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Inyeccion letal

La inyección letal será nuestro tema en este artículo. Un condenado a muerte camina hacia su fin, es atado a una camilla y vía intravenosa recibe una inyección letal, algo que hace colapsar sus pulmones y le provoca un paro respiratorio abrupto. Uno esperaría que el reo se retorcería de forma «miedosa» y los ojos se le brotarían como un filme de horror.

Pero esto no sucede pues previo a la carga química fulminante le es administrado un anestésico. Dicho de otra forma, la inyección letal se usa para matar, de manera fulminante, personas por medio de drogas. Se usa para administrar la pena capital en países como los Estados Unidos donde existe la pena de muerte, aunque también se puede, en principio, administrar en casos de eutanasia y suicidio.

Procedimiento

El esquema mortal es el siguiente: se pone a la persona a dormir, luego se le detiene el sistema respiratorio y por último el corazón. Esta inyección letal ha ganado popularidad frente a la silla eléctrica, el pelotón de fusilamiento, la cámara de gas o la horca como formas de ultimar a los criminales más peligrosos, sin mayor sufrimiento para el implicado (eso dicen sus defensores).

¿Cómo surgió la idea de una inyección letal ?

El 17 de enero de 1888, Julius Mount, un médico de Nueva York sugirió que esto sería más barato que ahorcar al reo. Los británicos considerarían su uso entre 1949-1953 pero desecharían la idea por presión de la Asociación Médica Británica. El 11 de mayo de 1977 un forense de Oklahoma, Jay Chapman propuso el sistema de la actual inyección letal, el protocolo Chapman: una solución salina intravenosa por goteo, donde se administra un barbitúrico potente y veloz combinado con un producto químico que produce parálisis.

¿Cómo se administra una inyección letal en la pena capital?

Se le colocan a los ajusticiados dos catéteres con suero, uno en cada brazo (uno de ellos es por si falla el otro). Se desinfecta el brazo de la persona (para que no se vaya a morir de la infección o algo así…); previamente se han esterilizado las agujas y los equipos. Se le coloca al futuro difunto un monitor cardiaco para determinar el instante de su muerte de manera científica.

La solución salina se empieza a suministrar en ambos brazos. Casi siempre el anestésico o barbitúrico es tiopental sódico (nombre comercial Pentotal, un barbitúrico de la misma familia de los medicamentos con que se calma la ansiedad de los pacientes psiquiátricos). El tiopental produce sueño en pocos segundos; la dosis que se les suministra a los condenados es de 2.000 a 5.000 miligramos y su vida media dentro del organismo es de 11,5 horas. Pero no es tan inofensivo este medicamento como se cree, no, también deprime el centro respiratorio del tallo cerebral y causa colapso vascular (algo de por sí, letal). Irónicamente el tiopental sódico anestesia pero no quita el dolor. Luego es de suponer que los sentenciados sufren cantidades pero no pueden hacer nada, prácticamente ni moverse o convulsionar.

En segunda instancia, se le suministra vía intravenosa al condenado bromuro de Pancuronio o Pavurol, un relajante muscular que provoca una parálisis completa, sostenida y rápida de los músculos esqueléticos estriados, incluyendo el diafragma y los músculos respiratorios en general, lo que de pronto mate al paciente por asfixia.

Este relajante neuromuscular interfiere el trabajo de un neurotransmisor conocido como acetilcolina (AC). En tercer y último paso de la inyección letal, se inserta en el cuerpo del condenado, cloruro potásico que detiene el corazón y mata por paro cardiaco. Realmente el cloruro potásico lo que hace es detener las señales eléctricas esenciales para la función del corazón, causando esta detención. Entre un  minuto o dos después de administrado el tercer componente de la inyección letal, se declara técnicamente muerto al condenado (total 7 minutos en promedio aunque casos como el de Cristopher Newton en mayo de 2007, duró en 2 horas ). Aunque para prevenir cualquier sorpresa, de inmediato se traslada el cuerpo para que le hagan la autopsia.

La pelea de muchas personas en el mundo, es que en ocasiones se usa cantidades insuficientes del anestésico y los condenados sufren y padecen su muerte de la peor manera posible Y como si fuera poco, no faltan los casos donde el corazón del paciente siga latiendo 9 o 20 minutos después del procedimiento. Dicen los expertos que el único elemento letal y fiable es el bromuro de Pancuronio de los tres empleados.

Ediciones 2013-21

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