Falo

Vamos a hablar del falo o el pene en erección, del miembro viril masculino en la historia y en la credulidad de la gente.El culto al falo o falocracia comenzó cuando los hombres dedujeron que el abdomen globuloso de la mujer no era por sí solo la fuente de la fertilidad pues se necesitaba el falo o pene haciendo su labor para llevarlo a la gravidez, comenzando el fin del matriarcado[Adoración y culto a la feminidad].
Esta falocracia será más adelante ejercida en forma de poder y originará el patriarcado, que en su extremo más pernicioso será el padre del machismo.

El falo más antiguo hallado, corresponde al falo de Hohle, con una antigüedad de 28.000 años y corresponde al neolítico.

En China, el culto al falo estuvo entreverado con la veneración a los padres. La escritura china más antigua vinculaba «tierra» con «falo» y el mismo signo quería decir «antepasado».
La cruz egipcia con el asa (crux ansata), equivalente a la letra T, con un asa ovalada en la parte superior (originalmente el signo jeroglífico «ankh» vida), combinación gráfica de los genitales masculino y femenino, era un símbolo de la vida. Fue llevada por Osiris, un dios de la vegetación que aseguraba la inmortalidad, y por otros dioses, y más tarde (bajo el cristianismo, que a todo le ha dado la vuelta) fue aceptada por los coptos como signo de la fuerza vivificante de la cruz de Cristo. Todavía hoy podemos encontrar este símbolo fálico —que es, desde el siglo IV, signo de la dignidad papal, y, desde el siglo VI, de la arzobispal— en el palio sobre la casulla de los prelados católicos, en el que la entrada del cuello corresponde al asa de la crux ansata.
Pero el culto al falo se relaciona también con la creencia en el Más Allá. Así, el gran dios itifálico[del griego ithis, erecto; y phallos, pene.] Osiris sostiene su pene o lo señala, en las estatuas e imágenes, como demostración de su resurrección, prototipo de la resurrección de sus adoradores. «Oh, vosotros, dioses» reza una ins­cripción egipcia junto a la figura de un muerto que se levanta de la tumba, «vosotros que habéis surgido del falo, abridme los brazos». Y, por supuesto, el miembro también figuró en las tumbas de Grecia y Roma, como imagen de la fuerza generadora inagotable de la naturaleza, vencedora de la muerte.
Ahora bien, como símbolo prototípico de la potencia, el pene desem­peñó en muchas religiones un papel central.
Ya en las figuras de animales antropomorfos de las pinturas de la época glacial destaca una y otra vez su enorme órgano sexual. En el pa­leolítico suele aparecer junto a los caracteres sexuales femeninos, como símbolo para el culto o como medio fecundador con poderes mágicos. Y, finalmente, hay una gran cantidad de estos emblemas en las creencias de muchos pueblos orientales y occidentales; los símbolos sexuales se siguen repitiendo en ritos, mitos y cuentos.
Adoración del falo en el lejano Oriente.
En la India, los pueblos anteriores a la llegada de los arios se llaman ya, en la literatura sagrada del país, los «adoradores del falo». Indra, dios principal de la religión védica, acompañado del toro como representación de la capacidad genésica, tiene los testículos —que, por cierto, son mil— del más rijoso de todos los animales, el macho cabrío. «Tú, el de prodigiosa fuerza» le ensalza el Rigveda, «haz que se hinche la manga del hombre (el pene)». «Vosotros, hombres del pene, erguid el pene, ponedlo en actividad frenética, retozad en pos del botín, empujadlo hasta el límite (o: hacedlo eyacular), al hijo de Nishtigri, a Indra». Y él mismo, como poderoso héroe procreador, embaraza a «las no desposadas» —mientras éstas borbotean «como manantiales al brotar»— y «a las jóvenes que se desvanecen».
En todos los templos de Shiva, un dios principal del hinduismo, el Linga acompaña al Yoni como forma más frecuente y destacada de Shiva. Aquél sigue siendo uno de los ídolos más venerados de la India, muchas personas lo llevan al cuello como amuleto, lo encontramos deificado en casas y campos y todavía lo podemos ver sobre los túmulos a modo de símbolo del renacimiento, como antaño se hacía en Roma con el falo. Desde tiempos remotos, el santuario nacional del Nepal es un gran Linga flanqueado de números templos. Las religiones védico-brahmánica e hinduista están completamente impregnadas de sexualidad y, a partir de ellas, la adoración de la vagina y el falo encontró acogida incluso en el budismo.[1]
En el sintoísmo japonés, rebosante de ideas de fertilidad, se conoció hasta tiempos muy recientes un culto del pene de gran difusión, con grandes templos, fervorosas plegarias y falos votivos. Y algunas tribus africanas siguen practicando el coito ritual.
El culto del falo en Egipto, Grecia y Roma.
En Egipto, donde se decoraban los relieves de los templos con los grandes órganos sexuales de los dioses, el dios de la fertilidad Min fue presentado itifálicamente. Las estatuas de Osiris como animal de tres penes eran llevadas en procesión, mientras las mujeres —que en ese país gozaron durante mucho tiempo de gran estimación— agitaban excitadamente, mediante un mecanismo de cuerdas, la imagen del dios, que exhibía un enorme falo. «No hay ningún templo (egipcio)», se horroriza en el siglo III el obispo Hipólito de Roma, «ante cuya entrada no se muestre lo Oculto desnudo, erecto, coronado con toda clase de frutos de la Creación. Se halla no sólo ante las imágenes de los templos más santos, sino también (…) en todos los caminos y en todas las calles y en las casas como barrera o mojón».
Pero hay más.
Los egipcios entronizaron el pene del dios Bes[2] y el dios Ra. Un amuleto en forma de glande o pene circunciso, venerados desde el Egipto de los faraones.
En el templo de Hierópolis se alzaba todo un frontispicio con enormes falos de unos quince metros de altura cuya construcción se atribuía a Dionisos, el dios que «ha resistido al cristianismo más tiempo que todos los demás olímpicos y que aún llegó a alumbrar los siglos oscuros con algo de su jovialidad».
También en Grecia los genitales humanos gozaron en mayor o menor medida de su homenaje ceremonial y el falo, de forma similar a lo sucedido en la India, se convirtió en un símbolo religioso[3]. Fue ensalzado en vasijas y pinturas, mediante canciones y bailes. Estaba incluido en el vestuario de los actores. Las procesiones fálicas eran muy habituales, tenían lugar incluso en las fiestas estatales; sátiros y silenos llevaban en ellas rígidos miembros masculinos como símbolo de una causa sagrada.
En los misterios de Afrodita también le correspondía al pene una especial significación, al igual que en el culto de Atenea, en la Arreforia —una festividad ática del mes Esciroforión (de mayo a junio) — o en la Haloa —una fiesta ática de carácter orgiástico dedicada a Deméter y Kore (y quizás Dionisos) en el solsticio de invierno—.
Como ídolo específico de la fuerza genésica y la fertilidad se adoró en Grecia, Asia Menor y finalmente en todas partes del Imperio Romano al popular Príapo, quien, con el tiempo, unificó bajo su nombre a gran número de otros dióses fálicos, siendo eternizado por los poetas romanos en versos de una obscena jovialidad. Hijo de Dionisos y Afrodita, protector de los jardines, campos y hogares, su animal sagrado era el burro, prover­bialmente lascivo. A menudo se encontraba a la entrada de las casas, como propiciador de su fortuna, y las vírgenes y las matronas, para volverse fértiles, montaban sobre su miembro erecto, descomunal y rojizo.
Hermes —según algunas genealogías, progenitor (con Afrodita) de Príapo—, dios de la fertilidad, de los animales y de la fortuna, patrón de la juventud y de los gimnasios[4] —en los que los hombres creían poder regenerar su potencia cuando se debilitaba—, también fue representado con el pene erecto, el Herma, una pieza de madera añadida o una piedra, decorada, ungida, besada, y más tarde —en Grecia e Italia— usada como adorno de calles y jardines.
En Roma se celebraban con pompa las Liberalia, una antiquísima fiesta del dios Liber o Baco que, al menos en Lavinium, duraba todo un mes y era de completo libertinaje. Durante la misma, un gigantesco falo recorría la ciudad y el campo en una fastuosa carroza y las más prominentes matronas decoraban ante todo el pueblo el membrum inhonestum, como dice San Agustín, con coronas de flores. En la fiesta de Venus en agosto, las damas conducían el amado miembro en procesión festiva desde el Quirinal hasta el templo de Venus y lo depositaban en el regazo de la diosa. El pueblo romano llevaba el falo como talismán; y sus generales victoriosos habían venido enarbolando el emblema ante sus carros del triunfo antes de que fuera incorporado al culto imperial.
En Uppsala, Freyr («el señor»), demonio de la fertilidad nórdico, sobe­rano del sol y la lluvia, guardián de las cosechas, de la paz y del goce, junto a Odín y Thor, se jactaba en su templo principal de su enorme «estaca del placer». Y la fuerza del mismo Thor —el más popular de los dioses germanos, para quien el macho cabrío era sagrado— era indicada por su falo.
En suma, desde la India hasta África, desde Egipto hasta el país de los aztecas, muchos dioses de la procreación desfilan penis erectus en mano[8]. Y hasta la época contemporánea los objetos genitales de culto son venerados y celebrados en la intimidad, cuidados con mantequilla derretida y aceite de palma, o con grasa que «unge el bálano» [5].
Ver también: La Diosa Madre
Para el hombre primitivo, la vagina y el falo, como portadores de la capacidad engendradora y reproductora, son sagrados, sus poderes más tangibles frente a la muerte. Esto lo muestra de manera exquisita la leyenda india del dios Shiva, irrumpiendo desde el Linga (falo) para matar a golpes a Yama, dios del reino de los muertos, y liberar a su propio adorador. Shiva también se materializa en las vulvas de las mujeres seductoras.
[1] Es bien sabido que en los templos de la India, tales como en los de Konarak y Khajuraho, y en el de Assam en Guahati, dedicado este último a Jmakhya, la diosa del amor, se encuentran en abundancia en alto y bajo relieve, que adornan a profusión dinteles y cornisas: son parejas en pleno acto sexual, en las que se observa el pene copulatorio de manera explícita, por lo general a mitad del recorrido de la penetración. Cuando se elaboraron estas imágenes, téngase en cuenta que era normal que en los templos hubiera prostitutas haciendo parte de las organizaciones y rituales religiosos. Se supone que días después de la boda, los desposados iban a orar y a aprender las variadas técnicas del coito.
[2] Este dios solía representarse como un enano de cejas gruesas, con rabo y un enorme pene. Su función era ser el guardián contra el infortunio, facilitar la fertilidad y proteger a los niños.
[3] Creo que el poder fálico aparece en Zéus en todo su esplendor poseyendo el Olimpo femenino. Pero más que él, fue su padre Cronos el que hizo esta transición: para librarse del inmenso poder de su padre, Urano, lo emasculó, es decir le cortó los testículos y el pene y los arrojó al mar. Este pene habría de emerger de la espuma marina dando nacimiento a la diosa del amor, Afrodita. Luego la máxima divinidad femenina proviene de acuerdo a esta leyenda de un pene divinizado.
Pero eso no es todo. Zéus habría de violar a su propia madre, Rea; se desposó con su hermana Hera y embarazó a la propia Afrodita (algo así como su tía).
[4] Según cuenta Petronio en el Satiricón, las fiestas fálicas romanas estaban dedicadas a este dios. Se hacían en Mayo y la decoración de las calles eran grandes falos. Al parecer Priapo era oriundo de Asia Menor y se representaba como un gnomo con un enorme pene más grande que él mismo.
[5] En Yucatán se han encontrado falos tallados en la roca hasta de dos metros de altura. Los artesanos mayas, chibchas, quimbayas y tumacos, así como los mochicas y otros preincaicos, elaboraban una variada gama de vasijas y figurillas antropomorfas con enormes falos.
[6] Bibliografía consultada:
Deschner, Karlheinz. Historia Sexual del Cristianismo. Editorial Yalde, 1993.
Acuña Cañar Alonso y Guerrero gonzález Pedro. El honrable miembro. Sexología en la era del viagra. Editorial Grijalbo S.A. Santafé de Bogotá D.C., 1998.
Anexos:
-) Pene y Judaísmo:
Pene y judaismo, un tema serio, algo fortuito dentro de las lecturas de un curioso blogger cuando se enfrentaba en los pasajes del Antiguo testamento a los juramentos entre los patriarcas. Los juramentos eran algo sagrado, tanto es así que lo hacían poniendo la mano “debajo del muslo” (véase génesis 24:1-4, 47:29 y así sucesivamene). Dicen los pies de página de las biblias católicas que esto se hacía para dar firmeza inquebrantable al juramento por el contacto con las partes vitales.¿Partes vitales? Sí, aquellas sin las cuales la vida es imposible; las fuentes de la vida, aquello imprescindible.A nivel anatómico resulta que el hueso sacro es la parte terminal más baja de nuestra columna vertebral, mientras que la región sacra es la región del bajo abdomen, situado entre el sacro y el pubis. Luego la región sugerida como debajo del muslo puede estar entre el perineo y los genitales externos o el pene y los testículos.Luego no es descabellado pensar que los patriarcas juraban cogiendo o al menos tocando el miembro viril de su aliado o socio de juramento, acto que se realizaba entre machos…las damas no podían jurar o sea que no podían tocar o coger las partes sagradas de los hombres a manera de ritual colectivo o de costumbre legal de este pueblo.
En otro ítem donde se le da el cariz de sagrado tanto al pene como a los testículos dentro del judaismo, es en el tema de los eunucos, unos varones castrados, de tal forma que su pene no pudiera cumplir su labor biológica de reproducción y pudieran cuidar su harén o grupo de mujeres sin temor a embarazos indeseados.
La palabra eunuco proviene del griego euné = lecho; ekhein= guardar.O sea que los eunucos guardaban el lecho de las mujeres de los demás.Hemos de inferir que los pobres eunucos, al ver pordebajeada su hombría y virilidad, debían ser muy mansos y dóciles.
Según Deuteronomio 23:1, los eunucos no podían ingresar al lugar sagrado. En ciertas versiones se alude a eunuco como quien es castrado , tiene el pene mutilado o los testículos aplastados. luego alguien con el pene curvado o lastimado podía ser marginado de las ceremonias litúrgicas tan trascendentales dentro de estos pueblos.Luego debía existir una autoridad competente que determinara quién tenía estos defecticos que le impedirían “ejercer” sus oficios religiosos. Lo que me hace rascar la cabeza y la barbilla, es que las incurvaciones o desviaciones del pene solo se pueden apreciar con el miembro viril erecto.
-)Pene y cristianismo:
Nos toca en suerte hablar de cómo asumía ciertas actitudes la sociedad occidental frente a su majestad, el pene.Pero intentemos abordarlo, dándo un pequeño rodeo. Veamos inicialmente cómo se representaba inconográficamente las caricias o toques en las partes altas, es decir los contactos “puros” entre los dos sexos, de acuerdo con la tradición pictórica. Ni se crea que esto es invención post- cristiana. A esta clase de gestos o posturas, se les llamó, mamola, que generalmente consistía en le toque tierno por parte de un varón, de la barbilla de una mujer (casi nunca al contrario). Desde el antiguo Egipto se observa cómo Ramsés III le hace una mamola a su acompañante; o cómo Teseo, rey de Atenas, toca la barbilla de Ariadna. Durante la edad media y el renacimiento esto fue frecuente; los pintores de la virgen y el niño ponían al infante acariciando la mandíbula de su madre; luego, con el romanticismo, esta costumbre se perdió. Luego era frecuente el toque de la cara ajena para agredir y ofender. Pero durante el renacimiento se hizo normal observar pinturas de grandes artistas pintando cómo le era tocado el pene o los genitales de Jesús (bien fuera niño o adulto) por parte de su madre o aún por cuenta de él mismo.Ejemplos de esta aseveración son: La virgen entronizada con el niño (del taller del Giotto); en La sagrada Familia de Lorenzo Lotto, no se los toca sino que los agarra, como sucede en el cuadro pintado por El Veronés, presentación de la familia Cuccini a la virgen (1571); en la Madona di Candelabri de Boticelli; la sacra conversazione de la Escuela de Mantegna; etc. Pero hay otros cuadros o pinturas donde se ve a jesus jugando con su pene o acariciándolo plácidamente:Adoración de los magos (Escuela de Brujas, siglo xv); la sagrada familia con Santa bárbara y San Juan Niño de El Veronés; etc.
Pero eso no es todo; algunos artistas plasmaron el cristo yacente tocando sus genitales sin rubores: David Kindt, Lamentación (1631), Miniatura de las pequeñas horas de Jean de Berry, en la que una mujer próxima a Jesús, toca la mano de Jesús con la que a su vez coge su pene. La escultura denominada Piedad, que data de 1490, muestra a un cristo yaciente en las piernas de María, tomando sus genitales con una mano, mientras la virgen toca esa misma mano. Y los ejemplos proliferan.
Deduzco, que pese a las prohibiciones eclesiásticas y a las inquisiciones, si estas obras superaron la prueba del tiempo, posiblemente sean conformes a los textos sagrados o por lo menos al cristianismo imperante en su entorno.Tal vez no reflejen caricias descaradas sino tan solo señalen la importancia del miembro viril en la historia cristiana o mejor aún, del pene del sujeto hecho dios, de tal forma que siguiere siendo humano y fuente de vida quizás.

Ver también sexualidad en Grecia y Roma

Sexualidad en Grecia y Roma

Vamos a ver cómo era la sexualidad en Grecia y Roma, un poco de historia, picaresca y costumbres:
En la antigua Grecia el varón casado no tenía obligación de ser fiel a su esposa pero el caso contrario sí existía tanto en el plano legal como en el de la costumbre. Del mismo modo un tipo soltero sorprendido con mujer casado o bajo potestad de algún varón (marido, hermano o padre) era juzgado con severidad.
Ahora bien, en tiempo de Homero, el marido engañado o el varón que tuviera potestad sobre la mujer tomada sexualmente podía escoger entre dos opciones bien interesantes, para castigar al infractor: la primera era matarlo y la segunda era exigir una indemnización.
Pero el sexo, el amor y las relaciones de pareja en la antigua Grecia no terminan ahí. Sigamos señalando curiosidades.
Los castigos por adulterio con el paso de tiempo se fueron suavizando. En algunas regiones de Grecia se castigaba al varón infractor insertándole un rábano por el ano y depilándole las posaderas. En otras geografías de la noble Grecia a la dama infractora se le exhibía desnuda cubierta con un velo transparente, atada a un poste de la plaza y después se le paseaba encima de un asno. Cosas del desarrollo cultural de los pueblos.
Pero la historia de sexo y de las costumbres amorosas de los griegos no acaba todavía.
En los comienzos de los Juegos Olímpicos, los atletas cubrían sus genitales con una suerte de taparrabo; luego, después del 720 A.C., competían en bola, peladitos. ¡Exhibicionistas! ¿O sería muy cómodo? Posiblemente mejoraba la aerodinámica y cortaban mejor el aire. Las mujeres casadas estaban excluidas de las graderías, para evitar caer en tentaciones (excepto en Esparta)…Ahora bien, para participantes y acompañantes, había una alcahueta que les conseguía amantes durante el torneo.
¿Y las especulaciones científicas sobre el sexo? Pues bien, una pildorita: Diógenes Laercio creía que el semen se formaba en el cerebro. Pero había más, los griegos, suponían la existencia de un semen femenino; la deducción la hicieron al descubrirla existencia de los ovarios a los que le hallaron semejanza con los testículos masculinos; luego para ellos la mujer eyacularía también durante la relación sexual[1].

¿Y las famosas hetairas? Fue en el siglo IV A.C., cuando surgen las hetairas o heteras, aquellas artistas del sexo, las más famosas amantes que haya dado Grecia. Eran las hetairas unas amantes de lujo que eran mantenidas por sujetos poderosos y ricos para satisfacer su lujuria expeditamente.
Por ejemplo Friné fue una hetaira inmortalizada en el mármol por Praxíteles que la representó como Afrodita. Esta mujer toda una pionera del strip tease. Durante las fiestas de Neptuno descendía las escalinatas del templo despojándose una a una de sus prendas de vestir. Al quedar en cueros, corría a la playa, se sumergía en el mar y a semejanza de Afrodita, emergía de la espuma.
Otra famosa hetaira fue Lais de corinto que también modelo para esculturas y fue amante de gran parte de la potentada sociedad de la Atenas de su tiempo. Y hubo una hetaira filósofa y educadora. Se llamaba Aspasia y puso una escuela para educar a las jóvenes aspirantes en el arte de amar, estudiando entre sus materias obligatorias, filosofía, para hacerlas buenas conversadoras e interesar a los cultos de la sociedad. Tan útil le resultó el método que logró seducir a Pericles, tanto que abandonó a su esposa por esta mujer[2].
Sigamos. En la historia sexual de Grecia, cuenta Herodoto que en Lidia, las jóvenes en edad de casarse completaban su ajuar alquilando sus cuerpos.
En la época clásica se disociaba la pasión y el cariño; generalmente el enamoramiento era cosa de mujeres; a la libido solo se le podía dar largas solamente por fuera del hogar y el sexo era una obligación para engendrar hijos, no un acto de deseo o de amor.
Pero también acostumbraban algo denigrante desde nuestra óptica actual. Las mujeres helenas solo cumplían años después de la fecha de la boda. Esto nos dice del machismo imperante en dicha sociedad.
Pero eran coquetos los griegos y posiblemente inventaran los piropos (o mejor que sepamos por fuentes escritas nosotros actualmente); al pasar una bella fémina elogiaban su trasero en voz alta.
Bueno, avancemos un poco más sobre la historia del sexo en Grecia.
Las casas tenían un sitio destinado a los varones, el andrón; allí se reunían los hombres de la casa y sus amigos varones, tenían sus orgías y pasatiempos eróticos propios de varones. Pero también existía el gineceo, la parte de la casa destinada a la mujer: Era una habitación destinada para el encierro casi perpetuo de la mujer, para que no la vieran otros hombres. Generalmente el gineceo no tenía ventanas a la calle. Solo hasta cuando la mujer tuviera cierta edad que ya no se le viera como mujer deseable se le permitía salir libremente a la calle.
Pero como toda cultura que pregonaba el placer tenía temores frente a la paternidad no deseada. En el siglo I A.C., Dioscórides, para que los hombres planificaran y no fecundaras a sus amantes, sugería que estos ingirieran durante 36 días, extractos de la Lonicera periclymenum (una madreselva de los bosques).
También son las griegas quienes inventaron el predecesor del sostén o sujetador para sus pechos. Las mujeres ricas de Grecia acostumbraban usar un pedazo de tela llamado strophium para resaltar la forma de sus senos; posiblemente fueran ellas también quienes inventaran los tirantes en forma de X, costumbre que excitaba poderosamente a los varones de su tiempo.
¿Cómo sabían las mujeres que eran correspondidas? Ponían en la palma de la mano, pétalos de flores como el teléfilon y aplaudían; si salía una palmada sonora había chance de conquista; en caso contrario, mejor, fíjese en otro.
¿Y la virginidad? Pues las damiselas griegas permanecían en general vírgenes hasta su matrimonio, aunque para paliar su ardor podrían recurrir al sexo anal como sustituto en tanto le llegara la hora de desposarse.
¿Se depilaban las griegas? Pero claro y esto agradaba notablemente a los varones. No obstante no era sencillo, primero porque eran velludas genéticamente en general y segundo porque el sistema de depilarse era muy tortuoso. Se ponían ceniza caliente, chamuscaban el vello con la ayuda de una lámpara caliente y/o arrancando la pilosidad con pinzas. Con el tiempo se impondría la navaja de afeitar.
¿Eran pederastas los griegos? Si. Era una costumbre muy placentera para ellos, sobre todo en Esparta y Creta, donde se tomaban sexualmente a los adolescentes, siguiendo todo un ritual de propósito pedagógico. Pero había otras formas de homosexualidad; allí se elogiaba al homosexual activo y se denostaba del pasivo, del que se dejaba penetrar. Platón por ejemplo era un homosexual reconocido. Pero mire estimado lector como son las cosas. El lesbianismo era mal visto por los griegos y quienes sostenían este tipo de relaciones debían mantenerlo oculta. Las lesbianas eran llamadas tríbadas. Una lesbiana (creo que mejor, bisexual) famosa fue la poetisa Safo, que se enamoró de una de sus discípulas pero no fue correspondida, como tampoco fue correspondida por el señor Faón; convencida de su fracaso para ser amada, se suicidó.
Y ya para terminar este post, recordemos que era ideal que el marido tuviera al menos 10 años más que su potencial esposa; no sin olvidar que la noche de bodas era toda una tortura para las damas que se casaban puesto que la costumbre era desflorarlas brutalmente, no que ellas experimentaran placer.
Y eso es todo por ahora sobre la historia del sexo en la Antigua Grecia.
[1] Y eso no es nada, Aristóteles creía que la condición femenina era un defecto natural. Creía don Aristóteles que el cerebro del varón era más grande que el de las mujeres; que el cuerpo de la mujer estaba inacabado porque le faltaba el semen (o sea que era como un hombre estéril); del mismo modo afirmaba que la mujer envejecía más pronto que el varón dado el pequeño tamaño de su cuerpo. Decía este ilustre filósofo que era el padre y no la madre quien insuflaba el alma y el género en el feto. Por último señalemos que según este pensador las mujeres no piensan y si lo hacen no es con cerebro sino con la matriz, la hystera (de ahí proviene la frase de mujer histérica)
[2] Y Oh paradoja, las mujeres de bien eran preferibles incultas y bien analfabetas a más no poder.

La historia del sexo en la antigua Roma, o al menos durante la época del Imperio romano está salpicada de curioso apuntes.
Empecemos hablando de los piercing entre los esclavos; sí, como lee, a los pobres servidores se les ponía un gran pasador o una anilla en el prepucio para que no sostuvieran relaciones sexuales con amas, hijas e inclusive con las esclavas. Luego suponemos que juzgaban esto como muy normal.
El derecho Romano aseveraba que una mujer a los 12 años ya era oficialmente matrona, es decir una esposa honorable con todas las prebendas. La idea era que las relaciones sexuales precoces ayudaran a la niña a llegar a su pubertad (a los 14 años estipulaban ellos) y a regular sus ciclos menstruales. No era raro por tanto que en Roma, una niña de 9 años en adelante ya estuviera casada y desflorada.
En tanto algunos de nosotros jugamos al sexo aplicando el coitus interruptus, en la antigua Roma se desaconsejaba porque retener la eyaculación al final del coito, perjudicaba los riñones y la vejiga.
El sexo en Roma tenía sus matices simpáticos. Por ejemplo, se pensaba que literalmente la matriz[1] absorbía el semen después de tener sexo. Entonces las damas involucradas en estas peripecias físicas, se levantaban rápidamente para evitar tal absorción o, corrían a lavarse las partes íntimas.
Pero las costumbres sexuales de Roma legaron también otros interesantes apuntes a la historia de la humanidad[2]. ¿Sabía usted que el verbo testificar proviene de allí? Claro, los romanos juraban decir la verdad, tomándose los testículos con la mano derecha.
Ahora bien, a algunos lo prohibido les es muy, muy llamativo, dígalo sino Calígula, que se acostaba con sus tres hermanas: Livila, Agripina y Drusila. Dos de ellas además hacían parte del burdel imperial que estaba ubicado junto al palacio.
El aborto entre los romanos era penalizado siempre y cuando muriese la mujer embarazada. Luego si el aborto era un “éxito”, no pasaba nada. La dama quedaba lista para el otro embarazo. Pero si fracasaba por intervención quirúrgica o mecánica, se consideraba asesinato; si moría la paciente por ingerir una pócima, era envenenamiento y por tanto un crimen.
Quien habría de reglamentar la prostitución en Roma fue Marco Aurelio quien les exigía una suerte de licencia de funcionamiento, serían vigiladas por los censores públicos[3] (cuantos no cobrarían a sus vigiladas, favores en especie) y estos les cobrarían un impuesto diario equivalente a la octava parte de sus ganancias.[4]
En Roma, si las damas usaban velo, decían implícitamente a todo el que se encontrara: “dama distinguida, no propasarse o atenerse a las sanciones”. Mujer que anduviera con su cabeza destapada no estaba protegida por las leyes de posibles agresores. Durante la República, inclusive sus esposos podían divorciarse si ellas salían a la calle sin velo.
Para los romanos el matrimonio no tenía otro fin que la procreación, generalmente entre las libres, el número de hijos promedio (recomendado) eran tres.
Siguen los apuntes picarescos del sexo en Roma. Durante el tiempo de Augusto, las viudas no debían pasar más de un año sin marido y las divorciadas tan solo seis meses.
Habían entre los latinos tres tipos de beso: el osculum que se daba en la mejilla, el basium, en los labios, y, el suavem que era el tipo de besos que solo se daban los amantes.
Para no transgredir el decreto que prohibía ejecutar mujeres vírgenes, Tiberio ordenaba que los verdugos las violasen antes de hacer justicia. Este mismo emperador se aprovechaba sexualmente de las ajusticiadas más bonitas, la noche previa a su ejecución, fueran o no vírgenes, y era de los que disfrutaba ver cómo torturaban a los presos golpeándolos en el pene.
Entre las clases altas y desde tiempos de la República, las comprensivas damas no le veían reparo a que sus cónyuges se entretuvieran con jovencitas, es más, ellas mismas le buscaban las amantes para sus maridos. Por ejemplo Livia, le buscaba vírgenes a su amado esposo.
El término fornicar, viene del latín fornice, que significa curvatura interior de un arco, aludiendo a los noble servicios que prestaban las lupae.
En la estricta Roma Republicana las mujeres no se empelotaban completamente delante de sus esposos y solamente tenían sexo con ellos en la noche o sitios oscuros.
Y por último, no olvidemos que Mesalina, esposa de Claudio, tenía bastante reputación creada y experiencia con la guardia del palacio.
[1] Como si fuera poco los médicos creían que la matriz era una víscera más y hasta le recetaban vomitivos a la misma para curar sus males.
[2] Fueron ellos también los primeros en llamar al extremo del pene, glande, que quería decir, bellota.
[3] Como los famosos Chulos.
[4] En la época de Trajano habían unas 30.000 prostitutas censadas que vivían en las afueras de la ciudad.
En la Roma antigua, habían varias clases de busconas: las meretrices, que estaban registradas en las listas públicas y pagaban impuestos; las prostibulae que accionaban clandestinamente para evadir impuestos; las ambulatarae, que lo daban en la calle o en el circo (es decir prestaban el servicio, no el impuesto); las lupae, que esperaban a sus clientes bajo los arcos y puentes; las dorae que iban desnudas, mostrando sus virtudes (hombre, el que exhibe, vende); las bustuariae, que entregaban el servicio en los cementerios; las noctilidae que únicamente laboraban en las noches, las famosae, o sea las hijas de familias adineradas que se metían a este oficio (¿alguna similitud sonora entre famosae y famosas?)y, por último estaban las copae, que atendían en tabernas y bares.
Bibliografia consultada:
El sexo y el amor en la historia. Suplemento de la revista Muy Interesante No 278, Mayo del 2004. G y J ediciones, Madrid.

Ver: Hera , diosa madre

Pene pequeño

En pene pequeño cuento una odisea que cualquier varón puede vivir en términos del tamaño de su pene. Post que migra desde un blog anterior.

Mamá, tengo el pene pequeño, le dije aquel día. Mamá no me hizo mayor caso, solo musitó: “relajese mijito, ya crecerá”. Eso fue cuando cumplí 8 años. Llegados los doce, mi prima entró a la ducha cuando me estaba cambiando después de un duchazo me miró desnudo, se detuvo unos estudiados segundos escrutándo mi miembro viril y me dijo picaronamente: primo, tiene el pene pequeño (mentiras, dijo textualmente, el cacao). Recuerdo que ese día ni corto ni perezoso me subí a la alcoba de mis tías, me empeloté frente al espejo cuerpo entero, estudié el tamaño de mi pene, de perfil, de frente, cogí un metro de sastrería que tenía mi abuelita sobre la máquina de coser Singer (de esas de pedal que ya no se ven ni mucho menos se usan), agarré mi achantado (o avergonzado, como prefieran) penecito y lo medí, de largo y en derredor. Tuve las novias que fueron menester tener y cuando tuve mi primera relación sexual, nadie me dijo nada, o sea que asumí que mi pene era de tamaño normal…Tuve acceso con los años a los videos pornográficos (que alce la mano el primero que no haya visto uno asi solo sea por curiosidad…)y miraba el tamaño descomunal de los penes de los protagonistas, y mentalmente los comparaba con el mío y …pues…la verdad…salía perdiendo, me sentía estafado…Pues me puse a investigar y aquí están las conclusiones que obtuve sobre si mi pene era o no demasiado pequeño:
Para empezar, esas cucharachas intelectuales que le meten a uno sobre el tamaño del pene de los varones de raza negra, es en general un sofisma de distracción. El tamaño del pene en erección es directamente proporcional a las capacidades de elasticidad del mismo. Hay penes que en estado flácido miden 8 cms y en erección alcanzan el doble, así como hay penes que en estado de reposo miden 11 cms y en erección alcanzan solo 12 o 13 ms… (Y yo desconfiando de los 18 cm que me regalo la madre naturaleza- cuando está alegrón y bullanguero el dichoso pene-). O sea que un pene grande cuando está flácido no necesariamente es un pene grande cuando está erecto y viceversa[1].
¿Y como se mide técnicamente el pene para determinar si es grande, pequeño o sencillamente “normal”?
Permítaseme recapitular, antes, al respecto unos apartes interesantes.
Un estudio ejecutado en el año de 1899 por el Dr Loeb, en Alemania, estudiando el caso en 50 individuos, obtuvo que en promedio el pene en flacidez, medía 9,5 cms.
Kinsey, en 1948, sobre una población de 2.770 varones, señaló que el pene promedio en falcidez de los señores, medía 9,7 cms, mientras que el pene promedio en erección, medía 15 cms (al menos eso decían los encuestados, no porque el Dr Kinsey cogiera pene por pene a medirlos).
Wessells, en 1996 sobre un tamaño muestral de 80 hombres, señaló en promedio 8,6 cms en flacidez y 12,8 erecto.

Ahora bien, parte de la angustia de un varón sobre el tamaño de su pene está relacionado con el deseo de ser sexualmente idóneo y, dado que nuestra sociedad estima que “entre más grande, mejor”[2], se supone erróneamente que un pene grande dá más satisfacción sexual a una mujer. Patrañas. El tamaño del pene apenas afecta fisiológicamente a la mujer (ahora, psicológicamente tiene una relevancia gigantesca por norma general). ¿Verdad? Pues claro. Resulta que la vagina se adapta por igual a un pene erecto “grueso” o “delgado”; del mismo modo la longitud del pene es irrelevante (así determine la profundidad de la penetración vaginal), debido a que la parte interior de la vagina y el cérvix tienen pocas terminaciones nerviosas sensoriales.
Pero… ¿Por qué en los videos porno se ven esos penes tan grandes? A ver, todo depende del ángulo de enfoque o los primeros planos, de la selección de actores con penes grandes y otros factores, como la diferencia visual entre la perspectiva con uno ve sus genitales (que se ven chiquitos debido al angulo de enfoque) y la que se obtiene viendo el pene de otro en una pantalla.
Y para terminar este relato sobre el pene pequeño, nótese que todos los penes de los actores en una película porno, tienen el pubis depilado o corto el vello púbico, para hacerlos ver más largos (y además esos lentes de pescado….)
Luego cuando mi hijo me diga que tiene el pene pequeño, le diré sonriente: pequeño dijo, ¡cuales!!!!
Leer tambien: pene y tao, técnicas para la fellatio, disfunción eréctil,  erección
[1] El pene de la persona de color, en flacidez, tiene un promedio mayor que en individuos de raza blanca, india o mestiza. Pero sus tejidos son menos elásticos, luego el incremento en erección no es proporcional: un pene de una persona de color, que mida 12 cms en flacidez, puede tener en erección 14 o 16 cms en promedio.
[2]Es lo que nos venden los medios masivos de comunicación, mostrándonos los genitales del varón más grandes de lo corriente.

Tecnicas para la fellatio

Intentemos bosquejar algunas técnicas básicas eficientes para la fellatio. (Ahora no me vaya a decir que no sabe en qué consiste al fellatio…uhm…como que no saben…bueno yo tampoco sé mucho pero tiene que ver con el sexo oral que una mujer suministra a un hombre, mejor dicho, a succionar el pene). El asunto clave es recordar que no existen maneras correctas o incorrectas de hacer una felación pues todas las personas somos únicas en sentir, percibir y actuar; el quid del asunto radica en dar gusto a nuestra pareja, dependiendo del rol que estemos cumpliendo en la fellatio. Técnicas y posiciones no son cruciales frente a la actitud, la seguridad y las ganas con que hagan los actos de amor o de deseo. No obstante, se recomienda no perder de vista que el sexo debe ser divertido; en el momento que deje de serlo y se vuelva algo monótono, cansino o aburrido, o bien se intenta reavivar la pasión o se buscan otros horizontes. Lo mismo se aplica a la felación. Si usted como mujer no ha probado hacerle sexo oral a su pareja masculina por asco o repulsión, debería cuestionarse un poco respecto a los actos de amor, a las actuaciones que se hacen por gusto y ganas y aún sobre la limpieza o no de otras partes del cuerpo. El miembro viril es tan limpio como la boca de una persona (y no por ello son órganos muertos, es decir que están habitados por minúsculos seres vivos y bacterias) aunque el aseo de las zonas íntimas no está demás reiterarlo, es crucial para el pleno disfrute sexual. Detesto cuando hay malos olores…y qué no decir malos sabores (aunque también debo incluir texturas poco agradables al tacto, etc.). Si usted como mujer no ha probado la fellatio por hábitos culturales o familiares, intente curiosear practicarlo como un acto de amor, de desprendimiento y porqué no de placer propio (no sabemos que vaya y termine gustándole; en últimas, de eso se trata, de disfrutar). Y si usted es el hombre y no ha sentido una felación o no le ha hecho una fellatio, por los motivos que sea, sepa que las sensaciones de un contacto placentero entre unos labios, una lengua y  una boca tibia sobre su pene, no tiene comparación, pues aún la misma penetración vaginal es otra cosa muy distinta.

Si ya como pareja se deciden a practicar la fellatio, pudiéramos hacer un sumario de las dos posiciones básicas para hacerla: una es la pareja masculina acostada de espaldas y relajada, otra pudiera ser, su pareja masculina de pié y usted como mujer inclinada o en cuclillas dándole sexo oral. Y a partir de ahí todas las variantes que su mente le sugiera.

Pero esto del la fellatio no tiene porqué ser un asunto ni sucio ni exclusivo de películas pornográficas. Es un acto de placer, de entrega, de confianza además, es un arte que se pule con la práctica y el parte aprendizaje de los gustos de nuestra pareja. ¿Cómo se empieza? Besando, acariciando el cuerpo del hombre, con la intensidad y ritmo que desee, ascendente o descendente, hasta llegar al miembro viril de su objeto de deseo, allí puede besar ligera o profundamente el pene de su hombre, acariciar con la punta de la lengua desde la base de los testículos hasta el glande (hay mujeres que prefieren insertarse el pene hasta lo profundo de sus bocas moviendo la boca hacia adelante y hacia atrás, es cuestión de creatividad y de aguante, si bien hay que recordar que las terminaciones nerviosas más sensibles del pene se encuentran es entre el glande y el frenillo…ah, pero como las sensaciones y el placer son básicamente mentales, vale la pena considerar la excitación que puede representar para un hombre sentir que su mujer absorbe su miembro viril con gusto y sin límites ).

Una fellatio es un acto de intimidad y de entrega absoluta, pues la entrepierna de él, su zona más sensible se encuentra a disposición y bajo el cuidado de su boca…una buena felación requiere básicamente es actitud y el clima emocional adecuado. ¿Y si eyacula en su boca? Será lo más natural, dadas las circunstancias, creo, es la consecuencia lógica de una estimulación ascendente en su sexualidad. ¿Qué hacer con el semen se preguntarán algunas? Tragarlo puede ser un acto de intimidad cumbre, un acto simbólico de pasión y entrega, un gusto cultural, que se puede aprender. A muchas mujeres la sensación de latir, de pulsación del pene eyaculando, les gusta; a otras ver cómo expulsa con fuerza el líquido vital; hay otras a quienes les repugna la posibilidad de recibir en su boca el semen de un hombre ( como si no lo hubieran recibido nunca en su vagina y les gustara que rociara sus entrañas). El asunto es que dicen algunas amigas mías que este no sabe a miel pero tampoco es desagradable su sabor. Sería como menospreciar el sabor, sin haber probado nunca, de la leche materna. La textura puede ser semejante a la clara de un huevo crudo; su sabor puede ser un poco salado, dicho por un par de mujeres con quienes tengo confianza para preguntarles.

Alrededor del 50% de las mujeres realizan una felación en su vida; al 30-35 % de este segmento les resulta placentero; el resto considera que puede vivir sin hacer una fellatio. Pero ojo, a la mayoría de mujeres les gusta el sexo oral hacia su hombre como complemento a una cunningulis (sexo oral del hombre hacia la mujer) e inclusive a que les hagan el amor, otras prefieran ejecutarla como una maniobra progresiva de excitación sexual de su hombre para disponerlo hacia la cópula respectiva.

Lo que hagan o dejen de hacer durante una fellatio es directamente proporcional al grado de excitación de ustedes como pareja teniendo intimidad.

Ver: pene y tao , intercambio de parejas, fantasías sexuales, budismo tántrico , material erótico

I ching y sexo

I ching y sexo, enseñanzas sempiternas de un clásico de la literatura mundial para los amantes y parejas que comparten su intimidad como culminación de su amor y como cumplimiento de vida. Dentro del I ching se asume que el el hexagrama 63, chi chi, tras la consumación (arriba K’ an, el agua/mujer/nubes; abajo Li, el fuego/hombre/luz) o después del cumplimiento: literalmente el yin sobre el yang, un recipiente de agua hirviendo sobre la candela, donde el varón debe hacer que dure la flama y la leña que alimenta el fuego, pues de no ser así el agua puede quedar tibia; en los juegos amorosos según el I ching, se trata de lograr que una alta temperatura sostenida mantenga al líquido en constante ebullición. Si el fuego es intenso, el agua avanza y el fuego sigue; si el vapor es grande, el agua se agota.

Mirando la línea 2 del hexagrama leemos que la mujer pierde la cortina que cubre la ventana de su vehículo pero que siete días después la recupera: No es el momento de empujar; saber desistir ahora llevará más tarde a una justa realización.

I ching y sexo, un recordatorio que en las artes amatorias, al menos para los orientales y taoístas, es preferible un largo y prolongado orgasmo en pareja, que 30 segundos de felicidad no compartida.

Ver: erección, sexo meditativo, disfunción eréctil, I ching, yin yang,

Sexo meditativo

El sexo meditativo suele ser sinónimo de tantra, esa herramienta sofisticada para liberar el potencial de las parejas en pos de multi-orgasmos y plenitud amorosa. Siendo el cuerpo un receptáculo sagrado, un verdadero templo, una puerta que conduce hacia la liberación, vale la pena valorarlo en su justa dimensión, alejando las ideas que miran el deseo como algo nefasto y a la sexualidad como una necesidad biológica centrada tan solo en procrear. El sexo puede ser algo trascendente, único y mágico. Y no se trata de ser machistas ni feministas, se trata de asimilar que la vida en sí tiene un componente femenino importante y sagrado, que merece respeto, atención y estímulo.

Ver: budismo tántrico, erección, disfunción erectil, fantasias sexuales, dia del orgasmo femenino, material erotico, amantes famosas, intercambio de parejas