Que es el amor, significado, concepto

¿Que es el amor? Vaya, es la tarea que que me he impuesto, averiguar su significado; no porque saberlo me haga mejor amante o permita que me amen más, solo por tratar de entender mejor sus alcances.

Ciencia

Para algunos el amor se reduce a química, a una condición neurológica poderosa, tanto como el hambre y la sed pero de mayor duración.

¿Diferencias con la lujuria?

Que cuando hay apego o amor, se liberan feromonas, dopamina, norepinefrina, serotonina, oxitocina y vasopresina; cuando existe lujuria, el cuerpo secreta testosterona y el estrógeno. Bajo esta óptica, habrían distintos matices de amor y de lujuria (eros, pasión sexual, deseo) y en diferentes escenarios hasta combinaciones de estos tonos.

También pudiera ser visto el amor como una herramienta de supervivencia en la senda evolutiva.

Sentimiento

Para otros el amor es un sentimiento enorme y fuerte que se siente por otra(s) persona(s) y que no implica necesariamente retroalimentación o correspondencia (ser correspondido). Pero el amor también pudiera implicar una actitud positiva, la unión íntima y profunda a una persona, la entrega y la necesidad de ayudar, de ser útil a la misma.

Esto es válido para los amores familiares, amistades, relaciones espirituales, etc.
El amor es el motor de las grandes historias.

Significado

  • Es un sentimiento que surge de forma espontánea pero que también debe nutrirse con el tiempo.
  • Es algo irracional pero también lógico y racional.
  • Es una actividad del corazón pero también de la mente.
  • Es una emoción que puede hacernos vivir pero también hacernos vivir una ilusión.
  • Es un impulso instintivo pero también un talento a desarrollar.
  • Sí, amar es un talento , un poco como tocar el piano o pintar, un «movimiento» del cuerpo y del alma que se vuelve más elegante a medida que practicas.

Psicología

Según la psicología normalmente en el amor buscamos parejas que tengan características que de alguna manera nos son familiares, para poder evaluar a alguien aunque no lo conozcamos bien o tal vez nos adaptemos a las reglas sociales por miedo a la opinión pública.

Según la psicología muchas veces nos enamoramos de un estereotipo que nos conviene más, según los constructos sociales y mentales que muchas veces nos hemos creado, por el miedo a saltar a lo desconocido de este sentimiento tan envolvente.

Para definir el amor, el psicólogo cognitivo Sternberg ha ideado un método que intenta explicar los diferentes tipos de amor, mediante la combinación de tres elementos: intimidad, pasión y decisión / compromiso.

La intimidad define cuánto la pareja es capaz de cuidarse a través de los sentimientos de compartir, afinidad y confianza . La pasión se trata de lo físico.

La dimensión decisión-compromiso define dos componentes que pueden diferir: la decisión se refiere a la decisión de amar a alguien, mientras que el compromiso tiene que ver con el deseo de mantener la relación en el tiempo.

De pareja

Según Erich From:

El amor es un poder activo del hombre; un poder que anula los muros que lo separan de sus semejantes, que lo hace superar la sensación de aislamiento y separación, y al mismo tiempo le permite ser él mismo y preservar su integridad. Parece una paradoja, pero en el amor dos seres se vuelven uno , pero siguen siendo dos.

En mi opinión, existen tres condiciones esenciales para la sostenibilidad del amor en pareja: admiración, soñar y deseo sexual. Y estos tres componentes deben canalizarse a la misma persona. Y recíproco. Y estable. Pero no necesariamente en el orden: el deseo puede surgir de la admiración o viceversa.

Solo puedo amar a alguien si lo admiro y me siento admirado por ese alguien. La admiración es un sentimiento de alegría y plenitud frente a lo que uno considera hermoso o grande . 

Solo hay amor en el respeto. Desde el momento en que nos gritamos tonterías, hipotecamos seriamente el amor. 

Puede que no siempre estemos de acuerdo en la crianza de los hijos, en cómo gastar el dinero (estas son las dos principales fuentes de desacuerdo) …, pero siempre debemos estar de acuerdo en que el otro es una persona humana única digna de respeto y admiración. 

No olvidemos que dos amantes son también dos enemigos íntimos … que se deben respeto. El declive de la admiración es paralelo al declive del amor

Historia y culturas

Homero usaba la palabra Eros, no para hablar de un dios sino como sustantivo que aludía a deseo e inclusive,amor.

En la teogonía de Hesíodo, Eros es uno de los tres dioses primordiales, junto al caos y la tierra; pese a no tener descendencia, sin su labor, los demás dioses no hubieran engendrado hijos. Aunque siempre es preciso resumir su postura sobre el amor como algo contrario a la razón.

Sófocles en su libro clásico, Antígona, culpa a eros de la tragedia de su personaje, por considerar que es destructivo, conduce a la locura y cambia a los justos en malévolos.

Empédocles consideraba al amor y al conflicto como fuerzas de unión o separación dentro de su concepción cósmica y metafísica.

Según Platón (en su obra Symposium), el amor es lo más parecido a la caza (ir de cacería); una suerte de locura y hasta un dios poderoso. Distinguía entre el amor terrenal, normal y, el amor celeste,un movimiento del alma en procura del saber filosófico (el que conduce al conocimiento).

Para este pensador, el amor ideal es aquel que desea el bien (lo que conduce a la contemplación de lo eterno e inamovible, yendo más allá de lo particular), un balanceo o vibración entre riqueza y pobreza, entre tener y carecer, entre posesión y no adquisición.

Aristóteles se expresó sobre el amor sobre todo en sus implicaciones éticas, aunque es memorable su metáfora del amor para explicar el movimiento de los planetas: el motor inmóvil es el amado y el sistema planetario la amante. El concepto del motor inmóvil lo transformarán los cristianos en su propia idea de la divinidad.

😉

Me viene a la mente en ese orden de ideas conceptos expresados por los antiguos griegos como Philia, la intimidad profunda, no sexual entre amigos y miembros de la familia; Pragma, el amor maduro entre dos adultos responsables y que se da de manera estable durante largos periodos de tiempo; ágape, el amor generalizado y, Philautia, o el amor propio.

Plutarco por su parte afirma que el amor es una fuerza que propulsa a la materia hacia el primer principio, es el «sueño» de la materia informe por llegar a ser como la forma ideal del bien.

Primeros cristianos

Los primeros cristianos homologaban el amor con la caridad aunque toda la órbita del amor estaba envuelta en la divinidad: «amar a Dios y por Dios».

San Agustín se expresaba con tres términos para aludir al amor: charitas (caridad), amor y dilectio (inclinación), tres conceptos que a veces homologaba pero que siempre juzgaba en torno a sus ideas de bien y del mal en términos cristianos.

Santo Tomás catalogaba al amor como una inclinación natural que conduce hacia el bien y que puede catalogarse bajo la óptica de las emociones o del intelecto, estando subordinada su acepción, a la órbita cristiana.

Dante por su parte, dice que el amor mueve al sol y las estrellas, siendo una potencia que atrae a las personas hacia una vida más noble.

Plotino, distinguía en el amor tres formas: el amor divino, el amor demoniaco y la pasión.Todas estas categorías se subordinaban a la búsqueda de la belleza, que empieza en las cosas materiales y termina en las de las ideas. Stendhal, al tratar el tema del amor heterosexual, distingue entre el amor-pasión, el amor-gusto, el amor físico, y el amor de vanidad.

Arthur Schopenhauer condenaba todas las formas de amor por considerar que estaban atadas a la voluntad de vivir, algo condenable bajo su postura filosófica; identificaba el origen del amor en la sexualidad, aclarando que pudiera disfrazarse de «admiración».

La voluntad de vivir está destinada a la producción de un nuevo individuo (la unión sexual existe para beneficio de la especie) y por tanto los matrimonios no deberían hacerse por «amor» sino por conveniencia.

Implicaciones

Este par de apuntes los traigo a colación para indicar que hay muchas clasificaciones y tipologías sugeridas, muchos sinónimos y términos que intentan abarcar al amor en todas sus fases o desarrollos. Y esto es así desde la antigüedad.

Algunos opinan que el amor es una emoción anómala y algunos inclusive que no es una emoción. Detengámonos un momento y tratemos de entender esta postura. Las emociones están garantizadas por algún suceso acerca del objeto de la emoción. El amor se sale de la norma, pues se puede amar sin que nos amen, por ejemplo.

Otros afirman que el amor es un conjunto de deseos respecto a la persona amada. Y existen los que preguntan si existen razones para el amor y, de ser así cuáles pudieran ser.

Se mencionan como posibles razones para el amor, las propiedades (no homologando el término con bienes o posesiones materiales) o cualidades de la persona amada como ingenio, belleza o bondad.

Pero esta clase de argumentos también tiene sus detractores, que consideran esta manera de ver las cosas como algo fetichista, puesto que se fija en elementos accidentales y no en la esencia de la persona.

Otro argumento en contra pudiera ser que al disminuir alguna de sus virtudes o cualidades, nuestro amor disminuiría, lo cual no es necesariamente cierto.

También cabría entonces que alguien con mayor proporción de esas cualidades pudiera quedarse fácilmente con nuestro amor o afecto, lo que sería la antítesis del amor. Como decía Harry Frankfurt: «El amor crea razones si bien no hay razones para el amor».

El amor se focaliza en la persona a quien se ama, no es una respuesta a una propiedad generalizable.

Y pese a lo que digan los filósofos morales, muchas formas de amor, entre ellas la romántica no desean favorecer a toda la especie o a toda la humanidad sino a un ser concreto, alguien en particular.

Amor a primera vista

El amor a primera vista es amor a primera vista, muy fuerte desde el principio. Este amor puede evolucionar hacia una relación profunda y duradera después de esta primera fase.

También puede detenerse en cuanto nos conocemos mejor, porque el otro ya no parece interesante después de un tiempo como si hubiéramos estado enamorados de una imagen que la realidad destruye al cabo de un tiempo.

La química de la atracción

En el nivel de la química de la atracción y el amor , hay varias fases que comienzan con el noviazgo. Los estudios de neuropsicología han demostrado, de hecho, que en la fase de cortejo, algunos neurotransmisores pueden crear experiencias únicas: en particular, en esta fase se liberan grandes dosis de dopamina , un neurotransmisor responsable del efecto del placer y la euforia.

A esto le sigue el hipotálamo que ordena a nuestro cuerpo enviar señales de placer y atracción. A medida que pasa el tiempo y las citas progresan, los niveles de dopamina aumentan cada vez más favoreciendo el deseo y la excitación, y el deseo de pasar más y más tiempo con la pareja.

Cuando la relación se profundiza tenemos la aparición de otros dos tipos de neurotransmisores: la noradrenalina y la feniltilamina responsables de las mariposas en el estómago de otro tipo de actitudes, como el insomnio, la disminución del apetito o la sensación de energía que nos invade, junto con otras. comportamientos calmantes como ternura o actitudes «en forma de corazón».

Otra hormona, llamada hormona del amor , también se libera en esta etapa: oxitocina.. Esta hormona facilita el mantenimiento y la creación de vínculos emocionales, y es responsable de las sensaciones de bienestar y ganas de cuidarse unos a otros.

Se libera cuando hay un estímulo que nos recuerda al ser querido (su voz o pensamiento) pero también durante el orgasmo: esta hormona produce gratificación emocional y placer físico (también se libera durante la lactancia y el parto para crear un vínculo amoroso inmediato con el recién nacido).

Durante el orgasmo también se libera otro tipo de hormona, llamada vasopresina , que además de dar una sensación de satisfacción y relajación también es responsable de la sensación de territorialidad : los celos hacia la pareja se deben a esta hormona y que también empuja hacia la fidelidad y monogamia.

Este terremoto hormonal y emocional es el momento en el que decidimos y evaluamos si nuestra pareja es la indicada para nosotros, si podrá ayudarnos si estamos enfermos o si estará ahí en caso de necesidad.

Pasado este período, en un período de tiempo que va de los 18 a los 30 meses, lo que sucede es que el cerebro se ha vuelto adicto a las hormonas del enamoramiento como las fenilafetaminas y ya no reacciona como antes.

En este punto comienza a producir endorfinas que nos hacen sentir bien cuando estamos con nuestra pareja. El compañero se convierte en quien sabe quitarnos las tensiones, sabe comprendernos y escucharnos y quien se ha convertido en la otra mitad de nuestra manzana.

Es en este momento que comienza la fase del amor verdadero y puro.. Si bien todo este proceso no suena muy mágico y romántico, en realidad es solo una cara de la moneda.

El amor es mucho más: son dos cuerpos y dos almas que se unen, trayendo consigo los valores y la cultura de su época, sus vivencias y sus proyectos pasados ​​y futuros, y la posibilidad de crear una nueva familia. La química de la atracción es solo el comienzo .

¿Cómo sabes si es amor?

El amor a menudo surge por sí solo, a veces sin previo aviso. ¡Puedes buscar el amor y no encontrarlo, no buscarlo y encontrarlo! ¡Amor es mágico!

Cuando amamos, tenemos la impresión de sentirnos bien. Los sentimientos de amor ayudan a desarrollar la confianza en uno mismo y aumentan la autoestima.

Es gratificante, porque leemos en los ojos del otro que somos atractivos o atractivos. Descubrimos que también podemos ser importantes fuera del círculo familiar y que otras personas además de los padres pueden animarnos y entender por lo que estamos pasando.

Creamos un vínculo fuerte, aprendemos a confiar en una nueva persona, nos revelamos poco a poco y hablamos de cosas íntimas que nunca nos habíamos atrevido a comentar con nadie.

Amor a largo plazo

El amor a largo plazo, por otro lado, requiere una relación más duradera. Puede comenzar con amor a primera vista, pero no necesariamente. El tiempo es fundamental para el amor: permite que dos personas se conozcan y descubran puntos en común.

Es más probable que una relación romántica dure en el tiempo cuando ambos se sienten bien juntos y comparten actividades en común. En todos los casos, se transforma y evoluciona a lo largo del camino.

Qué es el Amor verdadero

El amor es una multiplicidad de emociones. Es una sensación absoluta. El amor es el momento en el que dejas de pensar con la cabeza y empiezas a pensar con el corazón . 

El amor llena los días, nos hace reír, nos hace llorar, nos desespera, pero seguro que no se puede vivir sin amor. Amar significa desear lo mejor para el otro , sea quien sea, incluso cuando las razones sean diferentes. 

Significa permitir que el otro sea ​​feliz , incluso cuando su camino sea diferente al nuestro. Es un sentimiento que nace del deseo de entregarse, de dar un salto en la oscuridad, de arriesgarse y de confiar la vida en manos de otra persona.

Qué es el amor verdadero
Qué es el amor verdadero

Bibliografía consultada

  • Encyclopedia of Philosophy Vol 5, second edition, Donald M Borchet, Editor in chief, © 2006 Thomson Gale, a part of the Thomson Corporation.
  • Mora José Ferrater. Diccionario de Filosofía. Editorial Sudamérica Buenos Aires. S/f
  • Verywellmind

Ediciones 2012-18-21

Filosofía estoica

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Filosofía estoica, definición, características, qué es, explicación.El estoicismo, corriente filosófica griega y romana, se presenta como una doctrina panteísta y materialista. Nacido en el siglo IV a. C. con Zenón de Citium, el estoicismo se desarrolló hasta finales del siglo III d. C.

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Que es un Angel, definición, concepto, en que consiste

Qué es un ÁNGEL: significa literalmente mensajero o emisario. Doctrinas angelológicas se encuentran en varias concepciones religiosas y cosmogónicas (por ejemplo, entre los antiguos persas, en Babilonia), pero sólo en el judaísmo y luego, sobre todo, en el cristianismo alcanza la doctrina sobre los ángeles precisiones teológicas que suscitan interés filosófico.

Biblia

En el Antiguo Testamento los ángeles son enviados de Dios y en ocasiones —como en el caso del «Ángel de Jehová»— parecen ser una anticipación del Verbo de Dios.

En el Nuevo Testamento se habla de la intervención de ángeles en diversas ocasiones (Anunciación, consuelo de Jesús por un ángel durante la pasión, etc.). En todos los casos los ángeles son considerados como seres creados por Dios, pero muchas discusiones se han suscitado en torno a su verdadera naturaleza y destino.

Padres de la iglesia

Todos los Padres de la Iglesia y teólogos han admitido que se trata de espíritus, pero mientras algunos han insistido en su pura espiritualidad, otros les han atribuido un cuerpo (etéreo y luminoso).

En cuanto a su destino se admite la narración de la rebelión de algunos de los ángeles contra Dios , pero mientras varios autores (Orígenes, De principiis, II, 9 y III, 5-6) declaran que todos los espíritus creados por Dios (ángeles y demonios) se salvan en la apocatástasis final, la mayoría de los Padres, especialmente desde San Agustín (Cfr. especialmente De Civ. Dei, XI y XII; Comm. litt. en., I, 1-5), se inclinan en favor de admitir la condenación eterna de los ángeles malos y la eterna beatitud de los ángeles buenos.

Las precisiones anteriores no resultaron, empero, suficientes ni desde el ángulo teológico ni desde el filosófico.

Teológicamente, sólo con Dionisio el Areopagita ( Hier. cael. passim; Cfr. especialmente IV-X) se desarrolló una doctrina angelológica que, basada en la Escritura, ofrecía un aspecto sistemático, no sólo en lo que toca al examen de la naturaleza de los ángeles, sino también en lo que se refiere a su organización (en nueve coros y tres jerarquías).

Filosóficamente, la doctrina más completa al respecto es seguramente la de Santo Tomás (Cfr. especialmente, S. theol. I, qq. L-LVI y Cont. Gent., II, 72 y 98), el cual ha usado para la edificación de la angelología concepciones proporcionadas por el pensamiento aristotélico.

que es un ángel, significado
que es un ángel, significado

Especialmente importante al respecto ha sido el interpretar los ángeles filosóficamente como substancias separadas e intelectuales. Estas substancias son inmutables e inmortales; aunque individuos, son a la vez especies, de modo que cada ángel constituye por sí mismo un universo completo y sobremanera rico.

Aunque creados por Dios y situados en la jerarquía del ser entre Dios y los hombres, los ángeles son espíritus puros, puras inteligencias, auxiliares de Dios en el gobierno divino, poseedores de una ciencia superior a la humana, pero inferior a la divina, pues los ángeles no pueden penetrar por sus propias fuerzas ni el secreto del corazón humano ni el del porvenir.

Sus observaciones sobre los seres humanos son más completas que las ejecutadas por ningún otro ser (excepto Dios), y sus previsiones más perfectas que las de ningún otro ser (excepto Dios), pero no hay ni conocimiento completo de la entraña del hombre ni previsión infalible del porvenir.

Terminemos observando que Eugenio d’Ors ha interpretado el concepto de ángel en un sentido muy especial dentro de su doctrina filosófica; el ángel puede ser comparado, a su entender, con una especie de «sobreconciencia», de tal suerte que la angelología se convierte en una doctrina —más metafísica que psicológica— de la personalidad. [1]

Hindúes

ÁNGEL. (Ángeles de los hindúes, de los persas, etc.) El autor del artículo Ángel, publicado en la Enciclopedia, dice: «Todas las religiones han admitido la existencia de los ángeles, aunque la razón natural no haya podido demostrarla».

No conocemos más razón que la natural; lo sobrenatural está sobre la razón. Por esto, el autor del citado artículo debió decir que muchas religiones, no todas, admitieron los egipcios no admitieron los ángeles.
Entendemos por la palabra ángeles a los ministros de Dios, a sus emisarios y a los seres intermedios entre Dios y el hombre, enviados al mundo para comunicarnos sus órdenes.

En el año actual, 1772, hace precisamente cuatro mil ochocientos setenta y ocho años que los brahmanes se vanaglorian de tener escrita su primera ley sagrada, que titulan el Shasta, la cual conocieron mil quinientos años antes que su segunda ley, llamada Vedas, que significa la palabra de Dios.

El Shasta contiene cinco capítulos: el primero se ocupa de Dios y de sus atributos; el segundo, de la creación de los ángeles; el tercero, de la caída de los ángeles; el cuarto, de su castigo, y el quinto, de su perdón y de la creación del hombre.

Es interesante observar la manera en que habla de Dios ese libro.
Primer capítulo del Shasta.

«Dios es uno y lo creó todo. Es una esfera perfecta, sin principio ni fin. Dios gobierna toda la creación por medio de una providencia general, que es la resultante de un principio determinado. No pretendas descubrir la esencia y la naturaleza del Eterno, ni por qué leyes la gobierna. Semejante empresa sería vana y criminal. Gózate contemplando sus obras noche y día, su sabiduría, su poder y su bondad».

Después de rendir este tributo de admiración al Shasta, pasemos a ocuparnos de la creación de los ángeles.

Segundo capítulo del Shasta. «El Eterno, absorto en la contemplación de su propia existencia, resolvió en la plenitud de los tiempos comunicar su gloria y su esencia a seres capaces de sentir y de participar de su bienaventuranza y servir a su gloria. El Eterno quiso y los creó. Los formó con parte de su esencia, capaces de perfección y de imperfección, según su voluntad. »

El Eterno empezó por crear a Birma, Vichnú y Siva, y luego a Mozazor y a una pléyade de ángeles. El Eterno dio la preeminencia a Birma, a Vichnú y a Siva. Birma fue el príncipe del ejército angélico, y Vichnú y Siva, sus coadjutores.

El Eterno dividió el ejército de los ángeles en muchas legiones, dando a cada una un jefe. Adoraron al Eterno alineados alrededor del trono y ocupando cada uno de ellos la grada que le asignaron. El armonioso coro sonó en los cielos. Mozazor, jefe de la primera legión, entonó el cántico de alabanza y de adoración al Creador, y el canto de obediencia a Birma, la primera de las criaturas, y el Eterno se regocijó de su nueva creación.»

De la caída de algunos ángeles. «Desde la creación del ejército celeste el regocijo y la armonía rodearon el trono del Eterno durante mil años multiplicados por otros mil, y hubieran durado hasta la consumación de los tiempos si la envidia no se hubiera apoderado de Mozazor y otros príncipes de las legiones angélicas.

Entre éstos se encontraba Raabon el primero en dignidad después de Mozazor. Olvidándose de la dicha de haber sido creados y de su deber, rechazaron el poder de perfección, ejercieron el poder de imperfección y obraron mal en presencia del Eterno. Le desobedecieron y se negaron a someterse al primer representante de Dios y a los asociados de aquel, Vichnú y Siva, y dijeron: Queremos gobernar.

Y sin temer el poder y la ira del Creador, difundieron esas doctrinas sediciosas en el ejército celeste y sedujeron a varios ángeles, que tomaron parte en la rebelión y se alejaron del trono del Eterno. La tristeza se apoderó de los espíritus angélicos que permanecían fieles y por primera vez se conoció el dolor en el cielo.»

Castigo a los ángeles rebeldes. «El Eterno, cuyo poder infinito y cuya presencia se extiende a todo, excepto a los actos de los seres que El creó libres, vio con dolor y con cólera la defección de Mozazor, de Raabon y de otros jefes de los ángeles, pero siendo misericordioso, a pesar de estar indignado, comisionó a Birma, Vichnú y Siva para que les reprocharan el crimen que cometieron e instarles a que cumplieran con su deber; resueltos a ser independientes, persistieron en la rebelión.

Al saber el Eterno su resolución, ordenó a Siva que fuera contra ellos, traspasándole su omnipotencia, y que los precipitara desde aquel sitio altísimo hasta el lugar de las tinieblas, al Ondara, para castigarlos allí durante mil años multiplicados por otros mil.»

Extractemos lo que dice el capítulo quinto. Cuando transcurrieron allí mil años, Birma Vichnú y Siva solicitaron del Eterno que tuviera clemencia con los rebeldes. El Eterno se dignó librarles de la prisión de Ondara y llevarlos a un sitio de prueba durante gran número de rebeliones contra Dios desde aquel sitio de penitencia.

En uno de esos períodos fue cuando Dios creó el mundo. Los ángeles penitentes sufrieron en él un sinfín de metempsicosis y en una de las últimas se convirtieron en vacas.

De aquí que las vacas sean sagradas en la India. Finalmente, se convirtieron en hombres. Vemos, pues, que la teoría de los indios sobre los ángeles es la misma teoría del jesuita Bougeant, que supone que en los cuerpos de los animales se alojan los ángeles pecadores.

Lo que los brahmanes inventaron seriamente lo imaginó un jesuita por mofa cuatro mil años después, a no ser que se le ocurriera esta chanza para conservar un resto de superstición mezclada con el espíritu desconocido, cosa que sucede con alguna frecuencia.

Tal es la historia de los ángeles en el antiguo pueblo de los brahmanes, historia que enseñan todavía en la actualidad, al cabo de cerca de cincuenta siglos. Nuestros comerciantes que traficaron en la India nunca se enteraron de esto, ni nuestros misioneros tampoco, y los brahmanes, que jamás vieron con buenos ojos la ciencia, ni las costumbres de los extranjeros, no quisieron comunicarles sus secretos.

Para que llegáramos a descubrirlos fue preciso que el inglés Holwell viviera durante treinta años en Benarés, ciudad situada sobre el Ganges, donde tenían establecida su escuela los antiguos brahmanes, fue necesario que el citado inglés aprendiera el sánscrito, lengua sagrada, y que leyera los antiguos libros de la religión hindú para comunicar a Europa tan singulares conocimientos.

Como también fue preciso que Sale residiera mucho tiempo en Arabia para poder traducir fielmente el Corán y darnos una idea exacta de lo que fue el antiguo sabeísmo, al que sucedió la religión islámica; como fue preciso, en fin, que Hyde estudiara durante veinte años en Persia todo lo concerniente a la religión de los magos.

Persia

De los ángeles de Persia. Los persas conocieron treinta y un ángeles. El primero de ellos, el superior, a quien sirven otros cuatro ángeles; se llama Baham, y asume la inspección de todos los animales, exceptuando al hombre, sobre el que Dios se reserva la jurisdicción inmediata.
Dios prescribe el día en que el sol entra en el signo de Aries, y ése es el sábado, lo que prueba que la fiesta del sábado se observaba en Persia desde tiempos muy remotos.

El segundo de los ángeles se llama Debadur y preside el día octavo. Al tercero lo apellidan Kur, de cuya palabra probablemente se originó Ciro, y es el ángel del sol, y el cuarto se llama Ma y preside la luna. Cada ángel tiene su distrito. Fue en Persia donde comenzó a conocerse la doctrina del ángel de la guarda y del ángel malo. Créese que Rafael fue el ángel de la guarda del Imperio persa.

Judios

De los ángeles entre los hebreos. Estos no conocieron la caída de los ángeles hasta los primeros años de la era cristiana. Para esto era menester que conocieran la doctrina secreta de los antiguos brahmanes, porque fue en esa época cuando se redactó el libro atribuido a Enoc, respecto a los ángeles rebeldes expulsados del cielo.

Enoc debió ser un autor antiquísimo, porque según afirman los judíos vivió en la séptima generación antes del diluvio. Pero dado que Set, que es más antiguo, dejó libros a los hebreos, podían también éstos jactarse de tener asimismo libros de Enoc. He aquí lo que Enoc escribió, según dicen los judíos:

«Habiendo crecido prodigiosamente el número de hombres y teniendo éstos hijas muy hermosas, los ángeles se enamoraron de ellas y fueron arrastrados a muchos errores.
Animándose unos a otros, dijeron: «Escojamos mujeres entre las hijas de los hombres».

Semiaxas, que era un príncipe, les dijo: «Temo que no os atreváis a realizar este deseo y a tener que cargar yo con todo el crimen». Los ángeles le respondieron a coro: «Juramos ejecutar nuestro designio, y nos entregamos al anatema si no lo realizamos». Se unieron por medio de este juramento y lanzaron imprecaciones.

Se reunieron doscientos ángeles, partieron juntos y acudieron a la montaña que se llamaba Hermonium. Los principales ángeles conjurados se llamaban Semiaxas, Atarcuf, Araciel, Chobabiel, Sampsich, Zaciel Farmar, Thausael, Samiel, Tiriel, Jumiel, etc. Estos y los demás, hasta completar el número de doscientos, tomaron mujeres el año 1170 de la creación del mundo. Del contacto de los ángeles con las mujeres nacieron tres clases de hombres, etc.»

El autor de ese fragmento, por la candidez con que está escrito, parece que deba pertenecer a los primitivos tiempos. Nombra a los personajes y no olvida las fechas, pero no incluye reflexiones ni máximas; ese es el estilo oriental.

Claro está que esa historia se funda en el capítulo sexto del Génesis que dice: «Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres y les engendraron hijos: éstos fueron los valientes que desde la Antigüedad fueron varones de nombre».

El libro de Enoc y el Génesis están acordes respecto al comercio carnal de los ángeles con las hijas de los hombres y a la raza de gigantes que nació de dicha cópula. Pero ni el libro de Enoc, ni ningún otro del Antiguo Testamento, hablan de la rebelión de los ángeles contra Dios ni de su derrota, ni de su caída al infierno, ni del odio que profesan al género humano.

Casi todos los comentaristas del Viejo Testamento dicen unánimemente que, antes de la cautividad de Babilonia, los judíos no supieron el nombre de ningún ángel. El que se le apareció a Manué, padre de Sansón no quiso decir cómo se llamaba.

Cuando los tres ángeles se aparecieron a Abrahán y éste les invitó a comer un becerro asado, no le quisieron decir sus nombres. Únicamente uno de ellos le habló así: «Volveré a veros el año próximo si Dios me concede vida, y vuestra esposa Sara tendrá entonces un hijo».

El abate Calmet encuentra mucha semejanza entre esa historia y la leyenda de Ovidio, que el célebre poeta latino refiere que sucedió entre Júpiter, Neptuno y Mercurio, los cuales fueron a comer en casa del anciano Hiriens, al que encontraron triste y afligido por no poder tener hijos, como los tres ángeles encontraron a Abrahán cuando se le aparecieron Calmet dice también que las palabras que los ángeles dirigieron a Abrahán pueden traducirse así:

«Nacerá un hijo de vuestro becerro». De todos modos, los ángeles no dijeron sus nombres a Abrahán, ni a Moisés, y sólo encontramos el nombre de Rafael en el libro de Tobías, en la época de la cautividad. Los demás nombres de los ángeles son copiados de los caldeos y persas. Rafael, Gabriel, Uriel y otros, son persas babilónicos. Hasta el nombre de Israel es caldeo. El sabio judío Filón lo dice terminantemente al referir la delegación que enviaron al emperador Calígula.

Grecia y Roma

De los ángeles en Grecia y en Roma. Tuvieron demasiados dioses mayores, menores y semidioses para necesitar otros seres subalternos. Mercurio cumplimentaba los encargos de Júpiter, Isis los de Juno y, sin embargo conocieron también genios y demonios.

La doctrina de los ángeles de la guarda fue puesta en verso por Hesíodo, poeta coetáneo de Homero.

Cuanto más estudiamos la Antigüedad, más nos convencemos de que las naciones modernas, unas tras otras, han ido agotando los tesoros de las minas antiguas, que en la actualidad están casi abandonadas.

Los griegos, que durante mucho tiempo pasaron por inventores fueron imitadores de Egipto, este país copió a los caldeos, y éstos lo copiaron casi todo de los hindúes. La teoría de los ángeles de la guarda la sofisticaron luego las escuelas, y fue todo lo que pudieron hacer. Cada hombre tuvo su genio, bueno o malo, al igual que tuvo su estrella.

Sabido es que Sócrates tuvo un ángel bueno, pero indudablemente le guió su ángel malo, porque sólo un ángel malo puede inducir a un filósofo a ir de casa en casa diciendo a todo el mundo que el padre y la madre, el preceptor y el alumno, eran unos ignorantes y unos imbéciles.

El ángel de su guarda no pudo impedir que le condenaran a beber la cicuta.
La teoría de los ángeles es de las más antiguas que se conocieron en el mundo, y precedió a la de la inmortalidad del alma.

Esto es lógico. Y si bien se necesita tener filosofía para creer que es inmortal el alma del hombre, sólo se necesita imaginación y temor para inventar seres superiores a nosotros, que nos protegen o nos persiguen. Sin embargo, los antiguos egipcios no conocieron esos seres celestes, de cuerpo etéreo, ejecutores de las órdenes de Dios.

Los primeros en admitir tal teología fueron los babilonios. Se menciona a los ángeles desde el primer libro del Génesis, pero este libro no se escribió hasta que los caldeos constituyeron una nación poderosa. Hasta la época de su cautividad en Babilonia, que sucedió mil años después de Moisés, los judíos no supieron los nombres de Gabriel, Rafael, Miguel y Uriel, que aquéllos pusieron a los ángeles.

Fundándose la religión judeo-cristiana en la caída de Adán y cimentándose esta caída en la tentación del ángel malo, esto es, el diablo, es extraño que el Pentateuco no diga una sola palabra a la existencia de los ángeles rebeldes, ni de su castigo y su caída al infierno.

El motivo de esta omisión cabe achacarlo al hecho de que los judíos desconocieron los ángeles malos hasta que estuvieron cautivos en Babilonia. Fue entonces cuando por primera vez oyeron hablar de Satanás.
La palabra Satanás es caldea, y el Libro de Job, habitante de Caldea, es el primer libro que la menciona.

Los antiguos persas decían que Satán era un genio que movía guerra a los Divos y a los Peris, es decir, a las hadas.

Siguiendo, pues, las reglas ordinarias de la probabilidad, sólo debe permitirse a los que se valen de la razón creer que de esta teología tomaron los judíos y los cristianos la idea de que los ángeles malos fueron expulsados del cielo, y de que el príncipe de ellos tentó a Eva, apareciendo en forma de serpiente.

Se supone también que Isaías tuvo presente esta alegoría cuando exclamó: « ¿Cómo caíste del cielo, astro de luz, que te levantabas al nacer el día?» Ese mismo versículo latino, traducido de Isaías, es el que proporcionó al diablo el nombre de Lucifer. No pensaron que Lucifer significaba «el que derrama la luz», y mucho menos ocupándose de un rey de Babilonia destronado, y usando una figura retórica, exclamó: «¿Cómo caíste de los cielos, astro brillante?»

Es improbable que tratara Isaías por medio de tal imagen poética de restablecer la doctrina de los ángeles rebeldes precipitados en el infierno.

Por eso creemos que hasta los tiempos de la primitiva Iglesia cristiana no se intentó semejante cosa, y que entonces fue cuando los santos padres y los rabinos se esforzaron en propagar dicha doctrina para salvar lo que había de increíble en la historia de la serpiente que sedujo a la madre de los hombres y que, condenada por esa mala acción a arrastrarse, fue la enemiga del hombre, que trata siempre de aplastarla, mientras ella intenta morderle.

De algunas sustancias celestes precipitadas en el abismo y que sólo salen para perseguir al género humano, han imaginado que son invenciones más sublimes.

No puede probarse de ningún modo que esas potencias celestes e infernales existan, pero tampoco puede probarse que no existen. Tampoco se incurre en contradicción reconociendo que hay sustancias bienhechoras y sustancias malignas, que no son de la naturaleza de Dios, ni de la naturaleza del hombre, pero no basta que una cosa sea posible para creerla.

Los ángeles que imperaban entre los babilonios y entre los judíos eran precisamente lo mismo que los dioses de Homero, esto es seres celestes subordinados a un Ser Supremo.

Probablemente, la imaginación que forjó aquéllos produjo también éstos. La religión de Homero fue aumentando el número de dioses inferiores, y andando los años la religión cristiana aumentó el número de sus ángeles.
Dionisio el Aeropagita y Gregorio I fijaron el número de ángeles en nueve coros, divididos en tres jerarquías: la primera era de los serafines los querubines y las del séptimo coro; la segunda, de las dominaciones, las virtudes y las potencias, y la tercera, de los principados, los arcángeles y los ángeles, que dan el nombre a las tres jerarquías.

Sólo a un Papa le está permitido arreglar de esta forma las categorías del cielo.

En griego, la palabra ángel significa enviado. Los persas inventaron sus Peris, los hebreos sus Malakim y los helenos sus Daimon, y una de las primeras ideas que tuvieron los hombres fue la de colocar seres intermediarios entre la Divinidad y nosotros.

Estos fueron los demonios y los genios que la Antigüedad inventó. El hombre imaginó siempre a los dioses semejantes a él. Vio que los príncipes dictaban órdenes a sus mensajeros y creyó que así lo debía hacer la Divinidad, por lo que Mercurio e Isis fueron los mensajeros de los dioses.

Los hebreos, que según ellos dicen, fueron el único pueblo que Dios protegió, no bautizaron desde el principio a los ángeles que Jehová se dignó enviarles, y copiaron los nombres que les dieron los caldeos. David siendo esclavo de Babilonia, nombró por primera vez a Miguel y a Gabriel.

El judío Tobías que vivía en Nínive, conoció al ángel Rafael cuando viajaba con su hijo para ayudarle a cobrar el dinero que le debía el judío Gabael.
En las leyes hebraicas, esto es, en el Levítico y en el Deuteronomio, no se dice que existan los ángeles.

Por esto, sin duda, los saduceos no creyeron que existían. Pero en las historias de los judíos se ocupan de ellos. Estos ángeles eran corporales; tenían alas en las espaldas, como también creyeron los gentiles que Mercurio las tenía en los tobillos, y algunas veces escondían las alas debajo del manto.

No podían concebirles sin cuerpo, porque vivían y comían y porque los ciudadanos varones de Sodoma quisieron cometer el pecado de sodomía con los ángeles que fueron a casa de Lot.

La antigua tradición judía, según Maimónides, admite diez grados, diez órdenes de ángeles:
1) los puros, 2) los rápidos, 3) los fuertes, 4) las llamas, 5) las chispas, 6) los mensajeros, 7) los dioses o jueces, 8) los hijos de los dioses, 9) los querubines, y 10) los animados.

Ya dijimos que la historia de la caída de los ángeles no se encuentra en los libros de Moisés, y que la primera referencia de este hecho se atribuye a Isaías cuando apostrofó al rey de Babilonia.

Dijimos también que la religión cristiana está fundada en la caída de los ángeles, los que se rebelaron fueron precipitados en el infierno y se convirtieron en demonios. Un demonio tentó a Eva en figura de serpiente y condenó al género humano.

Jesucristo vino al mundo a rescatarlo y a vencer al diablo que todavía nos tienta; sin embargo, esta tradición fundamental sólo se encuentra en el libro de Enoc, que es apócrifo, y aún allí es diferente de la tradición admitida.

San Agustín, en su carta 109, atribuye cuerpos sutiles y ágiles a los ángeles buenos y a los malos. El papa Gregorio I redujo a nueve los coros o jerarquías de los ángeles de las diez reconocidas por los judíos. Éstos tenían en su templo dos querubines y cada uno de ellos ostentaba dos cabezas, una de toro y otra de águila, y tenían en las espaldas seis alas.

Nosotros pintamos a los arcángeles y ángeles en figura de jóvenes hermosos con dos alas.
En cuanto a los ángeles del séptimo coro y de las dominaciones, podemos decir que no se han pintado todavía.

Santo Tomás, en la cuestión 108, dice que los ángeles del séptimo coro están tan cerca de Dios como los querubines y los serafines, porque Dios se sienta encima de ellos.

Escoto cuenta mil millones de ángeles. Cuando la antigua mitología de los buenos y de los malos genios pasó desde el Oriente a Grecia y Roma, quedó consagrada esta opinión al admitir que cada hombre tenía un ángel bueno y un ángel malo, un ángel que le protege y otro que le perjudica desde su nacimiento hasta su muerte.

Pero todavía no se ha averiguado si esos ángeles pasan continuamente de un sitio a otro o si los relevan otros ángeles. Sobre esto debe consultarse la Suma de Santo Tomás. Porque lo cierto es que no se sabe el sitio que ocupan los ángeles, ni si están en el aire, en el vacío o en los planetas. Dios no ha querido que lo supiéramos.[2]
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1] Ferrater Mora José. Diccionario de Filosofía. Editorial suramericana Buenos Aires. Quinta Edición 1964
[2] Voltaire. Diccionario Filosófico. Edición digital.

Ediciones 2011-14-18-21