Negocio propio

En negocio propio, seguimos resumiendo e intentando destilar la sabiduría esencial de Robert Kiyosaki en su libro padre rico padre pobre, capitulo 4.

En definitiva, trabajar para una empresa, para el gobierno o los bancos (aclaremos que no hablamos de ser empleados gubernamentales o del sector bancario; para retomar ideas expuestas anteriormente, se trata es de la esclavitud del empleado frente a los impuestos y retenciones del gobierno y, los intereses hipotecarios o de créditos de consumo auspiciados por los bancos) no es el camino a la riqueza. Estructurar y dar forma a nuestro negocio propio sí lo es. Y no porque las inversiones no estén gravadas al momento de venderlas, sino porque si somos astutos, no venderemos y mantendremos el flujo de ingresos o, llegado el caso, venderemos pero reinvertiremos el dinero, de tal forma que logremos demorar el pago de impuestos sobre ganancias.

Cuántas personas descubren con horror que al terminar su edad productiva (digamos 65 años por fijar una fecha) no tienen nada; algunos una pensión equivalente a un porcentaje de su último sueldo más las exacciones tributarias, otros ni siquiera eso (pues para nadie es un secreto que más de medio mundo no gozará de una pensión así se empeñe en lograrlo).

Profesión y negocio no son la misma cosa. Profesión es aquella actividad a la que uno se dedica para ganarse la vida, que implica horarios, 5-6 dias a la semana, involucra trabajo en el sentido habitual del término; negocio es aquella actividad que produce dinero para nosotros independientemente de la intensidad horaria dedicada a ella o de si estamos o no presentes.  Profesión implica un sueldo y declaraciones de ingreso; negocio involucra capital trabajando para nosotros y generando ingresos. El sistema educativo nos convierte en lo que estudiamos, así terminemos haciendo ricos a otros.

Vale la pena empezar a pensar en inversiones o negocios propios y dejar poco a poco la adquisición de enseres personales, lujos y obligaciones para satisfacer caprichos. Estos enseres personales, lujos  y objetos secundarios, llegado el caso extremo de necesitar flujo de caja o liquidez, no valdrían prácticamente ni la mitad de lo que usted pagó por ellos. Y en esta categoría hay que incluir los automóviles y vehículos que no son para negocio.

Negocio propio, ¿Cómo qué? Acciones, bonos, fondos comunes, propiedades que renten, regalías por propiedad intelectual (dentro de esto incluyo adsense, la publicidad contextual de google en mis contenidos) y todo lo que produzca dinero, tenga un valor y un mercado (desde ventas al detal y al por mayor hasta servicios). Pero el consejo es que si es usted empleado, lentamente vaya construyendo su negocio propio y cada moneda invertida allí déjela trabajando para usted, no la gaste, si es preciso, gaste algo de lo que su inversión renta, no se coma todo su negocio y reinvierta sus utilidades o una buena porción de estas. Los ricos adquieren los lujos al final pero las clases pobres lo hacen al principio, queriendo aparentar lo que no son y poniendo en riesgo el futuro financiero de sus hijos y herederos. Los ricos primero invierten y de las ganancias se dan gusto; los pobres hipotecan hasta la risa para darse gusto antes que invertir.

Ver: especialización financiera