Vamos a hablar un poco del profeta Jeremias, aclarando que la óptica con que abordo este tipo de temas, es la del estudioso, no del religioso, la del curioso que pretende atrapar la verdad.
Jeremías[1] (cuyo nombre significa ensalzado por Yahvé o Jehová se levantará) se presenta formalmente como profeta hacia el año 626 a.C[2]. Su obra rompe el silencio profético de 70 años, desde Isaías. Tenía 29 años y en el trono de Judá residía Josías.
Estaba en contra de la confrontación armada y pedía que la reforma religiosa impuesta, prosiguiera hasta sus últimas consecuencias y se desterrara el culto a Baal y Astarté, que se pusiera fin a la prostitución sagrada. Invita al pueblo a la penitencia y anuncia los castigos divinos contra Israel, Egipto, Edom, Moab y los babilonios. Este aire «derrotista» le atrajo numeroso enemigos al interior de su pueblo. Sus profecías se presentan bajo la forma histórica (tal vez tomadas de diversas fuentes y organizadas por un escriba), pero el orden del tiempo no es estricto.
[1] Perteneciente a la casta sacerdotal, de la tribu de Benjamín. 18 años de ministerio los laboró bajo Josías, 3 meses bajo Joacaz, 11 años bajo Joacím, tres meses bajo Joaquim, 11 años y cinco meses bajo Sedecías, para un total de 41 años de profetizar y exhortar a sus congéneres.
[2] Hacía un año que había fallecido Asurbanipal y las luchas internas entre las facciones de poder establecidas abundaron.
El general caldeo Nabopolasar «el pequeño que no era conocido de los pueblos», o, «hijo de nadie, a quien Marduk eligió entre el pueblo»subió al trono de Babilonia, sometió a los asirios e implantando lo que los historiadores han dado en llamar, dinastía neo-babilónica o caldea. Entregó todas sus fuerzas a la idílica labor de restaurar el imperio babilónico.
Ver también: Ateísmo en la historia antigua , sexualidad y ascetismo
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