La maquina de coser de la abuela , desde que recuerdo, fue una Singer de color negro, de pedal. En ella nos hacía camisas, pantalones, remiendos y hasta nos enseñaba a coser.
Conforme fue pasando el tiempo, adquirieron en la casa una máquina Brother, eléctrica, que hacía varias puntadas. era la fascinación dela casa: las tías aprendiendo a hacer dobladillos, ojales, etc. Mi abuela ya no usa la maquina de coser y esta permanece arrinconada como monumento a mejores días. Ahora leo que hay máquinas de coser computarizadas con pantallas táctiles, puerto usb y hasta un reality de costureros llamdo proyecto Runway.
Pero muy poco le dirán a la infancia de niños como nosotros que nos hacían la ropa sobre medida y que si queríamos algún modelo, se lo llevábamos a la abuela o a una modista del barrio en una foto y lo copiaban mirando el modelo.
Crecimos, la ropa la compramos estandarizada por tallas en los almacenes. Y no hay máquina de coser capaz de remendar nuestra nostalgia, de hacerle pantalones a la juventud perdida de nuestros mayores ni mucho menos a la nuestra propia.
Ver: para mis abuelos, relato
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