Un buen consultor es alguien con una mente brillante y práctica para resolver problemas complejos; alguien capaz de trabajar bien con los demás y conducir equipos de trabajo.
Suele ser flexible con sus horarios de trabajo y modos de acción; agendar ayuda a organizar el tiempo pero las consultorías muchas veces van en contravía de los esquemas de tiempo y de espacio, se presentan emergencias que es preciso resolver prioritariamente y aplazar el resto. Resulta a veces una práctica impredecible, por eso se requieren personas creativas, capaces de adaptarse, de usar lo que hay cuando existe y transformarlo en benéfico para el contratante.
Un buen asesor requiere habilidad para relacionarse con los clientes (nada de ogros gruñones ni de Shreks anquilosados en el ejercicio profesional); así mismo habilidades de crear y generar contenidos en distintos formatos cuando sea preciso, de hacerse entender por el canal de que disponga; de igual forma tener experiencia concreta en algún sector (volvemos a aquello de no poder ser “buenos” para todo, es preciso poseer fortalezas ).
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