Poema para mis abuelos

Este poema para mis abuelos lo escribí cuando aun mi abuelito vivía…tres años después lo perdí…queda mi abuela, enferma,queriendo ir al encuentro de su viejecito…
Sea este un homenaje público a mis abuelos, por la crianza y consejos recibidos. Hace parte tambien del libro “Puros cuentos,canciones de amor“, de mi autoría.

Homenaje.
1.

Un piso agrietado rememora
el adiós de los mayores,
sus montañas de bondad,sus comisuras
y arrugas.
A pasos cortos se dirigían rumbo
a la congregación salmodiando
absortos, coros angélicos
perturbadoramente puros.
2.
A pie, por vados nebulosos,
atesorando limones y arena en la despensa…
Abuelita, caudal de otro linaje,
meandros y resignación,
página ajada y amarilla de un
manuscrito en el que alcancé a escribir, lo siento.
Nota: adjunto así mismo un texto que escribía para mi abuela que espero inspire a muchos nietos al respecto:
Este post es para mi abuela Berta[1], que obviamente no alcanzó a llegar a internet ni a los computadores siquiera, pero en su dulce candidez tecnológica es más sabia que 100 googles juntos o 500 wikipedias.
Recuerdo como si fuera ayer, cuando con mi abuela salíamos a cortas escobas [2]para barrer el patio; rememoro el proceso para hacer arepas, desde la molida hasta el asador, con todo y el truco de prender carbón que nunca aprendí y hoy evoco[3]. Lavar la ropa en el lavadero, con jabón Rey, restriegue y deje al sol para que ablande el mugre o, cosa curiosa, brillar las ollas de alumnio con ceniza y una hoja de pringamosa [4], o usando jabón de lavar ropa en cambio del detergente de cocina; encontrar el punto exacto de hacer merengues (suspiros), batiendo y batiendo sin que se corte…mi abuela me enseñó a no desperdiciar la comida sino a guardarla para el calentado[5], a recoger los desperdicios de los platos[6] y esas sobras dárselas a las gallinas o a los cerdos…Mi abuela me enseñó a que para armar tropel [7] se necesitan dos [8]; me dijo que uno podía no estar de acuerdo en algo pero mientras estuviera alterado era mejor callar. Pero todas las memorias no son color rosa sobre mi abuela: con un rejo que escondía tras de la puerta de la cocina y al que consentía con sebo para que conservara su elasticidad, nos daba fuete a mis primos y a mi…Cómo olvidar una noche [9] que empezamos a jugar con la luz apagada y mi abuela desde el otro cuarto nos regañó y que a dormir…nosotros seguíamos jugando y fue por el rejo; nosotros nos arropamos con una cobija tres tigres[10] hasta la cabeza, alzamos los pies y mi abuela castigó inmisericordemente a la pobre cobija y nosotros fingíamos llorar.
O cuando me mandaba al centro, donde Don Norberto G. por la leche, con la cantinita donde cabían dos botellas y media y yo, por andar jugando, la regaba….me ponía a llorar e iba donde Don Ismael, el talabartero y él me daba plata para volverla a comprar…
No hay palabras para darle las gracias, para decirle desde esta soledad civilizada, que la quiero mucho abuela, que usted es el modelo de mujer que sigo cuando busco alguna dama….

[1] Ana B. L.
[2] Ramas, arbustos que liados en manojos sirven como escoba.
[3] Cogía una vela, la encendía e iba armando como un edificio con los carbones a su alrededor y prendía…Hoy por hoy cojo algún combustible y fósforos y soplo y soplo y me pregunto ¿cómo diablos lo hacía mi abuelita? (Igual termino usando la estufa para freír lo que inicialmente era un asado)
[4]Planta semejante a la ortiga. Tragia volubilis.
[5] Dicen que esto es nocivo para la salud, al menos en comidas procesadas. Nada como un buen calentado de fríjoles al desayuno made in abuela.
[6] Desmugrarlos decía ella.
[7] Bonche, problema, conflicto, pelea.
[8] Y este consejo sí que me ha servido
[9] Nos tocaba acostarnos apenas oscurecía. Dormíamos en una cama matrimonial una tía, una prima, un primo y este soñador… y como buenos niños teníamos energía para rato.
[10] Cobijas dobles muy conocidas en el ámbito rural.

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