Cosmologia en la biblia-estudio-ensayo-crítica

El presente texto de cosmologia en la biblia intenta llenar el vacío respecto a un análisis crítico y contextual del relato del antiguo testamento, en términos mitológicos, históricos y culturales:
Cosmologia y creación del hombre. (A continuación de introducción al Genesis)

Veamos en cuanto a cosmología y la creación del hombre qué opinaban los hebreos:
Muchos obcecados teólogos de las religiones judeocristianas todavía persisten en creer que la parrafada de la creación del mundo y del hombre es de inspiración divina y que no le debe sus redactores nada a ninguna otra literatura ni religión.Los elementos probatorios en su contra son abrumadores. La idea de reseñar las cosmologías de medio oriente anteriores a la hebrea, es para que teniendo esos elementos de juicio empecemos a relacionarlos y a contrastarlos con los de los judíos.

Digamos tan solo en primera instancia, que la primera saga de la creación se compuso recién llegados los hebreos del exilio babilónico y a Dios se le da el nombre de «Elohim». En él, el orden de la creación es como sigue: Cielo, tierra, luz, firmamento, tierra seca, hierbas y árboles, astros, monstruos marinos, aves, ganados y bestias y, por último hombre y mujer. El segundo relato procede de Judea, tal vez de origen edomita pero es anterior al exilio. Llama en primera instancia a la divinidad como Yahvé, pero un censor sacerdotal inserta la palabra Elohim (para dar la apariencia de coherencia y linealidad con el otro segmento), quedando como Yahvé Elohim. Lo contradictorio viene cuando miramos el orden de la creación según este capítulo: Tierra, cielo, manantial, hombre, árboles, ríos, bestias y ganando, aves y mujer.

En el primer caso se enfatiza la sistematización del creador, pero los comentaristas e interpretes tienden a olvidar que este número de días imbricado allí, corresponde al orden de los dioses planetarios en la semana babilónica: Samas, Sin, Nergal, Bel, Beltis (la única divinidad mujer) y Ninib. Las potencias planetarias eran las siguientes: el Sol para la iluminación (domingo), la Luna para el encantamiento (lunes), Marte para el crecimiento (martes), Mercurio para la sabiduría (miércoles), Júpiter para la ley (jueves), Venus para el amor (viernes) y, Saturno para la paz (sábado).
O si lo prefieren, también correspondería a los siete brazos de la Menorá, equivalencia que hace Zacarías4:10 [1], poderes que el Supremo reclama para sí mismo.

Génesis 1 trae a colación el clima de Mesopotamia y su dependencia hídrica, con una estación primaveral donde bestias y aves se aparean (tiempo propicio para la creación de vida y orden). Génesis 2 en cambio refleja las condiciones climáticas de Palestina, que cuando se aproxima el otoño, sube una niebla densa a humedecer los valles (tiempo también propicios para una generación de orden y de vida).

Ahora, sin ser técnicamente preciso (pero globalmente sí lo es), el génesis es pura poesía y prosa poética: maneja un lenguaje artístico, emotivo, agradable al oído, diferente al lenguaje cotidiano; la forma supera con creces al contenido; está lleno de repeticiones (palabras, versos, sílabas o significados) y por último, su lenguaje es figurado, metafórico y genérico, poco detallista.
Siendo la poesía, el arte de evocar y sugerir sensaciones, emociones e ideas mediante los procedimientos descritos, entonces sí nos sostenemos en el comentario hecho, sobre todo teniendo en cuenta que a la poesía no se le puede pedir precisión cronológica (suelen venir los hechos en desorden). Los poetas del Génesis asumen que el lector o escucha de sus confidencias, conoce la historia.
No aguardemos entonces, verdades absolutas o literales, provenientes de fábulas poéticas, esa clase de liberalidades y permisiones se las concedemos al fanatismo religioso. Visualizamos, obviamente una cantidad de sujetos.
Empecemos a explorar el primer libro de la Biblia hebrea.
Génesis 1:1-2.[2].

En el principio[3] creó Dios los cielos y la tierra.Y la tierra estaba desordenada y vacía. .
La palabra hebrea bara´, que corresponde en la concordancia Strong a la referencia H1254, implica: (absolutamente) crear; (calificado) cortar (madera), seleccionar, alimentar (como procesos formativos):-atravesar, creación, creador, crear, criar, desmontar, desmonte, engordar, nacer, producir. O sea que el verbo se presta para describir la hechura a partir de la nada, como el moldear lo existente para inventar algo nuevo. Como los sumerio-acadios, crea entonces el demiurgo un amasijo informe sobre el cual moldeará y definirá rasgos, poniendo orden al caos.
Una de las facetas de este demiurgo, es procreadora (llámese espíritu, viento, Shu y Tefnut o Enlil), no fabrica de la nada, aludiendo indirectamente a la condición materna[5] del Hacedor. Como en el mito griego hace Eurínome, surgiendo desnuda del caos y separando el mar del cielo. Pero como el paso de los años ha hecho que la autoridad y soberanía de las matriarcas se haya delegado en parte a sus consortes guerreros masculinos, ya en la época del Enuma Elish y posteriores recae en una figura varonil tal responsabilidad.
Había una cantidad de agua primigenia (Todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, otra posible traducción). Adviértase la similitud con las mitologías levantiscas de los comienzos, donde había un mar primordial de donde surgió la montaña cósmica inicial (cielo y tierra entreverados); a continuación, en la mitología sumeria, el dios del viento separó la tierra del cielo; en la interpretación babilónica, el viento debía confundir al caos líquido para que otra divinidad pusiera orden.
El Espíritu de Dios se puede asociar efectivamente con el viento creador de otras mitologías; la transliteración de espíritu (Ruákj), expresa viento, aliento, exhalación violenta, e inclusive vida.

El progenitor inicial se llamaba Elohim[6] (forma corriente de designar a Dios) y creó los cielos y la tierra (expresión que combina dos elementos opuestos para indicar una totalidad, puesto que para los hebreos no existía un término semejante a cosmos). Es Ptah-Nun, el dios auto-creado en su proceso de “diseñar los otros dioses”.
Este orden sugerido, primero cielo (An), después tierra (Ki) y por último el soplo vital (Nunamnir) es calcado del Poema de Gilgamesh: para los sumerios sentar esta precedencia es importante, ya que An se consideraba el padre (en tanto que la palabra connota protección, sostén, nutrición y por último, engendrar) de los dioses y existió primero que ellos.
Es discordante con el orden sugerido por la teología heliopolitana (ver Cosmologia en heliopolis Egipto ) que propuso primero la tierra (Geb) y luego el cielo (Nut) en su cosmología (como lo hacen los hebreos en su segundo relato de la creación en Génesis 2:4, cuando invierten el orden propuesto en el capítulo anterior del mismo libro)[7].
El TgN reza: Desde el principio, [la Palabra] del Señor, con sabiduría, creó [y] terminó los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desolada y caótica, privada de hombres y animales y vacía de todo cultivo de plantas y árboles y la oscuridad se extendía sobre la faz del abismo y un viento misericordioso procedente del Señor soplaba sobre la superficie de las aguas.
El Tárgum considera, por si los malos entendidos, que el cielo estaba armónico y equilibrado, que el desorden estaba en la tierra (tal vez por carencia de humanos y vida en general) y que la misericordia era una cualidad divina, propia de un juez, como Thot (Dyehuty) para los hermopolitanos.
En resumen tenemos cuatro elementos a distinguir:

  • Una tierra y unos cielos que acaparan espacio pero que no tienen forma ni contenido.
  • Oscuridad (hoshekh).
  • Un profundo mar primordial dentro del cual hay espacio informe.( Para los hombres del enclave Mediterráneo lo más desordenado concebible era el mar tormentoso de noche, en la oscuridad).
  • Un viento (espíritu divino) flotando sobre la superficie de las aguas y/o agitándolas. Es la luna (Eurínome) generando mareas para que la vida irrumpa.

Son las cuatro parejas de la ogdóada hermopolitana: Nun y Nahunat, el océano primordial; Heh y Hehet, la infinidad del espacio; Ket y keket, las tinieblas, la oscuridad; Niau y Niat, el viento.
Son los cuatro dioses o elementos primordiales de la teología menfita (ver Mitologia en Menfis): Ptah-Nun y Ptah-Naunet (océano primordial), Atum, Horus y Toht.
Son los cuatro dioses o elementos primordiales de la teología heliopolitana, actuando Atum como demiurgo solar: Nun (el océano inicial), Shu y Tefnut (como si fueran uno solo, haciendo parte del viento húmedo que fertiliza; el soplo de vida y el orden moral de la mano), Geb (tierra) y Nut (el cielo).
El número cuatro dentro de la numerología (ideas arquetípicas representadas en números), personifica lo material, lo concreto. Concuerda en la cantidad de elementos primigenios también con los sumerios y los egipcios.
Vayamos donde los helenos. En el mito Olímpico de la creación se cuenta cómo la Madre tierra emergió del caos y dio a luz a Urano (el cielo), quien a su vez derramó lluvia e hizo que germinaran plantas y crecieran animales, se formaran los lagos y los ríos. Primero la tierra, después el cielo, quien concibe vida.
Según Hesíodo, inicialmente de la oscuridad nació el Caos, después Gea (la tierra), Tártaro y Eros. De Caos surgieron Erebo y la negra noche, quienes a su vez engendraron a Éter y el día. Gea, autofecundándose parió a Urano-el cielo- («para que la cubriera en derredor por todas partes y fuera un asiento seguro para los dioses seguros por siempre») y a Ponto (el mar); luego de la unión con Urano parió a Océano. (Hesíodo, Teogonía 116-130). Oscuridad-caos-tierra-cielo-mar, en ese orden preciso.
La idea del espíritu o el viento como causante de la fertilidad (creación) es abordada también en el mito pelasgo de la creación.
Génesis 1:3-5. Fin del día uno.
Y Dijo Dios, sea la luz y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
Para los hebreos cada nuevo día iniciaba con el ocaso. Las acciones (ocho obras, cuatro separando y limitando regiones y cuatro poblando de seres esas regiones) del creador se distribuyen en seis días de trabajo y un séptimo de descanso. Como su calendario era lunar, el “día” empezaba cuando salía la luna, a las seis de la tarde.
«Dijo» se translitera desde la palabra permanecer, que puede significar además: afirmar, anunciar, añadir, aviso, canto, considerar, contar, contestar, convocar, dar, deber, decidir, decir, declarar, desear, determinar, dicho, gozar, hablar (de, en contra de), llamar, mandar, meditar, orden, ordenar, pedir, pensar, proclamar, proferir, prometer, publicar, punto, querer, razonar, recitar, referir, responder, señalar, tratar, vanagloriar.
Vemos el poder creador de la palabra (y la publicación de una noticia requería un público espectador que escuchase, ¿acaso otros dioses?) en los hebreos y nos recuerda, no sin sonrojo que ya desde los sumerio-acadios, se reiteraba este poder creador con soltura y fluidez. « Para el dios creador era suficiente establecer un plan, emitir una palabra y pronunciar un nombre, y he aquí que la cosa prevista y planeada adquiría existencia propia.»[8]

Ejemplo de esto, vemos en el himno a Inanna: «Ante tu palabra, que como un hilo doble nadie rasga, tiembla todo el cielo».

Pero eso no es todo, subyace la idea que la creación es un todo estructurado con una gran lógica interna, donde cada pieza encaja a la perfección con las otras y posee unos derroteros precisos dictados por lo dioses al momento de la creación.

En la teología menfita, de Egipto, según vimos en el tomo I, Ptah piensa, emite su voz y crea. Su cosmogonía se basa en el poder del mandamiento verbal, que comporta una acción inteligente[9] :«Así sucedió que el corazón y la lengua obtuvieron la supremacía sobre [todos] los miembros [del cuerpo] de acuerdo a la doctrina que él está en cada uno de los cuerpos y cada una de las bocas de cada uno de los dioses, de todos los hombres, de todo el ganado, de todos los seres que reptan y de todo lo que vive, pensando lo que desea y decretando todo aquello que anhela.»[10]

En la escuela teológica tebana (Tebas-mitologia), a su vez, siguen reiterando su convicción en el mandato creador de la palabra: Respecto a AmónXII Señor del Conocimiento (SiA), en cuya boca se hallala Autoridad (Hw).[12]

En el Enuma Elish (explicación babilónica), Lahmu y Lahamu recibieron sus nombres antes de ser creados.

Explicando este pasaje del Génesis, PRE (4:1), opina que fueron ocho cosas las creadas este día: los cielos y la tierra, la luz y las tinieblas, el abismo y el caos, el viento y el agua.

En el capítulo 1 de Génesis se repetirá esta fórmula «Dijo Dios», diez veces; el visto bueno, la fórmula de aprobación divina, fue usado siete veces en el primer capítulo del Génesis. Al final de las extenuantes labores diarias, excepto del segundo día, Dios repasaba lo ejecutado y aprobaba «era bueno». Indican que las acciones del día se habían culminado con éxito y que al creador le agradaba lo hecho. El séptimo día no empleó tal fórmula porque ese día descansó según la saga. Analizando lo que sigue, resulta curioso que haya luz sin existir lumbreras y que hayan días y noches (que necesariamente implican desplazamiento de un astro por el firmamento) sin existir sol o luna.

La explicación bíblica tardía más coherente (no necesariamente suficiente) la dará el texto de Job 38:19-21, BJ:[13] se desconoce la procedencia exacta de la luz, pero se establecía como parcialmente independiente del sol y de los astros. Tal vez de lo que se trataba era de desacreditar a egipcios y mesopotámicos que adoraban los astros como generadores de luz. Tampoco hay que perder de vista que si la semana empieza con nuestro día domingo, está cobijado por la potencia planetaria o astrológica del sol. Tendría que entrar alguna de sus cualidades allí para darle coherencia a su saber.

Traigamos a colación lo que pensaba la escuela heliopolitana sobre este aspecto: Para ellos la luz existió antes que los astros luminosos, debido a que Atum tiene como cualidad inherente, la luminosidad (independientemente del sol y de la luna): de este atributo pendía el ciclo del eterno retorno, como símil del recorrido del sol por los cielos, manifestando «eternidad» y «perpetuidad», diferente a los simples conceptos de «día» y «noche».

Y por si fuera poco la teología tebana opinaba que a continuación tiene que venir la creación de la luz. En un himno a Amón se halla: « [Aquél (es decir, Amón)] que apareció la primera vez cuando [todavía] no se había creado un dios, cuando tú [Amón-Ra] abriste tus ojos para ver con ellos y todos se iluminaron por medio de la mirada de tus ojos, cuando el día todavía no se había creado».

Génesis 1:6-10. Cielos y tierra. Fin del segundo día.

Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

La palabra hebrea traducida por firmamento (raquía) connota algo estirado o expandido. En la versión Dios Habla hoy se usa… bóveda que separe las aguas, aludiendo a algo sólido y resistente, soportado sobre la tierra plana (bajo cuya superficie quedaba el océano) y sosteniendo una mole de agua superior de donde procedían las lluvias. Job 37:18 también emplearía este término bóveda, como espejo de metal fundido (BJ) Confróntese con la concepción del mundo según la Iliada: El cielo es una semi-esfera sólida (metálica) con características propias de los metales como solidez y brillo; se encuentra cubriendo la tierra plana. (Il 17,425). Bajo la tierra se halla el Tártaro, también de características metálicas (Il 8,13).

Tanto en la mitología mesopotámica como en la egipcia, la montaña primordial (Nun) separaba las aguas.

En todo el oriente Medio el cielo (Nut) aparece sostenido por una bóveda transparente y fuerte; para los egipcios estaba asociada al dios Shu, quien aparecía sosteniendo el cielo sobre Geb (la tierra), como el hijo que sostiene materialmente a sus padres.Los hebreos reconocían esta realidad, pero como en los fragmentos anteriores, desligaron la función de la divinidad de los henoteístas egipcios.

Luego, el mismo dios Shu reúne las aguas.[14]Los escribas hebreos juzgaron estas líneas como referidas a los grandes océanos conocidos y no al Nilo cual correspondía a sus maestros egipcios.

Es en este segundo día que el demiurgo hebreo (que insistimos, habla solo o efectivamente tiene un auditorio) le da nombre a los cielos. ¡Vaya dislate! ¿No que los había hecho (por el poder creador de su palabra, es decir nombrándolos) en el día uno? ¿O implicará el largo discurso de los tres cielos manejados por los sumerios, donde el tercer cielo (de mayor a menor) era el de los dioses, el segundo el de las divinidades planetarias y el primero era el firmamento? Posiblemente entonces fue en este día que se creó ahora el firmamento.

En el mito pelasgo de la creación, la diosa de todas las cosas (madre), a la usanza de YHWH, separó el mar del firmamento. El título de la diosa lunar era Eurínome.

Curiosidad: en este segundo día de creación no hay fórmula aprobatoria de parte divina. ¿Algo le disgustó? ¿Algo quedó inconcluso? ¿Quizás faltaba por circunscribir la tierra seca y apartarla de los mares? Solo después de hacerlo se inserta la formula de aprobación común a la creación en su día a día (6 de 7); si esta fórmula indicaba el término de un día entonces este suceso no ocurrió el día tres sino el día dos.
Génesis 1:14-19. Sol y luna, día cuatro.
Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche[17]; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
La razón de ser de los astros se reduce para ellos (DHH) a servir para señalar los días, los años y las fechas especiales, refriéndose a las estaciones y fechas religiosas. Nuestro (s) relator (es) nos están anticipando la fijación del calendario litúrgico.
TgN, referido a 1:14 dice: Haya… y que sirvan de señales de tiempos sagrados, y para santificar por ellos la intercalación de lunas (y) meses.
TgPsJ, en cambio afirma: …que sirvan de señales y para (indicar) los tiempos de las fiestas, para verificar con ellas el cálculo de los días y para consagrar el tiempo de los meses y las intercalaciones de los años, los solsticios, la luna nueva y los ciclos (solares).

Se crean unos focos luminosos (sin identificar) para ayudar a fijar un calendario y separar el día de la noche. A continuación viene el Sol, la Luna y las estrellas. ¿Fueron dos acontecimientos separados y a continuación uno del otro? ¿O fueron fragmentos de una escuela remendados con los de otra para expandir una idea de creación del sol, la luna y las estrellas?

Por lo pronto, los hebreos posteriores, sugieren que inicialmente fueron hechas de igual tamaño el sol y la luna y que por desavenencias personales, fue disminuida la luna: TgPsJ: Y fueron iguales en su gloria durante veintiún años menos seiscientas setenta y dos partes de una hora. Después contó la luna una calumnia sobre el sol y fue disminuida.

Ahora, para los egipcios el sol era fundamental y había huellas de su creación, cosa que no sucede con la luna[18] y menos con las estrellas (relacionadas con el sol).
En algunos relatos egipcios, el sol y la luna son los ojos de Horus, las estrellas eran los habitantes del más allá o las «seguidoras de Osiris».

El arcángel Miguel era el “poder planetario” de este día, como lo era Hermes (Mercurio) en Grecia y Thot en Egipto.
La creación según otros textos bíblicos.
Una variante interesante extraída de los textos bíblicos sería la siguiente:
Salmos 33:6-7 (RV 1865 y NVI): Por la palabra de Dios fueron hechos el firmamento y los astros del cielo; desplegó el cielo como quien arma una tienda (carpa) sobre medidas para cubrir el océano. Salmos 104:2-6 (BJ, NVI y RV 1865). Isaías 40:22 y 44:24 (BJ y RV 1865)
Estableció su trono en los cielos, desplazándose en las nubes empujadas por el viento.[19] Salmos 93:2 y 104:3 (RV 1865 y NVI). Puso la tierra a buen resguardo, cimentándola fuerte en el océano profundo, Salmos 18:15 (RV 95)[20], y, empleó como materiales, la nieve y el fuego (Salmos 148:4-8). Los textos mencionados con acusadamente más literarios y poéticos que el mismo génesis, según veremos en su aparte respectivo.

[1] ¿Quién menospreció el día de los modestos comienzos? ¡Se alegrará al ver la plomada en la mano de Zorobabel! « Esos siete son los ojos de Yahveh: ellos recorren toda la tierra. »(BJ).
[2] Esta sección sobre los días de la creación va a usar como traducción bíblica la RV 60. Es comúnmente aceptado que las versiones Reina Valera, todas, junto a la Biblia Hebrea de Jerusalén y la NVI, conservan los rasgos poéticos más concordantes con el original hebreo, como si las traducciones hubieran sido más fidedignas.
[3] El hebreo no tiene término para expresar la idea de eternidad. Es evidente que los lenguaje mitológicos, careciendo de voces auxiliares, ponían toda la carga en pesadas y poco manejables palabras, henchidas de un potencial interpretativo a descifrar.
[4] Tohu y Bohu (Caos)
[5] En las acepciones etimológicas más antiguas Madre y Creador eran sinónimas.
[6] Se puede hacer equivaler este término con el mesopotámico de anunnaki. Este triunfo de Elohim sobre el caos, se puede metaforizar en la desaparición del ejército egipcio bajo el mar cuando los israelitas parten de Egipto.
[7] Pareciera un burdo intento de conciliar (tal vez superponer) dos posturas diferentes sobre la creación del mundo.
[8] KRAMER, Samuel Noah, La historia empieza en Sumer, Ediciones Orbis, Barcelona 1985, página 108.
[9]Página Web La Tierra de los Faraones http://www.egiptolog%C3%ADa.org/Mitolog%C3%ADa/Leyendas/creacion_path/
[10] El demiurgo no monopoliza el poder creador, la contrario todo lo que posee vida participa y debe involucrarse.
[11] «el escondido», dios del Imperio desde la XVIII dinastía. Forma una tríada divina junto a Mut (Madre) y a su hijo Jonsu (el errante, o sea la luna). El animal a él consagrado es el carnero
[12] Tomado del himno a Amón-Ra, Papiro Boulaq 17, encontrado en la página Web La Tierra de los Faraones http://www.egiptolog%C3%ADa.org/Mitolog%C3%ADa/himnos/
[13] ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?, para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa. Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!
[14] Ver «Textos de los sarcófagos 76»: «Este dios [Shu] está atando la tierra para mi padre Atum, y reuniendo la gran inundación para él», refiriéndose la gran inundación a la creación del río Nilo ocurrida el mismo día en que Atum apareció sobre Nut (la montaña primigenia).
[15] Cf. GRAVES Robert PATAI Ráphael. Los Mitos Hebreos. Religión y mitología, Alianza Editorial, Madrid 2000, página 26
[16] ANONIMO, El libro de los muertos, Versión española de José Manuel Álvarez Flórez, Editorial Verón, Barcelona, segunda edición Junio de 1982, Capítulo 79, página 130.
[17] Quien nos cuenta el proceso omite adrede los nombres “Sol y Luna “que veneraban sus vecinos (e incluso los mismos judíos según 2 de Reyes 23:11).
[18] Representada por un gato, animal que ve en la oscuridad y cuyos ojos se dilatan en la oscuridad, como se figuraban los egipcios a la luna. En ese idioma primitivo gato significaba vidente.
[19] O si lo prefieren camina en la tempestad y el huracán (Nahúm 1:3. BJ).
[20] La RV 95 en la cita pié de página aclaratoria en Salmos 18:15, afirma que los hebreos imaginaban el mundo como una masa de tierra seca empotrada sobre unas profundas bases, establecidas sobre las profundidades del océano.

Ver también: sumerios y acadios , cosmologia, diosa madre

Ediciones 2011-13-17

Angel Eulises Ortiz

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Angel Eulises Ortiz