos reposan en el cementerio de la aldea de High Laver, al este de Harlow, Essex. Locke nunca se casó ni tuvo hijos.

Filosofía, pensamiento y aportes

En su vida y en sus obras fue, al contrario que Hobbes, un «liberal». En consonancia con su vida, la filosofía de Locke se orienta menos hacia la especulación que hacia la práctica; y práctico es analizar hasta dónde llega la capacidad del entendimiento para conocer, cosa plenamente consistente con el tipo de ciencia que se desarrolla en el s. XVII, sobre todo en Inglaterra. Según sus propias palabras, pretende «investigar los orígenes, el alcance y la certidumbre del entendimiento humano». A él se debe la formulación clásica del empirismo inglés.

Las ideas

Igual que Descartes, Locke sostiene que conocemos ideas, no objetos, pero a diferencia del primero afirma que aquéllas proceden sólo de la experiencia, interna o externa. No hay ni ideas ni principios innatos y el entendimiento es, antes de producir ideas a partir de la experiencia, no más que una tabula rasa, un cuarto oscuro en el que no hay nada, o un papel en blanco en el que nada hay escrito. Éstas son las afirmaciones fundamentales del empirismo inglés clásico. Si tuviéramos ideas innatas, las tendría todo el mundo (niños e incultos incluidos) y seríamos conscientes de ellas. Sin embargo, ni todo el mundo acepta las mismas ideas o idénticos principios, teóricos o morales, ni nadie es consciente de los mismos, antes de aprenderlos por experiencia. Y, en todo caso, aprenderlos por experiencia es siempre una mejor explicación que pretender tenerlos como innatos. Nada hay en el entendimiento antes de la sensación.Ésta consiste en la transmisión, a través de los sentidos, de las cualidades sensibles de los objetos a la mente, para su percepción (primera fuente del conocimiento); y así se producen las ideas de color, calor, dureza, saber, etc. Pero nuestra mente es, además, capaz de percibir su propia actividad mental reflexionando sobre sus ideas (segunda fuente del conocimiento); y así se producen las ideas de percepción, pensamiento, duda, creencia, etc… Respecto a las cualidades sensibles, John Locke difundió la distinción, iniciada por Galileo, entre cualidades primarias y cualidades secundarias: aquéllas están realmente en las cosas y las representan tal cual son, como por ejemplo la solidez, la extensión, la forma, el movimiento, etc.; éstas no están en las cosas y no son sino la manera como nos afectan las cualidades primarias. Las primeras son, pues, objetivas y reales; las segundas, subjetivas. Sólo existen las cualidades primarias; las secundarias son sólo modos de las primarias. La teoría de las cualidades primarias y secundarias se funda en la filosofía corpuscular, propia del s. XVII.Las percepción es, en este supuesto, un proceso mecánico: las partículas de materia ejercen un movimiento (un impulso) sobre los sentidos, que éstos transmiten a la mente que los percibe; la percepción de toda cualidad se explica únicamente por el mecanismo de las partículas en movimiento. Pero, por qué a unos movimientos de partículas corresponden determinadas sensaciones y no otras, sólo es explicable por intervención de la acción divina. Las ideas pueden ser simples y complejas. En las primeras la mente está pasiva ante la sensación o la reflexión; toda idea que llega a la mente es de por sí simple. La mente, no obstante, puede 1) combinar ideas simples, 2) relacionar dos o más ideas, yuxtaponiéndolas, 3) separar unas ideas de otras, esto es, abstraerlas, y así surgen, respectivamente, las ideas complejas, las relaciones y las ideas generales.Una de las ideas complejas (modos, sustancias y relaciones) cruciales para la historia del empirismo es la de sustancia en general.

El lenguaje

Al lenguaje dedica Locke la Parte III de su libro: «Las palabras». Así como sólo conocemos ideas, no cosas, representadas en aquéllas, así también las palabras son signos que se refieren a las ideas, no a las cosas. La mayoría de las palabras son generales, pese a que sólo existen cosas particulares, puesto que también la mayoría de las ideas son generales. A las palabras o términos generales -los universales- corresponden las ideas abstractas; éstas representan, no la esencia real de las cosas, sino su esencia nominal, esto es: no algo entitativamente real, abstracto y común a las diversas cosas, sino los «nombres» que damos al conjunto de rasgos comunes que pertenecen a las cosas individuales. Tales esencias nominales, y los nombres que les corresponden, no son sino abstracciones o «recortes» de ideas más complejas. Así, «hombre» no significa ni más ni menos que lo que entendemos por «Pedro», «Pablo» o «Sofía». El entendimiento, pues, piensa las esencias nominales de las cosas, no sus esencias reales; a éstas no corresponde nada en la realidad, porque sólo existen cosas individuales; aquéllas sólo existen en la mente y son obra del entendimiento, pero no son del todo arbitrarias, puesto que se fundan en la semejanza de las cosas existentes; lo arbitrario es la relación que existe entre la palabra y el pensamiento. Por esto mismo, las definiciones no son la señalización, por género y diferencia, de la esencia de una cosa, sino la «indicación del significado» de una palabra mediante términos no sinónimos.

El conocimiento

El libro IV, dedicado al «conocimiento humano» es en realidad muy poco empirista; pese a distinguir en él un conocimiento intuitivo, un conocimiento demostrativo y un conocimiento sensible, la teoría que expone se combina mal con la exposición del empirismo clásico hecha en los dos primeros libros.Sabemos que una cosa existe de tres maneras: por intuición (así conocemos nuestra propia existencia); por demostración (así conocemos, por ejemplo -dice Locke-, la existencia de Dios) y por sensación (ver referencia), esto es, aquella percepción que la mente tiene de que existen cosas particulares finitas (así sabemos, con menor certeza, no obstante, que la que proporcionan la intuición y la demostración, que las cosas externas existen ).El conocimiento cierto es escaso; por ello importa el conocimiento probable, esto es, el verosímil y que sólo se acerca a la certidumbre, tanto en lo que se refiere a la teoría como a la práctica.

Sociedad y Estado

La filosofía política la expone Locke en Dos tratados del gobierno civil y la moral en Carta sobre la tolerancia (ambas de 1690). El primero de los tratados es una crítica al absolutismo político y a la idea de una monarquía de derecho divino (tal como la entendía Robert Filmer en el Patriarca); el segundo, mucho más importante, trata del origen y de los objetivos del gobierno civil, iniciando así la teoría del liberalismo político.

Toda la filosofía política de John Locke, parte de la idea de una ley natural: a la vez ley de Dios y de la razón, que gobierna la naturaleza y es, al mismo tiempo, la ley moral a que está sometido el hombre; el hombre está capacitado para comprender sus deberes morales y el cumplimiento de éstos es, por lo mismo, razonable. Los deberes/derechos morales a que obliga la ley natural son: la vida, la libertad y la propiedad. Estos derechos/deberes existen ya en el estado de naturaleza en que el hombre se halla antes de iniciar la vida en un Estado político, y cuyos elementos básicos son la libertad y la igualdad; el hombre razonable así lo comprende y admite ambas, pero su situación de mera naturaleza -pese a no ser un estado de guerra de todos contra todos, como en Hobbes- no asegura que estos derechos/deberes se consigan.

Por esta razón, los hombres desean vivir en una sociedad donde el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad esté garantizado a través de la existencia de un «sistema jurídico y judicial».Una vez que los hombres autorizan a la sociedad, o a sus representantes, para hacer las leyes en su nombre y para ejecutarlas, salen del estado natural e ingresan a la sociedad civil.
Se pasa de la sociedad natural a la civil por «consentimiento», por un contrato social (si bien Locke no utiliza esta expresión). Los hombres se unen en sociedad, no para escapar, como en Hobbes, a la amenaza de muerte, sino llevados por la libertad que sienten y quieren proteger, porque la ven amenazada: los hombres libres, iguales e independientes se vuelven ciudadanos por decisión propia, por consentimiento o por convención, aceptan a los demás como asociados para salvaguardar sus vidas, sus libertades y sus propiedades. El objetivo primario que explica el surgimiento de la sociedad es la necesidad de defender la propiedad, que Locke considera un derecho natural que difícilmente puede mantenerse en el estado de naturaleza. En segundo lugar, lo explica la necesidad del juez y de la existencia del derecho, garantía de imparcialidad. Por último, el poder capaz de tomar decisiones adecuadas ante la necesidad del castigo.El empirismo de Locke no ha de entenderse meramente como una teoría (psicológica, para algunos) del origen del conocimiento a partir de la experiencia, sino que ha de ser visto también como una reducción modesta y razonable de los límites de la razón. El «hombre razonable» de Locke deja de lado las optimistas y excesivas capacidades de la razón racionalista de Descartes y se atiene a unas pocas certezas posibles y a muchas conjeturas y probabilidades, tanto en lo tocante a la filosofía teórica, como a la política y la ética: «El candil que nos alumbra brilla lo suficiente para todos nuestros menesteres.»
[1] Epistola de tolerantia (1689).
[2] The Reasonableness of Christianity.

Ada Lovelace

Ada Lovelace (Augusta Ada King, condesa de Lovelace), fue la pionera de los lenguajes de programación, al darse a la tarea de fabricar un algoritmo para la máquina analítica de Charles Babbage.

Ada Lovelace nació el 10 de diciembre de 1815, fruto de la relación entre Annabella Milbanke (baronesa Wentworth) [1]y el poeta romántico, Lord Byron (George Gordon Byron) siendo originalmente su nombre Augusta Ada Byron, Lady Byron. Sus padres se separaron cuando ella tenía dos meses y Ada se quedó con su madre y nunca llegó a conocer personalmente a su padre (quien erraba por el mundo, muriendo ocho años después), si bien le escribía asiduamente. Nota curiosa: solo hasta los 20 años ella se sintió capaz de ver un retrato de su progenitor y, pese a lo que pudiera pensarse, nunca tuvo una relación cercana con su madre, quien en realidad la dejaba más tiempo con su abuela materna y personas particulares.Públicamente debía aparecer, por supuesto como madre amorosa, por lo cual le escribía sendas cartas dándole consejos.
Desde pequeña Ada Lovelace sentía fuertes dolores de cabeza que nublaban su visión.En junio de 1829 se quedó paralítica luego de un ataque de sarampión.Solo hasta 1831 puede caminar con muletas. En 1833 se enamoró de un profesor particular y pretendía fugarse con él.

Afortunadamente para Ada, Annabella su madre tenía una posición acomodada y llegada la hora la puso a estudiar con tutores privados, profundizando en matemáticas y lógica con el profesor Augustus de Morgan.
Pero la experiencia cumbre de su estudio fue cuando se interesó en el trabajo de Charles Babbage y su máquina analítica (1833). Impresionado por el talento de Ada, quien entendió sus ideas al instante, Babbage la reclutó como ayudante, pero la boda de ella a los 20 años de edad con William King, conde de Lovelace, y el nacimiento de sus tres hijos (Byron, Anne Isabella,Ralph Gordon)*, la apartaron unos años de la investigación.

Luego reanudaron la tarea en común y es entonces, en 1843, cuando Ada Lovelace traduce y comenta un artículo del matemático e ingeniero italiano Luigi Federico Menabrea,Notions sur la machine analytique de Charles Babbage. Ada Lovelace detalló y elaboró comentarios o anotaciones (más largos que el mismo libro), como la descripción de un plan describiendo los pasos para calcular los valores de los números de Bernouilli usando la máquina analítica. Sí, así como lo leen. Ada Lovelace inventó una notación para describir algoritmos; es la creadora del primer lenguaje de programación. Tuvo que firmar sus trabajos como A.A.L. para que no la censuraran por ser mujer. Babbage la llamaba “la encantadora de números”.
Pero a su modo continuaba investigando en otras áreas del saber y en otro tipo de problemas. Por ejemplo, es sabido que desde los 29 años trabajaba en un modelo matemático sobre cómo el cerebro genera, procesa y transmite los pensamientos a los nervios, para lo cual se interesó vivamente en los fenómenos eléctricos. También trabajaba entre la relación de las matemáticas y la música.
A los 36 años enfermó de cáncer de útero y hemorragia y fue tratada con opiáceos e hipnosis, pero nunca se recuperó y murió un año después, siendo sepultada junto a su padre en la iglesia de Santa María Magdalena en Hucknall, Nottingham.
Nos sentimos tentados a creer que le hizo falta tiempo, vida, para desarrollar más logros de los que se trazó en su mente.

Ada Lovelace nunca conoció a su medio hermana, Allegra Byron, hija de Lord Byron y Claire Clairmont, quien murió en 1822 a los 5 años de edad.Tuvo algún trato con la sobrina de Byron, Elizabeth Medora Leigh, hija de Augusta (y de su padre, es decir que era medio hermana también y Ada lo supo).

Ada Lovelace conoció a Babagge por medio de su amiga mutua, Mary Somerville.

Entre 1843-1844 contrata un tutor para sus hijos,William Benjamin Carpenter, quien progresivamente se enamoró de ella y trató de meterse en su relación matrimonial pero fue apartado de la residencia King.

Ada Lovelace sería también una apasionada del juego, tanto así que en 1851, un año antes de su muerte, pensaba en crear un modelo matemático para lograr el éxito en apuestas grandes.

Los últimos meses de su vida ya no compartía lecho con su esposo, no por la enfermedad sino por una presunta confesión hecha a este (¿tal vez adulterio?).

En 1979 el Departamento de Defensa de Estados Unidos desarrolló un lenguaje de programación que se llamó “ADA” en su honor.

Desde 1998 la British Computer Society concede una medalla en su nombre.
Hay una película respecto a su vida que bien vale la pena mirar, se llama Conceiving Ada, un filme de 1997 escrito y dirigida por Lynn Hershman Leeson; Tilda Swinton representa a la condesa de Lovelace. Pero hay así mismo una novela de ciencia ficción interesante, al respecto, se llama The Difference Engine, escrita por William Gibson y Bruce Sterling. Hay quien le rinde tributo anual el 24 de marzo pero al parecer el día fijado oficialmente es el 7 de octubre.

* Su hijo Byron nacería el 12 de mayo de 1836;Anne Isabella (Annabella), más tarde Lady Anne Blunt, nació el 22 de septiembre de 1837;Ralp nacería el 2 de julio de 1839.

Ver también:Informática siglo 19,Lenguajes de Programación
[1]Byron la llamaba “princesa del paralelogramo” por su afición a la geometría y a las matemáticas.

Webgrafía consultada
Nota de Yale; thepiragee.com; www.newscientist.com