Saros 140

¿Que es el ciclo saros 140? Antes de responder y para mayor claridad en los conceptos, digamos que ciclo puede ser sinónimo de series en este contexto.Volvamos a nuestro cometido.
El ciclo lunar y solar saros 140 corresponde a un periodo de tiempo de aproximadamente 6,585.3 días, que pudiéramos expresarlo también como 18 años,11 días y 8 horas. Leer mas“Saros 140” »

El sol 2012

Llegó el turno de hablar sobre el sol 2012. Muchos ríos de tinta han corrido respecto a los temas apocalípticos y nosotros no podemos ser ajenos a ello. De ahí que deseemos recalcar la actividad solar de este año en particular, para tratar de persuadir a mucha gente que anda nerviosa respecto a un posible fin de lo tiempos por vientos o llamaradas solares sobre la tierra.

Resulta que el sol tiene ciclos de 11 años y este, el 2012 será el último del ciclo (aunque mediciones de la Nasa la ubican en mayo 2013), el llamado máximo solar, por lo que es lógico que hayan llamaradas y vientos solares fuertes, como los hubo en 2003 por ejemplo (y aquí seguimos dando de qué hablar, con más chance de acabar el planeta por nuestros propios medios que por un fenómeno natural ajeno a la voluntad humana). La gente sigue asociando los escenarios apocalípticos de la biblia con fuego y azufre y mentalmente lo asocian al sol o a algún fenómeno volcánico o celestial en general.
Recalquemos que la tierra posee una excelente protección frente al magnetismo solar y a los posibles efectos del viento solar y los rayos x (viajan a la velocidad de la luz) que emanan del mismo. De no ser así, la tierra, en su evolución no habría sobrevivido; creció, por así decirlo, en un entorno radioactivo. Nuestro escudo habitual es la ionosfera (que absorbe las radiaciones como tales); como recordarán la ionosfera es la parte de nuestra atmósfera cargada con iones; pero también lo es la magnetosfera. Generalmente cuando hay picos de emisión de radiación solar, hay problemas de comunicaciones (radares, celulares, gps,internet) y de interferencia de ondas de radio,problemas con las líneas eléctricas, algo pasajero.

Las eyecciones de masa coronal (llamaradas solares) viajan en cambio a unos 3.2 millones de kilómetros por hora. Si la polaridad de la magnetosfera y del campo magnético del sol se alinean en el mismo sentido, estas llamaradas son repelidas por la magnetosfera terrestre. Si por el contrario las polaridades del campo magnético apuntan en distintos sentidos, entonces el campo magnético del sol se une temporalmente con el de la tierra causando un fenómeno espectacular como son las auroras. Habrá un poco de radiación extra en las capas superiores de la atmósfera, con mucho peligro para los astronautas desprotegidos y satélites mal acondicionados para resistir este tipo de fenómenos.
En los registros astronómicos no existe reporte de llamaradas mortales para la vida en la tierra en varios miles de años.Este escenario sería viable en otro tipo de estrella, no en una estrella moribunda (que se va quedando sin combustible) como puede ser nuestro sol.
Un dato histórico. El 1 de septiembre de 1859 (el evento Carrington) hubo una super llamarada solar, documentada por la Royal Astronomical Society. Las auroras fueron visibles aún en el trópico (lo normal es que sean visibles en los polos); los telégrafos se enloquecieron debido a la tormenta geomagnética.
Todos los datos anteriores para decir en resumen, que no se espera que en 2012 una llamarada o tormenta solar sea la culpable de la extinción de la vida en el planeta tierra como predicen muchos agoreros. Al menos es la conclusión de los datos científicos disponibles.
Ver también: solsticio diciembre 2012, horoscopo chino 2012

Johannes Kepler

Johannes Kepler fue un astrónomo, matemático y físico alemán, descubridor de las leyes del movimiento planetario[1], nacido en Würtemburg[2] (Weil ders tadt[3]), en diciembre 27 de 1571, hijo -hemofílico y miope- de un soldado de fortuna[4], Heinrich Kepler, y de Katherine Guldemann, su mujer[5], que lo seguía en la guerra.
Kepler, tras cursar sus estudios en la escuela popular del convento de Maulbronn, una beca le permite estudiar[6], de los 13 a los 16 años, en el seminario de Tubinga, de estirpe luterana. A los 20, se gradúa en la universidad de Tubinga[7] y estudia luego teología, que abandona[8] por un puesto de matemático y astrónomo en el seminario protestante (luterano) de Graz, que se le ofrece en 1594 ([9]). Se dedica inicialmente a las predicciones astrológicas y a los horóscopos, pese a considerarlos «sortilegios y hechicerías», pero concibe al mismo tiempo la posibilidad de una nueva astronomía, cosa que persigue, en un primer momento, por la vía del misterio y de los símbolos.
La publicación de Mysterium Cosmographicum[10] (1595-1596), atrae la atención del astrónomo danés Tycho Brahe, quien lo invitó a Praga y le sucedería como astrónomo imperial para el emperador Rodolfo II en 1601 ([11]).En dicha obra que, aunque de carácter simbólico muestra genialidad, Kepler intenta mostrar la relación existente entre las distancias de los planetas al Sol y el tiempo de rotación, que no era simplemente proporcional a la distancia, sino mayor, dado que al aumentar la distancia disminuía la velocidad. Cree descubrir la ley estableciendo una relación entre los sólidos regulares platónicos y las distancias de los planetas al Sol, inscribiendo estos sólidos en sucesivas esferas: cubo, tetraedro, dodecaedro, icosaedro y octaedro[12], de modo que la esfera de Saturno quedaba circunscrita a un cubo en el que se inscribía la esfera de Júpiter, que circunscribía el tetraedro, etc. Siguiendo este orden: Saturno -Cubo-Júpiter -Tetraedro- Marte -Dodecaedro- Tierra -Icosaedro- Venus -Octaedro- Mercurio.
Esta obra, pese a su apariencia místico-pitagórica, era la primera aceptación pública y argumentada del sistema de Copérnico, hecha por un astrónomo; partía del supuesto, en su primera parte, de que, puesto que el mundo es perfecto y no existen sino cinco sólidos perfectos, debía haber una relación entre una cosa y otra. Pero la segunda parte de la obra intenta probar con demostraciones geométricas el planteamiento que considera sólo «probable» de la circunscripción de las órbitas según los sólidos regulares y del giro de la Tierra en torno al Sol, y estas demostraciones matemáticas se consideran el semillero de la nueva teoría astronómica que él mismo iba a fundar[13].
Algunos años después adquirió el innovador libro de William Gilbert’s llamado “De Magnete, Magneticisque Corporibus, de Magno Magnete Tellure de et (1600; “Sobre el imán, los cuerpos magnéticos, y el gran imán, la tierra”), y Kepler inmediatamente asume la teoría de Gilbert, que la tierra es un imán. De esto Kepler generalizaba su opinión de que el universo era un sistema de cuerpos magnéticos en el que, con polos semejantes correspondientes repeliéndose y a polos semejantes atrayéndose, el girar del sol arrastraba los planetas consigo. La fuerza solar, atenuándose inversamente con la distancia de los planos orbitales, era el principio físico más importante que guió la formulación de Kepler en su tarea de mejorar la teoría orbital para explicar las excentricidades de Marte.
La primer publicación de Kepler como matemático imperial de fue una obra que rompió con los principios teóricos de la astrología de Tolomeo, llamada De Fundamentis Astrologiae Certioribus (1601; con respecto a los más ciertos fundamentos de astrología), esta obra propuso hacer astrología “Más segura” basándola en los nuevos principios físicos y armónicos. La relativamente gran libertad intelectual posible en el tribunal de Rodolfo fue aumentada por la herencia inesperada de un recurso crítico de Kepler: las observaciones de Tycho. En vida Tycho había sido parco en compartir sus observaciones con Kepler. Pero Kepler era en última instancia capaz trabajar con los datos exactos de su maestro con un margen de error mínimo. Sin estos datos para apoyar su hipótesis solar, le habría sido imposible descubrir su “Primera ley” (1605), que Marte se mueve en una órbita elíptica. En octubre de1604 había notado una nueva estrella[14], no mucho después de percibir una conjunción de Júpiter y Saturno (que suceden cada veinte años) en 1603. Kepler usó la ocasión para dar pronósticos prácticos como el fracaso del Islam o el regreso de Cristo.

Su gran obra de astronomía, Nueva astronomía o Física del cielo (1609), señala el inicio de la astronomía moderna. Presenta las dos primeras leyes de Kepler (la tercera la publicará en Harmonices Mundi, 1619;). Atribuye el movimiento del sistema solar a una fuerza «magnética y material muy simple», que ejerce el Sol sobre los planetas. Al año siguiente puede enterarse de los descubrimientos que Galileo lleva a cabo con su telescopio, y que narra en el Sidereus Nuncius[15] (1610), y acerca de los cuales Galileo le pide la opinión. Sobre estas observaciones escribe Kepler “Conversación con el mensajero sideral”[16], como carta (laudatoria y retórica) a Galileo. En septiembre de este mismo año, gracias al telescopio prestado por un matemático imperial, pudo Kepler contemplar los planetas medíceos. Sobre ello escribió Informe de las observaciones de los cuatro satélites errantes de Júpiter, primer reconocimiento oficial que un astrónomo hacía de los descubrimientos de Galileo. Éste, en cambio, ignoró hasta el fin de sus días las leyes de Kepler. Dioptrice (1610), que quiere decir «refracción», es la obra en la que Kepler, completando una obra anterior, Ad Vitellionem paralipomena (1604), desarrolla correctamente los principios de la óptica geométrica e instrumental, aunque sin llegar a formular la ley de la refracción de la luz.
En 1611, su esposa Bárbara enfermó (y murió un año más tarde) y sus tres hijos contrajeron viruela, muriendo uno de ellos. Al morir el emperador Rodolfo, iniciadas ya las luchas intestinas entre los Habsburgo, que darán lugar a la Guerra de los Treinta Años, se traslada a Linz, en Austria, con el cargo de matemático provincial[17]. Allí tuvo que soportar el ominoso proceso por brujería iniciado contra su madre, que se hallaba en Leonberg, población cercana a su ciudad natal de Weilderstad, y que duró de 1615 a 1621, cuando fue exonerada. Su madre murió poco después de terminado el proceso.
En esta época, Kepler escribe Harmonices Mundi Libri V (1619), obra en que intenta la síntesis final de su visión cosmológica: la armonía -en el más puro sentido pitagórico- total entre la geometría, la música y la astronomía. En ella formula la tercera ley de Kepler (ver cita). Publica todavía un comentario al sistema copernicano, con el título de Epitome Astronomiae Copernicanae (1621), y las Tablas Rudolfinas, obra de astronomía práctica, útiles para el astrónomo y el astrólogo y como calendario y guía para la navegación, que según testimonio del propio Kepler estuvo construyendo durante 22 años y que tras numerosas dificultades de impresión logró tener dispuestas para el mercado anual del libro de la Feria de Francfort de 1627 ([18]). En ellas utiliza muchos de los datos observacionales registrados por Tycho Brahe. Aún añade a este conjunto de obras Somnium, inacabado y asombroso sueño de un viaje a la Luna.
Murió Kepler en Ratisbona (el 15 de noviembre de 1630), en el viaje que emprende hacia Leipzig, cargado de libros, pero sin su segunda mujer ni los hijos, en plena Guerra de los Treinta Años, en busca del dinero que le debía el emperador. Su tumba fue arrasada durante dicho conflicto, pero el epitafio que escribió para sí mismo sobrevivió: «Solía medir los cielos, ahora mediré las sombras de la tierra. Aunque mi alma era del cielo, la sombra de mi cuerpo está tendida aquí»[19]
[1] Realmente se le puede catalogar como el fundador de la astronomía moderna.
Las tres leyes son: Primera ley, la ley de la elipse; cada órbita planetaria es una elipse con el sol en uno de sus focos, trayendo como consecuencia que la distancia del planeta varía a lo largo de la órbita.
Segunda ley, la ley de las áreas; una línea trazada desde un planeta la sol barre áreas iguales en tiempos iguales, trayendo como consecuencia que la velocidad de desplazamiento sea desigual, a mayor distancia del sol, menor velocidad.
Tercera ley, el cuadrado del periodo de un planeta es directamente proporcional al cubo de su distancia media al sol. A mayor órbita solar, menor velocidad de desplazamiento del planeta.
[2] O Württemberg.
[3] Cerca de Stuttgart.
[4] Un mercenario que sirvió por dinero en las huestes del duque de Alba y desapareció en el exilio en 1589.
[5] De quien se sospechaba practicaba la brujería.
[6] Antes de eso y debido a la pobreza familiar se ve impelido a dejar de estudiar temporalmente y a trabajar en el campo aun a pesar de su débil físico. En el medieval siglo XVI no había ninguna comunidad científica; la educación estaba bajo el control de la iglesia, tanto católica como protestante (en el caso de Alemania), asegurando de esta forma la lealtad de sus respectivos seguidores. Se esperaba que los niños allí graduados se convirtieran en maestros, ministros o funcionarios del Estado. Kepler planeaba hacerse teólogo.
[7] También ayudó que, en Tübingen, el catedrático de matemática era Michael Maestlin – Mästlin -(1550 – 1631), uno de los astrónomos más talentosos en Alemania. Maestlin había sido un pastor luterano una vez; también era, en privado, uno de los pocos partidarios de la teoría de Copérnico en el siglo XVI, aunque era muy cauteloso al expresar sus opiniones. Maestlin prestó su propia copia, en exceso comentada, del libro de Copérnico de 1543, De revolutionibus orbium coelestium libri vi (“Seis libros con respecto a las revoluciones de las esferas divinas”) a Kepler.
[8] Su estilo de vida no le satisfacía y en tanto estudiaba las estrellas.
[9] Kepler creía que si bien la naturaleza era el libro donde la divinidad escribía su plan en símbolos matemáticos, habían ideas sobresalientes. Una de estas ideas fuerza de Kepler era la representación de la Trinidad cristiana como una esfera geométrica (el mundo sería reflejo de este misterio divino), donde el padre era el centro, el hijo la circunferencia y el espíritu santo el aire entre ellos.
Si bien creía que la biblia no debía ser tomada literalmente, tuvo conflicto por igual con los católicos, luteranos y Calvinistas, que pretendían por igual tenerlo entre sus prosélitos, dado su particular punto de vista religioso.
[10] Misterio Cosmográfico.
[11] En 1598, unos meses después de aceptar un matrimonio por conveniencia, el edicto del archiduque Fernando contra los maestros protestantes le obligó a abandonar Austria y en 1600 se trasladó a Praga-realmente a sus alrededores, al castillo Benátky (aprovechando el viaje del barón Hoffmann, de Graz a Praga, que le recibió en su séquito el 1 de enero de 1600), aceptando la invitación de Brahe (quien le encargó la misión de investigar la excentricidad de la órbita de Marte), quien un año más tarde fallecería, Kepler lo sustituyó, con el encargo de acabar las tablas astronómicas iniciadas por Brahe y en calidad de consejero astrológico, función a la que recurrió con frecuencia para ganarse la vida.
[12] Kepler sabía por Euclides que los poliedros regulares no podían ser más que cinco.
[13] La obra de Kepler rompería con la noción griega antigua del movimiento planetario circular uniforme (dogma de Aristóteles). El Dios de Kepler, sin embargo, era no sólo ordenado sino también activo. En lugar de la tradición de que las almas incorpóreas individuales empujan los planetas y en lugar del sol pasivo y en descanso de Copérnico, Kepler postuló la hipótesis de que una sol fuerza la del sol explicaba los períodos cada vez más largos del movimiento cuando las distancias planetarias aumentan. Kepler no tenía una descripción matemática exacta aún para esta relación, pero intuyó una conexión.
[14] Hoy en día sabemos que es una supernova. Sus observaciones las publicó en 1606 en su obra De Stella Nova.
[15] El mensajero sideral.
[16] Dissertatio cum nuncio Sidereo, 1610; el primero de tres tratados. Los otros fueron un tratado teórico sobre la óptica del telescopio (Dioptrice, 1611) y el tercero estaba basado en sus propias observaciones de Júpiter llamado Narratio de Jovis Satellitibus (1611). Estas obras fueron un soporte importante para los descubrimientos de Galileo.
[17] Kepler permanece en Praga hasta 1612, año de la muerte de Rodolfo II. En este tiempo funda la óptica -que llamó dióptrica- y la astronomía física.
Kepler esperaba regresar a un trabajo académico en Tübingen, pero había resistencia en el cuerpo docente de teología por las amistades tanto calvinistas como católicas de Johannes.
[18] En 1613 se había vuelto a casar, esta vez con Susanna Reuttinger. De este matrimonio, cinco de sus siete niños morirían en la infancia. Además fue excluido de la denominación Luterana. En 1625 las autoridades católicas retuvieron su biblioteca.
En 1627 Kepler encontró un nuevo patrocinador, Albert Von Wallenstein, general imperial quien lo envía a Silesia y mandó construir una imprenta para él. A cambio de eso Kepler debía elaborar periódicamente horóscopos para él. No obstante su mecenas, en agosto de 1630 pierde su cargo de Comandante y es asesinado en marzo de 1634.
[19] Bibliografía consultada:
Kepler Johannes, Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Kepler, Johannes. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
Daintith John. Kepler Johannes, Kepler’s laws. A Dictionary of Science (Oxford Paperback Reference), Oxford University Press. USA, 2005.
Ravindra Ravi (1987). Kepler Johannes. In Lindsay Jones (Editor in Chief), Encyclopedia of Religion, Second edition 2005. Thomson Gale, a part of The Thomson Corporation.

Galileo Galilei

Galileo Galilei (1564-1642).
Matemático, físico, astrónomo y filósofo italiano, nacido en Pisa[1]. El principal iniciador de la revolución científica y de la ciencia moderna. A los 10 años su familia se traslada a Florencia, donde se instala[2]. Estudia medicina, por voluntad paterna, en la universidad de Pisa[3], pero su verdadero interés lo constituyen las matemáticas, cuyo estudio inicia, hacia 1584, con Ostilio Ricci, discípulo de Nicola Tartaglia[4], y sus aplicaciones a la física, como manifiesta su primer estudio sobre hidrostática, publicado en 1586 con el título de La Bilancetta [La balancita][5]; mientras, da clases particulares de matemáticas en Florencia y Siena.
En 1589, es nombrado profesor de matemáticas en la universidad de Pisa[6]; da clases particulares para completar un sueldo misérrimo[7], y redacta su primer escrito sobre el movimiento de los cuerpos, De motu, de contenido aristotélico, aunque crítico y bajo la influencia de la física de Arquímedes[8]. Por esta época inicia investigaciones experimentales y observa el comportamiento de cuerpos en caída libre[9] (la tradición dirá desde la torre inclinada de Pisa).
En Junio de 1591 fallece su padre, Vicenzo Galilei[10], convirtiéndose entonces en el jefe de la familia, debiendo asumir las grandes deudas contraídas, como la dote su hermana Virginia, que ascendía a 3.000 coronas, cuando el total de sus ingresos anuales no llegaba a 500.
En 1592 obtiene la cátedra de matemáticas en la universidad de Padua (en Venecia)[11] y mejora su situación económica[12] por el mayor número de clases privadas que se le ofrecen al estar cerca de Venecia y, al igual que Kepler, se dedica a escribir horóscopos, en los que no cree. Inventa el compás geométrico y militar (círculo proporcional)[13] y redacta un tratado que explica su empleo y explota su comercialización; escribe un tratado sobre fortificaciones y un tratado de cosmografía ptolemaica.
Durante el verano de 1593 Galileo Galilei adquiere un grave catarro, complicado con fiebre y tos; dura quince días en curarse pero le quedan secuelas de una artritis y otras dolencias crónicas que le acompañaron toda la vida. Fue gracias a los buenos oficios de Girolamo Fabricio, uno de los catedráticos de medicina de la Universidad de Padua que su situación médica no pasó a mayores.
En 1597, en sendas cartas a Jacopo Mazzoni y a Kepler, se declara copernicano convencido. La noticia de la aparición de una estrella «nova», el 9 de octubre de 1604, señala el comienzo de su interés por la astronomía. Da tres conferencias sobre el significado antiaristotélico que aquella aparición encerraba y sus opiniones son criticadas anónimamente por Cesare Cremonini, colega suyo en la universidad[14], que defiende una interpretación totalmente aristotélica del fenómeno. Contra él escribe una dura réplica, pero los sucesos astronómicos no confirman sus hipótesis, y Galileo deja de interesarse momentáneamente por la astronomía copernicana. Reemprende la discusión, en 1606, contra un escrito de Ludovico delle Colombe[15], que comenta la aparición de «nova» en sentido aristotélico. En esta discusión el tal delle Colombe menciona la existencia de una lente con la que se podía observar estrellas.[16]

En 1609 -año en que desarrolla una prueba correcta de la ley de la gravitación y estudia los principios de la mecánica y la resistencia de los materiales- le llegan noticias sobre la existencia del telescopio [17]. Se construye uno [18], con el que examina el cielo en busca de pruebas contra la astronomía aristotélica. Observa la existencia de montañas en la Luna, multitud de estrellas invisibles a simple vista, los planetas medíceos [19] (lunas de Júpiter) y, más adelante, la apariencia tricorpórea de Saturno, la presencia de manchas solares y las fases de Venus. La observación de los astros medíceos representa la primera defensa pública de la teoría de Copérnico. Los resultados expuestos y publicados en Sidereus Nuncius[20] (1610)[21] -que dedica al Gran Duque de Toscana, Cosme II de Médicis, cosa que facilita su nombramiento como primer matemático de Pisa y primer matemático del Gran Duque de Toscana, con un sueldo ya considerable de mil escudos florentinos-, levantan duras reacciones en contra por parte de filósofos aristotélicos y astrónomos, que ridiculizan las observaciones como ilusiones ópticas o engaños [22]. Kepler, la excepción, muestra entusiasmo por los descubrimientos y los cree verdaderos; y así se lo hace saber a Galileo. El descubrimiento, sobre todo, de las fases de Venus lo considera Galileo como una prueba concluyente de los giros de Venus en torno al Sol y como una corroboración del sistema de Copérnico; a este argumento añade, para mayor probabilidad, el de los eclipses de los planetas de Júpiter, el cálculo de las velocidades y distancias de los planetas al Sol y, en último término, hacia 1616, el argumento (erróneo) de las mareas.
Enormemente interesado tanto en desacreditar la física aristotélica como en acreditar la verdad del copernicanismo, inicia una intensa campaña de difusión de sus descubrimientos. Su oposición al aristotelismo se convierte en un conflicto entre la ciencia y la fe, paradigma de todos los conflictos similares posteriores. Cuando Galileo llega a Roma el 1 de abril de 1611, es recibido con honores por el papa Pablo V, es nombrado miembro de la Accademia dei Lincei[23] y los jesuitas astrónomos y matemáticos del Collegio Romano celebran su llegada. El cardenal Bellarmino [24] pide informes a Christopher Clavius[25] sobre la fidelidad de las observaciones. El cardenal Maffeo Barberini alaba públicamente a Galileo (más adelante, como Urbano VIII papa, será su peor adversario). Galileo cuenta, además, con algún que otro discípulo directo o amigo, como Benedetto Castelli y Piero Dini. Algunos liberales, como Cremonini se oponen a las experiencias y observaciones de Galileo, sólo por fidelidad a sus principios de siempre. Frente a Galileo hay, no obstante, un ejército de aristotélicos de no demasiada categoría, cerriles y dogmáticos, dispuestos a lanzarle encima la Santa Inquisición a la mínima sospecha de herejía. El 14 de diciembre de 1613, Benedetto Castelli, matemático de Pisa y discípulo y amigo de Galileo, escribe a éste acerca de una reunión a la que asiste, junto con filósofos y teólogos, en la Corte del Gran Duque de Toscana, donde se le plantea, en pregunta directa hecha por la Gran Duquesa, la cuestión de si las doctrinas copernicanas están o no de acuerdo con las Escrituras. Castelli opina que las cosas científicas deben solucionarse por vías exclusivamente científicas.
Galileo le contesta con su carta del 21 de diciembre de 1613, abundando en estas razones. Tras afirmar, como declaración de principios, que las Sagradas Escrituras no pueden equivocarse, sostiene que sólo pueden hacerlo quienes las interpretan ateniéndose a un sentido literal; el sentido literal hay que dejarlo exclusivamente a los asuntos que son de fe («ex fide»); para el resto de cosas, que la «experiencia sensible» o las «demostraciones necesarias» hacen evidente o verdadero, no debe acudirse a la Escritura para mostrar una posible discordancia: como dos verdades no pueden contradecirse, quienes interpretan la Escritura han de hallar, para estos asuntos que no son de fe, el verdadero sentido de acuerdo con las conclusiones de la experiencia o de la razón; que nadie comprometa, pues, a la Escritura con interpretaciones que puedan oponerse a la ciencia; que quien acuda a ella se limite a cuestiones de fe. Se remite, luego, al conocido pasaje de Josué (10, 12-13)[26], no para demostrar que no ha de entenderse literalmente, sino para observar que, si se interpreta en sentido literal, sólo la hipótesis copernicana hace inteligible el texto; en la hipótesis ptolemaica, detener el sol significaría acortar el tiempo del ocaso. Los acontecimientos complican la situación. Galileo añade a esta carta otras: dos a Piero Dini y una última Carta a la gran duquesa Cristina (hacia 1615); el conjunto de ellas recibe el nombre de Cartas copernicanas, y representa el primer conflicto entre heliocentrismo y religión. En la Carta a la gran duquesa Cristina defiende claramente la hipótesis heliocéntrica y a su autor Copérnico contra quienes aducen que esta teoría va en contra de varios pasajes de la Biblia. Afirma, de nuevo, que la Escritura es infalible en cosas de fe, y que no siempre ha de entenderse en sentido literal, pero que, en cuestiones de «experiencias sensibles y demostraciones necesarias», no ha de comenzar por consultarse el sentido literal de la Escritura. Concede, no obstante, más que en la carta a Castelli: no es preciso reservar a la Escritura sólo lo que es de fe, también se le puede conceder superioridad de opinión en aquellas cosas humanas que no pretendan ser un saber demostrativo; pero éste no es el caso de la astronomía, para la que Dios, autor de todas las verdades, nos ha dado ojos y razón. A la Escritura no le importa precisar si el cielo se mueve o no, o si la tierra es una esfera o un plano; le importa enseñar cómo se va al cielo, no cómo va el cielo. En ningún modo ha de permitirse que nadie comprometa el sentido de los textos de la Escritura, máxime en cuestiones tan discutidas desde Pitágoras a Copérnico; que autores de poca monta se atrevan a aducir la Escritura en contra de opiniones científicamente fundadas, como son sus propios descubrimientos astronómicos, para obligar a defender como verdaderas opiniones que van en contra de la ciencia, supone sin más anular la posibilidad de toda ciencia y del mismo espíritu científico. Admite Galileo que puede no haber consenso entre la razón y las Escrituras, pero en este caso hay que distinguir: si se trata de afirmaciones probadas por la razón, son los teólogos quienes han de indagar cómo hay que interpretar la Escritura; si se trata de afirmaciones que «simplemente son enseñadas» y que pueden ser contrarias a la Biblia, tales afirmaciones se considerarán falsas. Sólo es condenable lo que no está demostrado como necesario; a los teólogos, incumbe, pues, no a los científicos probar que lo que la ciencia dice (si se opone a la Escritura) en realidad no está necesariamente demostrado. Galileo está reclamando la libertad de pensamiento intelectual y la autonomía de la ciencia respecto de la fe. Ha desplazado, en expresión de Arthur Koestler, el «peso de la prueba»; son los teólogos, no él, quienes deben probar que no hay suficientes argumentos en favor del copernicanismo. Para Galileo sí los había: en realidad, los estaba buscando frenéticamente, y creyó tener el definitivo con su teoría sobre la mareas (1616).El programa intelectual de Galileo choca de frente con las autoridades eclesiásticas. Galileo es condenado por la Inquisición, pero los hechos, la ciencia y la historia le han dado la razón. El 24 de febrero de 1616, una comisión del Santo Oficio descalifica la afirmación de que el sol sea el centro del mundo y esté quieto y que la tierra no sea el centro del mundo y se mueva, y el 5 de marzo de 1616 la Congregación del Santo Oficio declara acerca de la «falsa doctrina pitagórica» contraria a la Sagrada Escritura, a saber, que la tierra se mueve y que el sol está quieto, enseñada por Nicolás Copérnico, que el libro De revolutionibus, en que se expone, ha de considerarse suspendido de publicación -puesto en el Índice de libros prohibidos- mientras no se corrija, así como se prohíbe, condena y suspende todo libro o doctrina que hable en idéntico sentido.El papa ordena al cardenal Bellarmino que advierta a Galileo que abandone sus puntos de vista copernicanos (26 de febrero de 1616; ver cita). El silencio de Galileo dura hasta 1623 -sólo anónimamente interrumpido por la discusión con los jesuitas del Collegio Romano sobre los cometas de 1618, cuya explicación Galileo refuta, utilizando el nombre de un amigo suyo, Mario Guiducci- cuando, electo ya papa el cardenal Maffeo Barberini, con el nombre de Urbano VIII, los tiempos parece que en principio han de mejorar; publica El ensayador (1623), que dedica al nuevo papa, y mantiene con él sucesivas y amistosas entrevistas. En 1624 escribe una Réplica a Ingoli, anticopernicano, por aquellas fechas nombrado secretario de la Congregación de Propaganda Fide, pero se le desaconseja su publicación. Galileo escribe El ensayador con la única finalidad de desprestigiar el sistema de Tycho-Brahe, defendido y difundido por los jesuitas del Collegio Romano como vía de compromiso: no era aristotélico y no contradecía a la Biblia; la ocasión se la brinda el libro del jesuita Orazio[27] Grassi, quien, con el seudónimo de «Sarsi», publica Libra astronomica ac philosophica (con el equívoco buscado entre «libros» y «balanza»). En él, aparte de una desastrosa hipótesis sobre los cometas, se halla la profesión de fe de Galileo en la ciencia moderna y la descripción de sus características: aquella que sabe leer el libro de la naturaleza escrito en lenguaje matemático.

Por esta misma época Galileo empieza a trabajar en lo que será su defensa más paladina del sistema copernicano, el Diálogo, aconsejado por el mismo papa Urbano VIII que le reclama que exponga sus ideas cosmológicas por escrito, observando, claro está, el decreto de 1616. El libro lo termina en 1630 pero no aparece, tras diversos problemas de censura e imprenta, hasta el 21 de febrero de 1632, en Florencia [28]. De sus tres personajes, Simplicio y Salviati, defienden respectivamente el sistema aristotélico y el copernicano, mientras que Sagredo, es la persona de buen juicio que media entre uno y otro. El libro está escrito en italiano porque se dirige al público culto en general y trata de atraer al lector a la teoría heliocéntrica, que presenta como más correcta.
Simplicio es el personaje tradicional y aristotélico que aduce razones propuestas por filósofos de la época y hasta expone un argumento utilizado por el propio Urbano VIII; el detalle fue aprovechado por los enemigos de Galileo, que argumentan que lo «pone en boca de un bobalicón». La argumentación a favor del sistema copernicano, que enfrenta al ptolemaico, debe hacerla Galileo ex suppositione, esto es, como si se tratara de una simple hipótesis matemática de los movimientos planetarios. Sea porque tal planteamiento hipotético pareció a las autoridades eclesiásticas un mero artificio de disimulación de una verdadera defensa del copernicanismo, sea que en verdad el papa Urbano VIII se sintiera caricaturizado por Galileo al poner éste en boca de Simplicio una opinión suya, o por todo esto y otras muchas razones más, Galileo es juzgado y condenado; el castigo implica la abjuración de la teoría heliocéntrica, la prohibición del Diálogo, la privación de libertad a juicio de la Inquisición (arresto domiciliario) y algunas penitencias de tipo religioso. La tradición ha inventado magníficamente que, al levantarse Galileo tras permanecer arrodillado para la abjuración, golpeó con fuerza el suelo con el pie exclamando: eppur si muove! [Sin embargo, se mueve].Durante los años siguientes, Galileo arrestado domiciliariamente, enfermo y casi ciego[29], reúne todos sus apuntes sobre mecánica, en los que había trabajado durante veinte años. El resultado son las Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, publicadas en la Editorial Elzevier, de Leiden[30] (1638), con la advertencia que se hace «contra la voluntad del autor», truco utilizado para escapar a la vigilancia de los inquisidores. La gran aportación de Galileo en esta obra está en la tercera y cuarta jornadas, de las cuatro en que la divide, donde se refiere a las leyes del movimiento uniforme y acelerado y al movimiento de los proyectiles, respectivamente. Es su gran obra científica.

Para 1641 se sabe de su honda simpatía mutua (tal vez amor platónico) con Alessandra Bocchineri, cuñada de Vicenzo Galilei, su hijo; dicha dama estaba recién casada (su tercera boda) [31].
En sus últimos días, a Galileo Galilei lo acompañaban su hijo Vicenzo y su bella esposa, así como Evangelista Torricelli y Vicenzo Viviani[32], el primer biógrafo del genio de pisa. Fallece el 8 de enero de 1642 a las cuatro de la madrugada, al cumplir setenta y siete años y once meses.
El cuerpo inerte de Galileo Galilei fue trasladado a Florencia, donde se le dio sepultura en el templo de Santa Croce.
Respecto a la tremenda injusticia hecha con Galileo por parte de la Iglesia oficial, solo hasta el Concilio Vaticano II se obtuvo alguna suerte de “disculpas”, cuando aceptaban la autonomía de la ciencia, independientemente de los postulados de la iglesia (estamos hablando de 1964-65). El 10 de noviembre de 19179 el papa Juan Pablo II pide al Colegio de Cardenales que revalúen el caso de Galileo por las arbitrariedades cometidas. El 31 de julio de 1981 se creó una comisión pontificia para investigar el asunto (la iglesia no tiene afanes). Solo hasta el 31 de octubre de 1992, el cardenal Paul Poupard presentó al pontifice el informe sobre Galileo Galilei, elaborado por la comisión pontificia…tan solo reprochaban al cardenal Bellarmino, al Papa Urbno VII y a los demás cuestores el juicio hecho a Galileo. Poco más de 350 años para admitir a regañadientes que se equivocaron, que quisieron acallar la voz de la ciencia y de la matemática en acción.[33]
Bibliografía adicional:
The standard edition of Galileo’s works is Le opere di Galileo Galilei, 20 vol. in 21, ed. by Antonio Favaro (1890–1909, reissued 1968). There are now English editions of all Galileo’s works published during his lifetime. Galileo Against the Philosophers in His Dialogue of Cecco di Ronchitti (1605) and Considerations of Alimberto Mauri (1606), trans. by Stillman Drake (1976), contains two early dialogues thought to have been written by Galileo. His defense of the priority of his military compass appears as Operations of the Geometric and Military Compass, 1606, trans. by Stillman Drake (1978). There are several English translations of Sidereus Nuncius (1610): The Sidereal Messenger of Galileo Galilei and a Part of the Preface to Kepler’s Dioptrics Containing the Original Account of Galileo’s Astronomical Discoveries, trans. by Edward Stafford Carlos (1880, reprinted 1959); Sidereus Nuncius; or, The Sidereal Messenger, trans. by Albert Van Helden (1989); and Stillman Drake, Telescopes, Tides, and Tactics: A Galilean Dialogue About the Starry Messenger and Systems of the World (1983), which contains a complete translation interspersed in the dialogue. Discorso . . . intorno alle cose, che stanno in sù l’acqua, ò che in quella si muovono (1612) appears in English as Discourse on Bodies in Water, trans. by Thomas Salusbury and ed. by Stillman Drake (1960); and is interspersed in a dialogue in Stillman Drake, Cause, Experiment, and Science: A Galilean Dialogue, Incorporating a New English Translation of Galileo’s Bodies That Stay Atop Water, or Move in It (1981). Galileo’s letter to the grand duchess Christina on the relationship of science to religion, written in 1615, was published in Latin in Strasbourg in 1636 without Galileo’s permission; English translations are “Letter to Madame Christina . . . ,” in Discoveries and Opinions of Galileo, trans. by Stillman Drake (1957, reissued 1990), pp. 175–216, which also includes abridged translations of Sidereus Nuncius, the letters on sunspots (Istoria e dimostrazioni intorno alle macchie solari e loro accidenti, 1613), and Il saggiatore; and “Galileo’s Letter to the Grand Duchess Christina (1615),” in Maurice A. Finocchiaro (ed. and trans.), The Galileo Affair: A Documentary History (1989), pp. 87–118, which also includes the translated documents of Galileo’s trial. A translation of Il saggiatore (1623) is “The Assayer,” in The Controversy on the Comets of 1618, trans. by Stillman Drake and C.D. O’Malley (1960), pp. 151–336. The standard translation of Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico, e copernicano (1632) is Dialogue Concerning the Two Chief World Systems, Ptolemaic Copernican, trans. by Stillman Drake, 2nd ed. (1967). Galileo’s Discorsi e dimostrazioni matematiche, intorno à due nuove scienze . . . (1638) appears as Dialogues Concerning Two New Sciences, trans. by Henry Crew and Alfonso de Salvio (1914, reissued 1968); and Two New Sciences, trans. by Stillman Drake, rev. ed. (1989).

Of Galileo’s works that remained unpublished during his lifetime, a number have been published in English translation. The early tracts on Aristotelian philosophy and scientific method are published and commented on in William A. Wallace, Galileo and His Sources: The Heritage of the Collegio Romano in Galileo’s Science (1984), and Galileo’s Logic of Discovery and Proof: The Background, Content, and Use of His Appropriated Treatises on Aristotle’s Posterior Analytics (1992); and in William A. Wallace (trans.), Galileo’s Early Notebooks: The Physical Questions (1977), and Galileo’s Logical Treatises: A Translation, with Notes and Commentary, of His Appropriated Latin Questions on Aristotle’s Posterior Analytics (1992). The early notebooks on motion have been published as On Motion, and On Mechanics, trans. by I.E. Drabkin and Stillman Drake (1960); and selections appear in Mechanics in Sixteenth-Century Italy, trans. by Stillman Drake and I.E. Drabkin (1969). Galileo’s cryptic notes on his experiments on motion contained in vol. 72 of the Galileo manuscripts but not published in the Opere have been published in facsimile: Galileo’s Notes on Motion, arranged by Stillman Drake (1979). The correspondence between Galileo and one of his daughters is available in Mary Allan-Olney (compiler), The Private Life of Galileo: Compiled Principally from his Correspondence and That of His Eldest Daughter, Sister Maria Celeste (1870).

Several biographies of Galileo have been written by Stillman Drake: Galileo at Work: His Scientific Biography (1978, reissued 1995), Galileo: Pioneer Scientist (1990), and Galileo (1980). James Reston, Jr., Galileo (1994), is a well-documented popular biography. Portraits and other depictions of Galileo can be found in J.J. Fahie, Memorials of Galileo Galilei, 1564–1642 (1929).

Studies of various aspects of Galileo’s life and career include Lane Cooper, Aristotle, Galileo, and the Tower of Pisa (1935, reissued 1972); Erwin Panofsky, Galileo as a Critic of the Arts (1954); Pasquale M. d’Elia, Galileo in China: Relations Through the Roman College Between Galileo and the Jesuit Scientist-Missionaries (1610–1640) (1960; originally published in Italian, 1947); Antonio Favaro, Galileo Galilei e lo studio di Padova, 2 vol. (1883, reissued 1966), and Galileo Galilei a Padova: ricerche e scoperte, insegnamento, scolari (1968); Carlo L. Golino (ed.), Galileo Reappraised (1966), a collection of papers delivered at a commemorative conference in 1965; Ernan McMullin (ed.), Galileo, Man of Science (1968, reissued 1988), consisting chiefly of papers presented at the Galileo Quatercentenary Congress in 1964; Stillman Drake, Galileo Studies: Personality, Tradition, and Revolution (1970); William R. Shea, Galileo’s Intellectual Revolution: Middle Period, 1610–1632, 2nd ed. (1977); Dudley Shapere, Galileo: A Philosophical Study (1974); Maurice Clavelin, The Natural Philosophy of Galileo: Essay on the Origins and Formatino of Classical Mechanics (1974; originally published in French, 1968); Alexandre Koyré, Galileo Studies (1978; originally published in French, 3 vol., 1939); Maurice A. Finocchiaro, Galileo and the Art of Reasoning: Rhetorical Foundations of Logic and Scientific Method (1980); Silvio A. Bedini, The Pulse of Time: Galileo Galilei, the Determination of Longitude, and the Pendulum Clock (1991); Michael Segre, In the Wake of Galileo (1991); Victor Coelho (ed.), Music and Science in the Age of Galileo (1992); Joseph C. Pitt, Galileo, Human Knowledge, and the Book of Nature: Method Replaces Metaphysics (1992); Mario Biagioli, Galileo, Courtier: The Practice of Science in the Culture of Absolutism (1993); Jean Dietz Moss, Novelties in the Heavens: Rhetoric and Science in the Copernican Controversy (1993); and Cesare S. Maffioli, Out of Galileo: The Science of Waters, 1628–1718 (1994).

Works specifically treating Galileo and the Roman Catholic church include Karl von Gebler, Galileo Galilei and the Roman Curia (1879, reprinted 1977; originally published in German, 2 vol., 1876–77); Giorgio de Santillana, The Crime of Galileo (1955, reprinted 1981); Jerome J. Langford, Galileo, Science, and the Church, 3rd ed. (1992); Pietro Redondi, Galileo Heretic (1987; originally published in Italian, 1983); Richard S. Westfall, Essays on the Trial of Galileo (1989); Richard J. Blackwell, Galileo, Bellarmine, and the Bible (1991); Rivka Feldhay, Galileo and the Church: Political Inquisition or Critical Dialogue? (1995); and Annibale Fantoli, Galileo: For Copernicanism and for the Church, 2nd ed., rev. and corrected (1996; originally published in Italian, 1993).

Albert Van Helden. [34]
APORTES DE GALILEO GALILEI
Aunque no creó una filosofía sistemática, su influencia en la tendencia filosófica del pensamiento moderno es muy marcada. A él se debe la definitiva separación de las ciencias física y de la filosofía, el abandono de la autoridad como criterio de verdad científica, así como la distinción entre cualidades objetivas y subjetivas en fenómenos observables. La reactivación del atomismo en el siglo XVII y la eliminación de las cualidades ocultas del concepto de la causalidad deben mucho a Galileo. Sus escritos marcaron el inicio de un movimiento anti-metafísico en filosofía. Los acontecimientos en la vida personal de Galileo son un estandarte a la activa lucha por la libertad de pensamiento.[35]
Ver también Tolomeo [1] El 15 de febrero de 1564, en la humilde barriada de San Francesco, en la calleja vía cuore. Era hijo de Vicenzo Galilei, cantante y compositor especializado en laúd, así como mercader de lanas; su madre se llamaba Giulia Ammanti y era una mujer frustrada que se consideraba injustamente tratada por la vida, al haber contraído nupcias con un hombre inferior socialmente a ella. Posee cinco hermanos al momento de su nacimiento: Virginia, Benedetto, Anna, Michelangelo y Livia.
[2] Allí, a los once años, ingresa a estudiar humanidades (los clásicos, latín y griego) en la abadía de Vallombrosa, a unos 30 kilómetros de Florencia. Descubre además sus grandes habilidades manuales para dibujar y tallar con facilidad.
[3] Esto fue a finales del verano de 1581. En el primer ciclo veían filosofía de Aristóteles, fisiología, curación, latín, griego y hebreo. Para el segundo y tercero se dejaban las matemáticas (su catedrático se llamaba Filippo Pantoni), las ciencias naturales, la anatomía y la cirugía.
[4] Y matemático oficial de la corte. A su lado, Galileo se entusiasma con Euclides y Arquímedes. Por esta razón es corrido Galilei de la Universidad, debido a su empecinado empeño en explicar todo a base de matemáticas.
[5] Balanza hidrostática para medir la densidad de los fluidos y de los metales, tanto en el aire como en el agua, con el fin de calcular la proporción de sus aleaciones.
Un año antes había dejado la Universidad sin haber obtenido un título formal.
[6] Que no fue fácil, puesto que había sido rechazado varias veces, de las Universidades de Padua, Pisa, Florencia, Roma y Bolonia, llegando su situación a tal punto que pensó emigrar a oriente, donde tal vez los turcos lo comprendieran mejor.
Fue gracias, en parte, al apoyo y mecenazgo del marqués Gidobaldo del Monte (1545-1607, quien había hecho algunas contribuciones a la mecánica) que obtuvo este nombramiento.
[7] El sueldo anual de este joven catedrático era de setenta coronas. Era tal su ímpetu renovador que escribe una poesía satírica “contra los que llevan la toga”, o sea sus estirados compañeros, teóricos y crédulos de las ideas científicas de Aristóteles.
[8] Allí ofrece un diálogo entre dos viejos amigos, Alexander y Dominicus, mientras pasean por las orillas del Arno. El primero es el propio Galileo.
[9] Aristóteles afirmaba que la velocidad de caída es proporcional a su peso, argumento que rebatió con experimentación Galileo. Este ataque contra este pensador in cuestionado lo hace impopular entre sus colegas.
[10] Había nacido Vicenzo Galilei en 1520 cerca de Florencia.
[11] Allí se hizo amigo de Gianvicenzo Pinelli, un de los hombres más cultos e influyentes.
A Galileo Galilei se le contrata por cuatro años y un estipendio anual de 180 coronas.
[12] Que con todo y por todo debía mejorar, puesto que también se hizo cargo de la dote de sus otras hermanas, así como de los gastos de desplazamiento de su hermano Michelangelo, que al ser un gran músico había sido contratado para actuar en Alemania y Polonia (dilapidando todo su dinero entre Munich y Varsovia, en fiestas sobre todo)
[13] El que usaba anteriormente la artillería era uno construido por su Mecenas Del Monte. Usando la geometría creó un ingenio de bronce, liviano y práctico. Pero sus ingresos mejoraron más, fue con el entrenamiento de quienes iban a emplear el compás, ya que requerían dos o tres días para dominarlo, pagando 120 liras para ello.
[14] Catorce años más joven que Galileo y ocupaba la cátedra de filosofía natural.
[15] Miembro de la “Liga de los Pichones”; este nombre se lo dieron los amigos de Galileo, a sus detractores, basados en que el apellido Colombe en italiano significa pichón.
[16] Durante esos años sostenía una relación con Marina Gamba, una prostituta espléndida de carnes y seis años menor que él, quien le dará tres hijos: Virginia (1600), Lidia (1601) y Vicenzo (1606). Ninguno de ellos fue reconocido por su padre hasta pasados unos años. Siendo muy jóvenes, 14-Virginia, Sor María Celeste- y 12 años-Lidia, sor Arcángela- respectivamente hizo volver monjas a sus hijas (en las “Clarisas pobres”), en Arcetri. (El que Sor Arcángela haya intentado suicidarse en varias ocasiones es otra historia).Respecto a Vicenzo, su hijo, quedaría bajo la custodia de Cosme II duque de Toscana. En 1628 su hijo se graduaría en derecho y luego se casaría con Sestilla Bocchineri.
Respecto al lente de aumento fabricado en Holanda, con forma de tubo, supo que lo había inventado Hans Lippershey a quien no se le concede patente del mismo al considerar que no debía ser comercializado.
[17] El famoso tubo mágico.
[18] Que inicialmente solo tenía diez aumentos y fue usado como catalejo, para acercar sitios y horizontes, hasta cuando fue dirigido hacia la luna…
[19] Por el apellido Médicis. Un tanto soterradamente podemos decir que a cambio recibió Galileo Galilei un collar de oro y brillantes así como una medalla del mismo metal.
[20] El mensajero sideral. La edición del libro fue encargada a Tommaso Baglioni.
[21] A partir de ese año sus anteojos conseguían entre 400 y 1.000 aumentos, lo que le permitió explorar La Vía Láctea.
[22] Así como el descontento de los venecianos que se sentían burlados por aquel “desagradecido”. Lo que posiblemente no tuvo en cuenta Galileo Galilei, era que perdía la protección de Venecia, la república anticatólica, la que se oponía a la intervención papal en política, y, dado que sus libros contradecían los dogmas del Vaticano, correría riesgos.
[23] La Academia de los linces había sido creada por Federico Cesi, segundo marqués de Monticelli y un apasionado de la ciencia. En dicha academia concurrían filósofos, matemáticos, filólogos y literatos.
[24] El mismo que presidió el tribunal de inquisición que había condenado a la hoguera a Giordano Bruno.
[25] Jesuita alemán.
[26] Jos 10:12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón.
Jos 10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. (Versión Reina Valera 1960).
[27] Horacio. Era un savonés, catedrático de matemáticas en el Collegio Romano. Para él los cometas debían ser considerados “hijos de Mercurio”, que se desplazaban entre la luna y el sol.
[28] Galileo había recurrido al prestigioso impresor Cesare Marsili para tales menesteres.
[29] El 3 de abril de 1634, muere sor María Celeste, su hija…
[30] Imprenta holandesa que estaba presente en esa ciudad protestante.
[31] “Yo a veces me quedo meditando conmigo misma de qué manera encontraría el medio para, antes de morir, ver a V.S. y estar un día conversando con vos, sin dar escándalos y celos a esas personas que se sorprenderían de esta voluntad…”
[32] 1622-1703.
[33] Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Cuadrado Sara. Galileo. Grandes Biografías. Edimat Libros S. A., Madrid. s/f.
[34] Galileo. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
[35] S. Drake (1967), Galileo Galilei. BORCHERT DONALD M, Editor in Chief, Encyclopedia of Philosophy, Second Edition, 2006. Thomson Gale, a part of the Thomson Corporation.

Ver: cosmologia , metodo científico

Nicolas Copernico

No podía quedarme sin hacer una buena biografía de Nicolas Copernico, ese sujeto que partió en dos la historia de la ciencia.
Nicolás Copérnico (Mikołaj Kopernik)[1] nació a las 4 horas y 38 minutos del día 19 de febrero de 1478, en el número 17 de la calle Santa Ana de la ciudad polaca de Torun (Toruń)[2]. Era el cuarto de los hijos de Nicolás y Bárbara Watzenrode, pertenecientes a la alta burguesía y cuyos ingresos provenían del comercio fluvial y marítimo. Eran muy estimados en la corte y en los ambientes selectos de Polonia.
Su familia, la familia Koperniki, procedía de la aldea silesiana que les había dado el apellido y se situaba en una zona comprendida entre Nyasa y Otmuchów, la cual pertenecía al obispado polaco de Wroclaw desde el siglo XII.
Cuando Copérnico acababa de cumplir los siete años, se fueron a vivir a la mejor zona de Torun, la Plaza Mayor de la ciudad antigua.
Desde 1465 su padre era concejal del ayuntamiento y sabemos también que poseía 25 viñedos. No obstante en 1483 fallece, éste, su padre, víctima de una enfermedad incurable, y fue sepultado en la iglesia de San Juan de Torun.Copérnico asistía la escuela parroquial en la calle Zeglarsh, donde aprendería a leer y a escribir, prestándole especial atención al latín humanístico (la lengua oficial de la Europa cristiana), y a la astronomía de la época (más parecida a nuestra astrología, debido a que el cielo se observaba teniendo en cuenta el zodiaco, a pesar de ser usado el cuadrante y el astrolabio).[3]
Al morir el padre de Nicolas Copernico en 1483, su tío Lucas Watzenrode, más tarde obispo de Ermeland (Varmia), se encarga de su educación. De 1491 a 1494, estudia en la universidad de Cracovia y, tras ser nombrado canónigo de Frauenburg (Frombork), viaja a Italia, donde estudia derecho canónico, matemáticas, griego y medicina en Bolonia, Padua y Ferrara; de vuelta a su patria, en 1506, pasa a ser secretario y médico personal de su tío obispo y reside en el castillo de Heilsberg. Al parecer, durante estos seis años (1506-1612) concibe las líneas fundamentales de su teoría heliocéntrica[4] y redacta un resumen o esbozo, que entonces no publica, y que más adelante será conocido como Commentariolus (Nicolai Copernici de hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus) [Breve comentario de Nicolás Copérnico sobre sus propias hipótesis acerca de los movimientos celestes], y que no contiene ninguna clase de demostración matemática.
Al fallecer en 1512 su tío Lucas Watzelrode, vuelve a Frauenburg para ejercer como canónigo, trabajando en tareas administrativas,que implicaba complejas maniobras diplomáticas en la época y en la administración de las grandes fincas de la catedral.
En su día fue más ampliamente conocido como médico como astrónomo. Fue una de las pocas personas en el noreste de Europa a tener un conocimiento del idioma griego, tanto así que publicó una traducción latina de los poemas de Theophylactus Simocatta, un poeta bizantino del siglo séptimo. Copérnico se muestra competente en el manejo de la economía, presentado un informe a la dieta de Prusia, en el que prevé una forma de ley de Gresham.
El interés de Copérnico en la astronomía, probablemente despertó en Cracovia por el matemático Wojciech
Brudzewski y estimulado en Bolonia por influencia del astrónomo Domenico Maria da Novara. La primera observación astronómica documentada de Copernico se hizo en Bolonia en 1497. Veintisiete de tales observaciones se utilizaron en su importante tratado, otros se registran en los márgenes de los libros de su biblioteca. Durante esta época, que dura unos treinta años, apenas sucede nada notable en la vida de Copérnico; leves «ondulaciones registradas en la superficie del estanque», según dice A. Koestler: la invitación, en 1514, de trasladarse al concilio de Letrán para estudiar la reforma del calendario (el llamado gregoriano, que se publicará en 1582) y el rechazo de Copérnico con el pretexto de que antes era preciso conocer con exactitud los movimientos del Sol y de la Luna, el asedio de Frauenburg por los caballeros Teutónicos y la paz posiblemente restablecida con el concurso de Copérnico, y un estudio sobre la moneda, De Monetae cudendae ratio, editado en 1528, con el que Copérnico pensaba contribuir a mejorar la situación económica de la región. Pero son, en realidad, los años en que lleva a cabo algunas observaciones astronómicas (veintisiete, cita en su obra De revolutionibus) y madura definitivamente el sistema heliocéntrico esbozado en el Commentariolus; redacción de sus ideas definitivas sobre el sistema del mundo y de no demasiadas observaciones astronómicas. Pese a su excesiva prudencia, sus ideas eran de alguna manera conocidas, posiblemente por difusión del esbozo, puesto que un documento atestigua que un tal J. Albertus Widmanstadius, secretario del papa Clemente VII, había disertado en los jardines del Vaticano sobre la teoría de Copérnico acerca del movimiento de la Tierra y, por otra parte, el cardenal Nicolás Schoenberg anima a Copérnico, en 1536, a darlas a conocer públicamente.
En 1539, un matemático luterano, profesor en Wittenberg, Georg Joachim von Lauchen, llamado «Rheticus» por su lugar de origen, Retia, el Tirol austríaco, llega a Frauenburg, deseoso de conocer las ideas de Copérnico; la estancia, que debía ser de unas semanas, se prolonga por espacio de dos años: primero estudia el sistema copernicano y luego, con la ayuda de un antiguo amigo de Copérnico, Tiedemann Giese, entonces obispo de Kulm, logra convencer a Copérnico de la conveniencia de publicar un resumen del manuscrito que guardaba celosamente. Éste fue el origen de la llamada Narratio prima, escrita por Rheticus sobre el sistema copernicano y publicado en 1540. Tras una segunda estancia de Rheticus en Frauenburg al año siguiente, Copérnico accede a las peticiones de Rheticus y Giese y acepta publicar el manuscrito, que llevará por nombre De Revolutionibus Orbium Coelestium
[Sobre los giros de los orbes celestes]. El joven Rheticus se encarga de la revisión del manuscrito y de dar a imprimir la copia de 424 páginas; tiene entonces Copérnico setenta años. Entre tanto, Rheticus es nombrado profesor en Leipzig, y debe abandonar la empresa de llevar adelante la publicación y la encomienda a Andreas Osiander, un luterano culto de Nuremberg. Osiander escribe, convencido o para suavizar tensiones, un prefacio anónimo al libro De revolutionibus, en el que declara que el libro trata sólo de puras hipótesis matemáticas, cuya finalidad no es otra que el cálculo. Se discute, con argumentos contrarios, si Copérnico llegó a leer o conocer el prefacio que él no había escrito y cuál pudo ser su reacción ante el mismo, puesto que aquellos días cayó enfermo. El De revolutionibus orbium coelestium lo publica en Nuremberg el famoso librero Petreius, coincidiendo con la fecha de la muerte de Copérnico.
La obra es la descripción del denominado sistema copernicano, o teoría heliocéntrica del universo, que da comienzo a lo que se llamará posteriormente revolución copernicana, con las demostraciones matemáticas necesarias para su justificación. El cambio astronómico radical que propone la teoría heliocéntrica de Copérnico consiste en situar el Sol en el centro del universo, en el lugar que ocupaba antes la Tierra, y situar ésta en el lugar que antes ocupaba aquél, y hacer girar en torno al Sol todos los planetas, incluida la Tierra, considerada ahora como un planeta más -el tercero en la distancia desde el Sol- y ya no como el centro inmóvil del universo, tal como toda la cosmología aristotélica y ptolemaica, a excepción de Aristarco de Samos, había supuesto.Por consiguiente, la Tierra se movía; y, según Copérnico, con pluralidad de movimientos. Según el movimiento anual, hacia el oeste, girando alrededor del Sol, como todos los planetas; este movimiento explica tanto el movimiento aparente del Sol hacia el este como los movimientos aparentes (directos, hacia el este, y retrógrados, hacia el oeste) de los planetas. Según el movimiento de rotación diaria, hacia el este, lo que explica el movimiento aparente del Sol durante el día hacia el oeste, la alternancia del día y la noche, la diversidad de estaciones, y el movimiento aparente nocturno del cielo estrellado. Por último, según el movimiento cónico y anual del eje de rotación, llamado de declinación, hacia el oeste en su extremo norte, la Tierra gira alrededor de su propio eje como una (lenta) peonza; el efecto de este movimiento sería mantener el eje de rotación de la Tierra siempre en la misma dirección. Con los movimientos de la Tierra explica Copérnico todos los movimientos celestes. En particular, las dos grandes irregularidades de los planetas, que desde antiguo habían constituido el problema que la astronomía debía explicar: el movimiento de retrogradación de los planetas y su período de revolución. El sistema copernicano explicaba estos dos movimientos sin tener que recurrir a los epiciclos, o grandes círculos imaginados en que se movían los planetas ni, por supuesto, a los ecuantes ptolemaicos. Pese a todo, cuando en el De Revolutionibus se efectúan los cálculos matemáticos y, en los últimos capítulos, se ofrece la imagen definitiva del universo, Copérnico introduce correcciones a esta imagen simplificada y añade epiciclos menores y excéntricas, de modo que, en cuanto al número de círculos, no difieren demasiado el sistema de Ptolomeo y el de Copérnico, ni tampoco éste aumenta demasiado la exactitud de los cálculos astronómicos; a la postre, el sistema copernicano definitivo no se identifica con el propuesto inicialmente en el Commentariolus. No siendo mucho mejor, desde el punto de vista matemático y astronómico, el sistema copernicano que el ptolemaico, el copernicano gozó pronto de gran aceptación: se impusieron la gran simplicidad y la armonía que atribuía al nuevo modelo astronómico de universo. Los grandes avaladores del sistema copernicano, Kepler, Galileo y Newton, demostraron que el universo era realmente como Copérnico había supuesto.

Véase también: Revolución copernicana , metodo científico , tumba de Copernico
[1] Copernicus, Nicolaus. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
[2] Puerto fluvial sobre el río Vístula a 200 Km. del mar Báltico, también llamada en su momento Thorn; hacía parte de Prusia oriental,recién cedida al rey de Polonia por los Caballeros de la orden Teutónica.Era una ciudad que pertenecía a la gran Hansa, que era una asociación creada en Europa septentrional, a la que también pertenecían Gdank, Elblag y Cracovia.
Sus habitantes se ufanaban de su gran mayoría de calles empedradas, con sendos canales laterales de madera; así mismo de su alcantarillado.
[3] YAÑEZ SOLANA MANUEL. Copérnico. Colección grandes biografías, Edimat Libros S. A. ,Madrid, 2004.
[4] El sol como centro del universo, ya no la tierra.

Revolucion copernicana

Vamos a hablar de la significancia de la revolución copernicana en la historia de la ciencia.
Se denomina revolución copernicana (o revolución de Copérnico) al cambio científico y conceptual que supuso la hipótesis propuesta por Nicolás Copérnico, en 1543, con su obra De revolutionibus orbium coelestium [Sobre las revoluciones de los orbes celestes], según la cual el Sol, y no la Tierra, ocupa el centro del universo. Leer mas“Revolucion copernicana” »