Juegos olimpicos y el PIB de Gran Bretaña

Esta breve nota destaca que los juegos olimpicos y el PIB de Gran Bretaña, si bien están unidos, su efecto ya se ha sentido en su mayoría, sobre todo en sectores como el de la construcción (téngase en cuenta la cantidad y calidad de escenarios requeridos para este tipo de eventos), empleando no solo mano de obra calificada y no calificada, sino consumiendo insumo propios de este ramo de la industria. Leer mas“Juegos olimpicos y el PIB de Gran Bretaña” »

Futbol femenino juegos olimpicos Londres 2012

El torneo de futbol femenino (mujeres) Juegos olímpicos Londres 2012, se desarrollará de la siguiente forma:
Grupos; clasifican a cuartos de final los dos primeros de cada grupo y los 2 mejores terceros. Leer mas“Futbol femenino juegos olimpicos Londres 2012” »

Futbol masculino juegos olimpicos Londres 2012

Veamos cómo va el futbol masculino en los juegos olimpicos de Londres 2012.

Todos sus participantes deben tener menos de 23 años de edad y se pueden reforzar los equipos masculinos con 3 jugadores mayores de 23 años.En total cada equipo podrá estar conformado hasta por 18 jugadores.
16 equipos disputarán la eliminatoria por parte de los varones y 12 por parte de las damas. El sorteo se llevó a cabo el 24 de abril 2012.

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Ceremonia de apertura Londres 2012

Aqui desarrollaremos la ceremonia de apertura de los juegos Olimpicos de Londres 2012, que se llevará a cabo el 27 de julio 2012 (hora oficial del evento 9 de la noche hora de Londres; 10 de la noche en España; 3 de la tarde hora de Perú, Ecuador, Colombia; 4 de la tarde en Venezuela, Bolivia y Chile; 5 de la tarde en Argentina en el estadio olímpico de Londres. Leer mas“Ceremonia de apertura Londres 2012” »

Colombia juegos olimpicos Londres 2012

Tengamos un lugar reservado para Colombia juegos olímpicos Londres 2012, donde detallaremos el accionar de la delegación colombiana en estas justas deportivas de verano a realizarse en Inglaterra del 27 al 12 de agosto 2012. Leer mas“Colombia juegos olimpicos Londres 2012” »

Historia de Londres

La historia de Londres, Inglaterra, la vamos a empezar con su fundación.El nombre de Londres tiene inicialmente un origen celta (Llyn-Din: fuerte de la albufera) pero, son los romanos los verdaderos fundadores de Londinium, capital de su provincia de Britannia. Se rastrean en todo caso, cabañas que datan del 2.000 antes de nuestra era.
Numerosos vestigios de origen romano (muralla, santuarios de Mitra…) atestiguan una importante actividad comercial, cuya intensidad creció tras la conquista de Bretaña por Claudio, el año 43 de nuestra era. Ocupada por Aulo Plaucio, y llamada desde entonces Londinium (forma latinizada del toponimo celta señalado en el primer párrafo), la ciudad se desarrolló sobre la futura Cornhill, en la salida septentrional de un puente situado en el eje de la actual Gracechurch Street, un poco aguas abajo del puente de Londres sobre el Támesis.
Puerto , a la vez fluvial y marítimo, primera encrucijada de las calzadas de la provincia romana, Londinium se convirtió en un centro muy activo del tráfico internacional, desde los tiempos de Nerón.
Es Tácito quien para el año 60 de nuestra era la menciona como un epicentro comercial.
La revuelta de Boudicca, o Boadicea (una reina, soberana de la tribu de los Iceni), obligó al gobernador C. Suetonio Paulino a evacuar la ciudad, que fue incendiada el año 61 por cuenta de los britanos. Despoblada por la huida o el asesinato, nuevamente incendiada hacia el 120 de nuestra era, se recuperó rápidamente bajo la protección del Cripplegate Fort, incorporado a finales del siglo II a la muralla de la ciudad. El nuevo muro marcó de hecho los límites de la “City”, en cuyo interior se alzaron una basilica de 500 pies de longitud, construida en el limite septentrional del forum, un templo a Mitra y dos termas. Ocupada por el “archipirata” Carausio de 286 a 293 y luego por su prefecto del pretorio Alecto de 295 a 296, fue salvada de la destrucción por Constancio Cloro, como lo testifica un m medallón de oro encontrado en Beaurains, cerca de Arras, en 1922. En él aparece la ciudad de Londres bajo la forma de una mujer que saluda al césar vencedor. Fue reforzada con bastiones construidos con los restos de tumbas o monumentos de piedra de épocas anteriores, elocuente testimonio de la inseguridad reinante en el siglo IV.

En 407, las legiones evacuaron la ciudad, que debió quedar semi-desierta durante los siglos V y VI. En 604 fue la sede de un obispado, provisto de su correspondiente catedral: San Pablo. pero en 616, coincidiendo con la muerte de Etelberto, rey de Kent, su primer titular,Mellitus (m. 624) fue expulsado por la reacción no creyente.Suplantado por Canterbury como metrópoli religiosa de Inglaterra, Londres se desarrolló básicamente como centro comercial gracias a la convergencia de las vias romanas, que hacían afluir a los comerciantes, como lo testifca la obra de Beda el Venerable y los vestigios de alfarería de Ipswich y de la región renana, descubiertos en 1962. Base de las expediciones de saqueo danesas a partir de 871-872, fue reconquistado Londres en 886 por el rey anglosajón Alfredo el Grande, que reforzó sus defensas. La ciudad, desprovista de toda autonomía municipal, ya que su administración dependía de un funcionario real, el bailío del puerto, y dividida en “sokes” o jurisdicciones privadas concedidas por el rey a eclesiásticos o laicos de alto rango, fue con frecuencia sede del Witan sajón.
Londres fue durante mucho tiempo el centro animador de la resistencia a la invasión danesa; no admitió a la ciudadanía urbana a ningún mercader de esta nacionalidad hasta la ascensión al trono del rey Canuto II el Grande, en 1017. Atrajo también a los comerciantes de Colonia y a otros mercaderes alemanes; en el siglo xi, Londres fue uno de los centros principales del comercio de la Europa noroccidental.

Londres, que pudo escapar a las consecuencias nefastas de la conquista normanda gracias a su pronta sumisión al vencedor de 1066, alcanzó en esta época mayor superficie y población. Bien defendida por la Torre blanca, edificada por orden de Guillermo I el Conquistador, que hizo de este edificio fortaleza, palacio real y prisión a la vez, la ciudad figuró desde entonces como la auténtica capital política y económica del reino.
sus notables, “los grandes barones de la ciudad” obligaron a Enrique I a poner en sus manos el arrendamiento de impuestos tanto de la ciudad como del condado de Middlesex, y autorizarles para nombrar sus propios sheriffs. Participaron en la elección de Esteban I en 1135, se asociaron bajo juramento para eliminar a la emperatriz Matilde en 1141; durante la ausencia de Ricardo Corazón de León, ayudaron a Juan sin Tierra (1167-1216) a desplazar, en 1191, al canciller William Longchamp (m. 1197), asumiendo el título de summus rector totius regni. En recompensa por estos servicios, la burguesía londinense obtuvo, ese mismo año, autorización para convertirse en municipio. La medida fue abolida por Ricardo, a su regreso de Palestina; no obstante, la ciudad fue regida en adelante por un mayor (major, alcalde) elegido, si bien obligado a prestar juramento a la corona, y por veinticuatro aldermen (uno por barrio), escogidos obligatoriamente entre los mercaderes de la ciudad, en virtud de la carta promulgada en 1911 y confirmada en 1215 y 1221. A partir de 1249, estas elecciones eran ya de por vida. En virtud de los artículos 12 y 14 de la Carta Magna de 1215 (suprimidos más tarde), el rey tenía la obligación de consultar a la ciudad antes de imponer nuevos impuestos a sus súbditos. En 1216, Londres acogió favorablemente al príncipe real Luis de Francia. Tal vez esta actitud explique el hecho de que la corona suspendiera por dos veces el “municipio” (en 1239 y 1257).
En abril de 1258, Londres fue la sede del parlamento que llevó, con la participación del obispo, a la elaboración de las “Provisiones de Oxford”, ciudad donde se trasladó la asamblea. Los ciudadanos londinenses rechazaron la llamada “Mise d`Amiens” que anulaba aquel acto (enero 1246). A instigación de algunos artesanos, un golpe de mano de sus habitantes desencadenó la guerra civil, que permitió a Simón de Montfort (h. 1208-1265) reunir en la ciudad, hacia e 24 de junio de 1264, la asamblea que decretó la tutela de Enrique II. Pero tras el fracaso del movimiento, el gobierno de la ciudad estuvo, de 1285 a 1298, en manos de un “guardián” (warden).
Convertida en auténtica capital de Inglaterra a tenor de la carta de 1327, la ciudad de Londres, que sellaba en este documento su alianza con la corona., fue también su emporio. A ella acudían desde el siglo XII los mercaderes flamencos, agrupados en las hansas de Brujas y de Ypres, erigidas en Hansa de Londres ya sin duda antes del 1187; seguían atrayendo también a los mercaderes de Colonia, cuyo establecimiento del Guildhall, fundado después de 1130, aguas arriba del puente de Londres, se incorporó un siglo más tarde a la factoría hanseática del Stalhof (Steelyard), recinto amurallado y privilegiado establecido entre la calle del Támesis y este mismo rio. A mediados del siglo XIII, los hanseáticos se habían hecho ya con el monopolio efectivo de la corriente de intercambios que unían a la capital inglesa con Nóvgorod. La comunidad extranjera acentuó el cosmopolitismo de la ciudad: debilitada por la expulsión de los judios en 1290, se vio reforzada por la presencia de los mercaderes italianos como los Peruzzi y los Bardi, que fueron autorizados a fundar sucursales a comienzos del siglo XIV, a condición de conceder importantes préstamos a los soberanos ingleses. Esta comunidad extranjera, aunque explotada por los monarcas, cuya insolvencia financiera provocó la bancarrota de las dos firmas italianas en 1343 y 1345, obligando incluso a los mercaderes alemanes al pago de “subsidios” considerados contrarios a los privilegios hanseáticos, contribuyendo a la prosperidad de la ciudad. Pero favoreció también el nacimiento de una corriente xenófoba, que aumentó aun más con la presencia de tejedores flamencos, establecidos en Londres por los mercaderes de tejidos partidarios de la libertad de comercio. Se oponían, en cambio a esta libertad, las guildas o gremios, de la alimentación, de donde procedían los tres aldermen que el 13 de junio de 1381 abrieron las puertas de la capital a Wat Tyler (m. 1381), alma de la sublevación de campesinos que incendiaron acto seguido el Savoy o palacio de Juan de Gante.
Londres, punto de partida de la represión de la revuelta, desempeñó con frecuencia un papel activo en la crisis dinásticas que agitaron a Inglaterra de fines de siglo XIV y durante el siglo XV. Pese a ello, conoció un gran florecimiento económico, bajo el impulso de los mercaderes de paños que se arrogaron desde entonces el monopolio de la administración de la ciudad: de los 88 alcaldes que se registran en el siglo XV, 61 pertenecen a este grupo.
La ciudad de las cien iglesias, se desarrolló a partir del siglo CIV, entre dos polos opuestos: la City al este, centro de la vida económica, donde el orden era mantenido exclusivamente por la milicia urbana, y Wetminster, la ciudad real, al oeste, donde la vida política del país se organizaba alrededor de tres edificios: la abadía de Wastminster, reconstruida en el siglo XIII y lugar de corononación de los soberanos; el palacio de Westminster, edificado por Guillermo II el rojo y sede del parlamento y, finalmente, el palacio de Whitehall, donde se instalaron, después del incendio de 1698, los servicios de administración real y de la corte.

En el siglo XVI, el destino de Londres experimentó un giro radical. Gracias a los grandes descubrimientos el puerto, en lugar de estar situado, como hasta entonces, en el punto terminal de las rutas marítimas del gran comercio europeo, se encontró en el centro de los nuevos ejes de los intercambios mundiales. El florecimiento del tráfico atlántico ofreció a Londres una oportunidad decisiva, que los “mercaderes aventureros” y los armadores de la ciudad supieron explotar con habilidad extrema. Los negocios se expandieron en todas direcciones: hacia el nuevo mundo, hacia oriente y hacia los países bálticos. Surgieron la Compañía de Moscovia (1555), el Royal Exchange (1568), La Compañía de las Indias Orientales (1600) y la Compañía de Virginia (1606) , entre otras. La ciudad contribuyó en muy amplia medida a sentar las bases del primer imperio colonial británico. Al mismo tiempo, con la disolución de los monasterios y la secularización de sus bienes, amplias extensiones de las periferias adquirieron magníficas oportunidades al desarrollo urbano y a la actividad de los constructores. La aglomeración, hasta entonces constreñida al recinto amurallado, se desbordó rápidamente. Edificios, en especial las residencias particulares de la aristocracia, enlazaban, a lo largo del Strand, la City con Westminster, que, saliendo de su situación de aislamiento, quedó englobado en el perímetro urbano. Se iniciaron las construcciones del West End (Covent Garden en 1631, seguido de Leicester Square, ofrecían los primeros ejemplos de una planificación urbana de inspiración clásica). Sobre las riberas del Támesis, al este de la Torre, se alineaban viviendas, astilleros navales y talleres, mientras que en el sur crecía el arrabal Southwark, con sus posadas y sus teatros (concretamente el teatro shakespereano The Globe).

La expansión siguió su brillante curso en la época de los Estuardos, pero los años centrales del siglo xvii constituyen uno de los periodos más turbulentos de la historia de la ciudad: primero con la guerra civil (en la que Londres tomó partido contra el rey a favor de Cromwell), luego con la gran peste de 1655 (epidemia que arrebató la vida de al menos la séptima parte de la población) y, finalmente, sobre todo, con el gran incendio de 1666.Esta catástrofe afectó todo el centro urbano, destruyó la mayoría de edificios públicos (la catedral de St. Paul -san Pablo-, 87 iglesias y 11.000 viviendas) y dejó sin techo a decenas de millares de personas. pero, sobre el inmenso espacio devastado, se llevó a cabo una rápida obra de reconstrucción, actividad dirigida bajo la inspiración de sir Christopher Wren.
Desaparecía el Londres gótico en beneficio del Londres clásico y barroco. La presión demográfica favoreció la expansión hacia los suburbios: hacia el East End, Whitechapel (barrio de los judios), Spitalfields (refugio de los hugonotes franceses), Shoreditchs y hacia el West End, con la construcción noblemente ordenada de Bloomsbury.
El siglo xviii contempló la prolongación de este movimiento en todas direcciones: intercambios comerciales con ultramar, extensión del West End hacai Hyde Park (Mayfair) y Regent´s Park (Marylebone), construcción de nuevos puentes (Westminster, Blaclfriars), ornamentación de los bellos conjuntos clásicos del Londres “georgiano”.

EXPANSIÓN DE LONDRES
Expansión de Londres, cuál ha sido su crecimiento poblacional desde sus orígenes, cuál su sector geográfico concreto de nacimiento y hacia donde crece la ciudad, es el tema de este post.
Londres ha sido siempre la principal aglomeración urbana del archipiélago británico. Su desarrollo ha proseguido de modo casi ininterrumpido a lo largo de un milenio y a un ritmo acelerado desde comienzos del siglo XIX.
Londres se distingue de la mayoría de las grandes ciudades del mundo por su doble origen, que se perpetúa en nuestros días en la dualidad del distrito central de negocios. La ciudad romana cerca del puente y de las instalaciones portuarias, se convirtió en la City, ciudad comercial y financiera, mientras que, más al Oeste, al costado del vado primitivo se instaló la ciudad política de Westminster, residencia real y, más tarde, lugar de reunión del parlamento (el ascenso del nivel del mar ha hecho desaparecer este vado y retrasar el límite de la marea rio arriba, hasta Teddington (tide-ending town). Cuando Eduardo el confesor (1042-1066) y Guillermo I el Conquistador (1066-1087) designaron definitivamente a Londres como capital del reino, la ciudad tenía entonces alrededor de 20.000 habitantes (1% de la población de Inglaterra). A mediados del siglo XIV, en vísperas de la gran peste, solo contaba con 35 000 habitantes.
Bajo el reinado de Isabel I (100 000 habitantes en 1560 y 200 000 hacia 1600), Westminster y la City se unieron por medio de la avenida Strand, ya que a lo largo de la misma se fueron construyendo casas; Londres se extendería en lo sucesivo constituyendo una unidad. Pero la disimetría de las dos márgenes del río persistiría hasta la actualidad. La City y Westminster están en la orilla norte, la más ventajosa para dirigirse a las principales provincias romanas así como a Gales, Escocia e Irlanda. La orilla sur, “el lado malo del Támesis”, durante mucho tiempo no contó mas que con una simple cabeza de puente, Southwark, una ciudad de carreteros y de mesoneros, mal comunicada con al otra margen por un único puente que se derrumbaba con frecuencia. Todos los atributos del poder, los principales monumentos, los barrios más poblados y casi todas las dársenas portuarias se sitúan en la orilla norte. Generalmente, hoy por hoy las funciones superiores siguen siendo muy escasas en el sur y lo esencial de la actividad económica y política se despliega en la orilla norte.
Después del gran incendio de 1666, que destruyó enteramente la ciudad de madera y adobe, Londres fue rápidamente reconstruido en piedra y ladrillo, en forma más espaciada. Los hermosos barrios  del West End aparecieron en la época georgiana. La expansión económica y colonial de Gran Bretaña estimuló el desarrollo puerto y de las industrias y el crecimiento de la población gracias a la afluencia constante de provincianos criollos y extranjeros. La ciudad contaba ya con 500 000 habitantes a comienzos del siglo XVIII y con 960 000 cuando se hizo el primer censo de la población en 1801, es decir, el 9% de la población anglo-galesa. Sobrepasó poco después el millón de individuos y se convirtió en la ciudad más grande del mundo.
La expansión del Londres georgiano y victoriano se efectuó como una gran mancha de aceite, en todas direcciones, con características bien diferentes a las de París en la misma época. Eso se debió a muchas razones. En primer lugar, Londres se benefició de la protección estratégica que le ha proporcionado la situación insular de Gran Bretaña; aparte del muro romano del cual subsisten algunos vestigios en la City, ninguna muralla impidió la expansión urbana. Las autoridades jamás tuvieron necesidad de aumentar las fortificaciones y Londres no ha tenido esas murallas sucesivas que, en otras ciudades como París, Viena o Moscú, han determinado un desarrollo en forma circular caracterizado por bulevares concéntricos.
En segundo lugar, la monarquía debió ceder muy pronto una gran parte de poder político a un austero parlamento, expresión viva del pueblo. Ningún soberano pudo construir grandes monumentos cívicos  o trazar vastas avenidas, que habrían dirigido el desarrollo urbano. La oportunidad ofrecida por la reconstrucción que siguió al incendio de 1666 no fue aprovechada. El palacio de Buckingham mismo no fue construido expresamente por la realeza, sino simplemente comprado por el rey a una poderosa familia noble que deseaba deshacerse de él. De ahí la ausencia de lineas directrices, la confusión del trazado, la monotonía de la metrópoli.
Por último, la construcción de los barrios modernos, se operó durante un régimen muy liberal, con la intervención del poder central reducida al mínimo. Cada propietario (los grandes propietarios de bienes raíces predominan en Londres como en todo el este de Inglaterra), concedían a un empresario la construcción de manzanas enteras. Este sistema de leasehold (reparto de gastos entre propietarios de terrenos y especuladores inmobiliarios) permitió edificar en poco tiempo amplios barrios residenciales, unos (sobre todo al oeste) para clases acomodadas, otros (sobre todo al este) para clases populares. Cada barrio tiene su lógica interna, su estilo arquitectónico,su plano a menudo en damero y sus servicios, unidos de modo imperfecto con los del barrio vecino. Se puede decir entonces que Londres es un “archipiélago de ciudades”.
La influencia de los ferrocarriles comenzó a hacerse sentir desde mediados del siglo XIX. La primera linea de metro data de 1863. La lye de 1882 acerca de tarifas ferroviarias a precio reducido para los viajeros cotidianos, favoreció la aparición de los primeros suburbios, en particular los del valle del Lea, constituyéndose una hilera de ciudades-dormitorio en torno de las estaciones ferroviarias. Los autobuses a motor (1899), los tranvías (1901) y luego la electrificación y la extensión del metro contribuyeron por turno a la expansión de la aglomeración y a descongestionar los barrios centrales, poco a poco invadidos por las oficinas.
La población del Gran Londres sobrepasó los 2 300 000 habitantes en 1851, los 3 700 000 en 1881 (14% de la población anglo-galesa), los 6 500 000 en 1901 y los 7 500 000 en 1921. En 1929, el Gran Londres alcanzó un máximo de cerca de 8 700 000 pobladores (21% de la población anglo-galesa).
Desde esa fecha, el fenómeno de despoblación que, hasta entonces no afectaba más que a los barrios centrales, se extendió en conjunto a la metrópoli: el Gran Londres no tenía más que 8 200 000 en 1961, un poco menos de 8 000 000 en 1966, 7 380 000 en 1971, 6 970 000 en 1977, 6 679 699 en 1991 , 7 172 091 en 2001 y 7 518 000 (8 505 000) al 2005.
La politica de redistribución de la población emprendida por el estado después de la segunda guerra mundial, ha sido, en parte, responsable de esa disminución de las densidades.
En adelante, el crecimiento del organismo londinense se efectúa en el círculo externo del conjunto metropolitano.

Isaac Newton

Isaac Newton fue un científico inglés, nacido en Woolsthorpe, Lincolnshire, el 25 de diciembre de 1642, siendo un parto prematuro y un hijo póstumo, ya que su padre había muerto tres meses antes del alumbramiento de su madre, Hannah Ayscough[1].
Cuando solo tenía tres años su madre se vuelve a casar, ahora con Barnabas Smith, ministro religioso en South Witham, cercano a Woolsthorpe; era un hombre de buena situación económica pero que decidió que Hannah, madre de Newton, se cambiara de domicilio y dejara a su pequeño hijo al cuidado de su familia. Durante nueve años, hasta la muerte de Barnabas (Bernabé) Smith en 1653, Isaac fue efectivamente separado de su madre, y pronuncia su sicótica tendencia adscrita a este evento traumático[2]. Que odiaba a su padrastro estamos más que seguros.
Teniendo unos doce años se fue a vivir con un tío suyo, para recibir clases en el instituto Grantham, en donde solo era un alumno promedio, que no sentía verdadera motivación por las asignaturas que se le enseñaban. Por supuesto no cosechó muchas amistades allí debido a su difícil carácter; en todo caso Isaac Newton aprovechaba su tiempo libre fabricando juguetes ingeniosos[3]. Paso una temporada en casa del farmacéutico Clark (cuya esposa era amiga de Hannah) donde accede a muchos libros y pudo conocer a su amor platónico: Catherine Storey, hijastra del farmacéutico. Una relación que acabó cuando Newton se inserte de lleno en Cambridge[4].
Pero antes de su paso a la educación superior es pertinente decir que Isaac Newton fue sacado de su primaria para que administrara el patrimonio familiar (su granja), actividad para la que no demostró mayores habilidades y, dado los ruegos del profesor Stokes, fue regresado al instituto Grantham. En esta etapa de la vida de Newton, Humphrey Babington, clérigo y hermano de la señora Clark, se volvió en uno de sus mentores.
A los 18 años ingresó en el Trinity College, de Cambridge (el 4 de junio de 1661). Allí habría de estudiar intensamente el latín, la lengua culta por excelencia, aunque también aprende hebreo y griego, junto a compañeros algo menores que él debido a la interrupción temporal de sus estudios.
Cuando Newton llegó a Cambridge, el movimiento que hoy se conoce como la revolución científica estaba muy avanzado, y muchas de las obras básicas para la ciencia moderna había aparecido. Los astrónomos, desde Copérnico hasta Kepler habían elaborado el sistema heliocéntrico del universo. Galileo había propuesto las bases de una nueva mecánica basada en el principio de inercia. Liderados por Descartes, los filósofos habían comenzado a formular una nueva concepción de la naturaleza como una intrincada, impersonal, e inerte máquina. Sin embargo, en lo que respecta a las universidades de Europa, incluyendo a Cambridge, todo esto podría no haber sucedido nunca. Ellos siguieron siendo las fortalezas del aristotelismo pasada de moda, que descansaba en una visión geocéntrica del universo y tratarán de la naturaleza en términos cualitativos más que cuantitativos.
Al igual que otros miles de estudiantes, Newton comenzó su educación superior mediante la inmersión personal y autodidacta en el trabajo de Aristóteles. En algún momento durante su carrera de pregrado, Newton descubrió las obras del filósofo natural René Descartes y otros filósofos mecánico que, en contraste con Aristóteles, consideraban la realidad física como compuesta enteramente de partículas materiales en movimiento y sostenían que todos los fenómenos de la naturaleza resultado de su interacción mecánica. Un nuevo conjunto de notas, que él tituló “Quaestiones Quaedam Philosophicae” (“Algunas cuestiones filosóficas”), comenzaron en algún momento de 1664, usurpando la parte no utilizada de las páginas de un bloc de notas destinadas a ejercicios de escolástica tradicional; bajo el título escribió el lema “Amicus Plato amicus Aristoteles más Amica veritas “(” Platón es mi amigo, Aristóteles es mi amigo, pero mi mejor amiga es la verdad “). La carrera científica de Newton se había iniciado.
Las “Quaestiones” ponen de manifiesto que Newton había descubierto una nueva concepción de la naturaleza que constituye el marco de la revolución científica. Tenía completamente dominado las obras de Descartes y también ha descubierto que el filósofo francés Pierre Gassendi había reavivado el atomismo, un sistema mecánico alternativo para explicar la naturaleza. Las “Quaestiones” también ponen de manifiesto que Newton ya encuentra más atractivas las ideas del segundo por cuanto la filosofía cartesiana rechazaba la existencia de partículas indivisibles. Las obras del químico Robert Boyle en el siglo XVII sentaron las bases de Newton para un trabajo considerable en la química. Es significativo que haya leído a Henry More, el platónico de Cambridge, y se haya interesado en otro mundo intelectual, la mágica tradición Hermética, que trata de explicar los fenómenos naturales en términos de magia alquímica. Las dos tradiciones de la filosofía natural, la mecánica y la Hermética, una antítesis aunque todas están presentes, siguieron influyendo en su pensamiento y en la tensión intelectual que atizaría toda su carrera científica.
A pesar de que no dejar constancia de esto en las “Quaestiones”, Newton también había comenzado sus estudios de matemáticas. Él comenzó con la geometría de Descartes, de la que le llamó la atención, sobre todo, por cuanto aplicaba técnicas algebraicas a problemas de geometría. A continuación, buscó apoyo de la geometría clásica. Dentro de poco más de un año, había dominado esta literatura[5], y, con su propia línea de análisis, comenzó a circular en territorio nuevo. Descubrió el teorema binomial, y desarrolló el cálculo, una más potente forma de análisis que emplea consideraciones infinitesimales en la búsqueda de curvas, inclinaciones y áreas bajo las curvas.
En la primavera de 1665, Isaac Newton obtiene su título de bachiller (Bachelor) en artes, estudios equivalentes a una licenciatura. Ese año la Gran peste, se enseñoreó de nuevo de Europa, llegando a Londres. Cerrando temporalmente las puertas la Universidad, Isaac Newton regresa a seguir investigando en Lincolnshire. Durante la plaga años Newton sentó las bases del cálculo y desarrolló una versión anterior de su óptica, en un ensayo, “De Colores”. Fue durante este tiempo que examinó los elementos del movimiento circular y, aplicando su análisis a la Luna y los planetas, abstrajo que cada partícula de materia atrae otras partículas, y supuso que la atracción variaba según el producto de sus masas, inversamente al cuadrado de la distancia entre ellas- que más tarde fue crucial para la ley de la gravitación universal[6]. El mundo no escuchó nada todavía de estos descubrimientos. También parece que tuvo tiempo de estudiar los fenómenos del prisma y de la luz.
Volvió Isaac Newton a Cambridge con 25 años. Newton fue elegido para una beca en el Trinity College en 1667, después de la reapertura de la universidad. Dos años más tarde, Isaac Barrow, profesor Lucasiano quien renunció a la Cátedra Lucasiana[7] para dedicarse a intentar ser decano del Trinity, recomendó a Newton para sucederle. La cátedra de Newton estaba exenta de la necesidad de tutoría, pero impuso la obligación de la presentación de un curso anual de conferencias. Eligió el trabajo que había hecho en la óptica como el tema inicial, durante los tres años siguientes (1670-72), desarrollando en sus conferencias el ensayo “De Colores” en una forma que más tarde fue revisado a fin de convertirse en libro primero de su Óptica. En 1669 Newton estaba dispuesto a escribir un tratado resumiendo su progreso, “De Analysi por Aequationes Numeri Terminorum Infinitas” (“El Análisis de Series Infinitas”), que distribuye en manuscrito a través de un círculo limitado dando a conocer su nombre. Durante los próximos dos años que lo revisó le llamó entonces “De méthodis serierum et fluxionum (“Del método de series y Fluxiones”).
A pesar de que sólo un puñado de sabios era consciente de la existencia de Newton, había llegado al punto donde se había convertido en el principal matemático en Europa.

En 1672, a los 30 años, es nombrado miembro de la Royal Society. En febrero de este mismo año, comunica en carta dirigida a Oldenburg, secretario de esta corporación, su teoría sobre la composición de la luz y de los colores, según la cual la luz blanca puede descomponerse, mediante un prisma, en luces de colores según el índice de refracción, que un nuevo prisma transforma en luz blanca, y, en 1675, envía a la Royal Society su Hipótesis sobre la luz[8]. Esta Sociedad reconstruye con éxito el experimento de Newton en su propia sede, el 27 de abril de 1676. La agria controversia suscitada por su teoría de la luz y el hecho de pasar a representar personalmente a la universidad ante el Parlamento, hacen que Newton se retire de la actividad científica pública, dedicándose sólo a sus investigaciones científicas y a experimentos de alquimia[9].
En 1682, el paso del cometa posteriormente bautizado como «Halley» le incita a reemprender sus estudios de mecánica celeste y la visita del propio Halley, en 1684, le sirve de ocasión a Newton para revelar su descubrimiento de la (demostración matemática de la) teoría de la gravitación universal. Este mismo año inicia la polémica con Leibniz, con motivo de un libro de éste sobre el cálculo, acerca de quién debía ser considerado primer descubridor del cálculo infinitesimal (descubierto por ambos, al parecer, de forma independiente en la misma época); él mismo redactaría, en 1713, el informe Commercium Epistolicum, en que se atribuye a sí mismo la paternidad del descubrimiento.

En 1687 aparece la obra más importante de Newton, Philosophiae Naturalis Principia Mathematica [Principios matemáticos de la filosofía natural], conocida simplemente como los Principia, obra que consta de tres libros: los dos primeros (I: «El movimiento de los cuerpos», II: «El movimiento de los cuerpos en medios resistentes») establecen las bases teóricas de la mecánica clásica -expuesta según un método matemático-geométrico, y no en el de las fluxiones, o cálculo, sólo conocido por él en aquella época- que, luego, aplica en el libro tercero, que lleva el subtítulo de El sistema del mundo, a los movimientos celestes, determinando de esta manera, y precisándola cuantitativamente, la existencia de la gravitación universal: fuerza por la que dos cuerpos cualesquiera en el universo se atraen según el producto de sus masas y el inverso del cuadrado de su distancia. Presupuesto y teorema fundamental de la teoría es la consideración de todos los cuerpos a modo de masas puntuales concentradas en su centro.[10]
Por dos veces, en 1689 y 1701, es elegido miembro del Parlamento como representante de la universidad de Cambridge; en 1696 es nombrado inspector de la Casa de la Moneda[11] y luego en 1699 director de la misma[12], cargo muy bien remunerado que le permite renunciar en 1701 a la cátedra de Cambridge, y en 1703 es elegido presidente de la Royal Society, sucediendo a Robert Hooke (1635-1703) en este cargo, que desempeña hasta su muerte[13].
En 1704 publica la Óptica, o tratado de la luz y los colores, que reproduce los estudios realizados en su juventud, y en 1705 es nombrado por la reina «caballero». En 1706 aparecen sus lecciones de álgebra que llevan el título de Arithmetica universalis. En sus últimos 25 años de vida Newton ya no publica investigaciones científicas de importancia, y actúa sobre todo como influyente presidente de la Royal Society y director de la casa de la Moneda. Una serie de manuscritos dejados a su muerte, conocidos como «Colección Portsmouth», lo revelan como hombre interesado por la alquimia, la teología y los textos herméticos y los bíblicos, que interpretaba en sentido literal. Y aunque tales rasgos impiden, de alguna manera, considerar a Newton como el representante más genuino del pensamiento racional e ilustrado -lugar que, por otra parte, parecería tener que ocupar por la enorme trascendencia de sus dos obras científicas de mayor importancia y la rigurosa metodología científica en ellas desplegada-, su aportación en diversos ámbitos de la filosofía es de sumo interés histórico. Desde el punto de vista de la historia de la ciencia, Newton logra explicar el movimiento de los cuerpos celestes con los mismos principios del movimiento con que caen los cuerpos: la órbita elíptica de los cuerpos celestes (según la primera ley de Kepler) es la resultante de un movimiento de inercia (principio formulado por Galileo) y la fuerza de atracción del Sol, cuyo valor establece de acuerdo con la tercera ley de Kepler (directamente proporcional al producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia). Los planetas caen hacia el Sol -o la Luna hacia la Tierra- igual como la manzana sobre la superficie terrestre: «todo cae». Este «sistema del mundo», que unifica bajo las mismas leyes todo el universo, resulta posible gracias a la descripción ideal matemática que de él ha hecho Newton, juzgada como la más cercana a la realidad hasta el momento. El método que sigue Newton es el método galileano de análisis y síntesis, en el que hay que distinguir el momento de la observación, el experimento y la inducción o generalización de lo observado (análisis), mediante el cual se llega a los principios, esto es, a las causas y a las fuerzas a que se atribuyen los fenómenos, y el momento en que se explican desde los principios y causas los fenómenos observados. Él mismo afirma, en su Reglas del filosofar, con las que inicia el libro III de los Principia, que las hipótesis no pueden «debilitar» los razonamientos fundados en la inducción. Se discute en la actualidad si verdaderamente Newton pudo basar en la inducción las leyes del movimiento, o si, por ejemplo, derivó de manera inductiva la ley de la gravitación universal a partir de las leyes de Kepler; Pierre Duhem, por ejemplo, lo niega y sostiene, junto con otros, que en realidad Newton no se atuvo estrictamente al método que describe en la Óptica y que, en diversos momentos de su obra, recurre a hipótesis (por ejemplo, a la del espacio y tiempo absolutos, en modo alguno empíricamente observable, la del sensorium Dei y aún la del «éter» -«cierto espíritu sutilísimo que penetra los cuerpos»-, de que habla al final del Escolio General). La conocida frase de Newton -«no imagino hipótesis» (hypotheses non fingo)-, no ha de interpretarse, por tanto, literalmente. La mecánica clásica newtoniana, junto con el «sistema del mundo» de Newton, no tuvo dificultad alguna para imponerse sobre la visión cartesiana de un universo de vórtices, difundida por aquella época por el Tratado de física (1671) del cartesiano Jacques Rohault; mientras se imponía fácilmente en Inglaterra, donde sólo Berkeley se opuso, en Francia, donde llegó antes la Óptica que los Principia, sus divulgadores fueron Maupertuis y Voltaire.[14]Isaac Newton falleció a finales de marzo del año de 1727, acompañado de su sobrina Catherine y de su esposo.[15]
[1] Su padre, de nombre también Isaac era analfabeto; provenía de una familia de campesinos que había conseguido medrar. Su madre era de una familia de mejores ingresos pero destacaba por saber administrar prepuestos limitados.
[2] Posiblemente por esa razón el carácter de Isaac Newton haya sido desde pequeño, introvertido y astero, cuando no hostil en el trato personal y social. Acusaba no menos una alta dosis de inseguridad e irascibilidad. Estas características sumadas a un puritanismo envolvente de su medio harían de su personalidad un híbrido bastante interesante. Además su religiosidad, aunque muy marcada, lo llevó a desconfiar del dogma de la trinidad (Por creer que Atanasio habría adulterado los textos bíblicos) y a valorar las doctrinas de Arrio, poniendo a Jesús como un gran profeta. Curiosamente, su producción religiosa y hermética tampoco fue publicada sino hasta el siglo XX.
[3] Como relojes y molinos de viento.
[4] La otra relación sentimental importante con una mujer fue con Catherine Barton, hija de su hermanastra Hannah. En este caso se trató tan solo de una buena relación familiar, tío-sobrina, aunque no falto quien le atribuyera segundas intenciones debido a la belleza de la dama.
[5] Newton ya habría leído la lógica de Sanderson, a Euclides y a Clavis de Oughtred. También la óptica de Kepler, los trabajos de Vieta, las misceláneas de van Schooten y la Aritmethica Infinitorum de Wallis.
[6] El anecdotario histórico reza al respecto, que Newton estaba en el jardín de su casa natal y cayendo una manzana sobre su cabeza, dedujo que la manzana había sido atraída hacia la tierra por la fuerza de gravedad (una fuerza potente que atraía los planetas), pero también le indujo a pensar que había otra fuerza que contrarrestaría la acción de la anterior. Newton la llamó fuerza centrífuga, que aleja el objeto de su eje de rotación y solo funciona cuando un objeto gira alrededor de otro con suficiente velocidad.
[7] En 1663, Henry Lucas pensó en crear una cátedra de matemáticas en el Trinity College y así nace la Cátedra Lucasiana. El catedrático que ocupara el puesto debía dar clase una vez por semana y estar disponible para aclarar las dudas de los alumnos. El primer catedrático que ocupó esta plaza fue Isaac Barrow, sacerdote que falleció prematuramente en 1677.
[8] A partir de la Paralipomena de Kepler en 1604, el estudio de la óptica ha sido una actividad central de la revolución científica. Descartes hablaba de la ley de refracción, en relación a los ángulos de incidencia añadiendo su convicción de que el universo está construido de acuerdo a regularidades matemáticas. Descartes había hecho también de la luz el centro de la filosofía mecánica de la naturaleza; la realidad de la luz, argumentó, se compone de movimiento que se transmite a través de un soporte material. Newton acepta plenamente la naturaleza mecánica de la luz, aunque él optó por la alternativa atómica o corpuscular sosteniendo que la luz se compone de corpúsculos en movimiento. La concepción corpuscular de la luz es siempre una teoría especulativa en la periferia de su óptica, no obstante. El núcleo de la contribución de Newton tiene que ver con los colores. Una antigua teoría extendida desde al menos Aristóteles sostuvo que una cierta clase de fenómenos de color, como el arco iris, surge de la modificación de la luz, de color blanco que aparece en su forma prístina. Descartes había generalizado esta teoría para todos los colores. A través de una serie de experimentos realizados en 1665 y 1666, en que el espectro de un estrecho haz se proyecta sobre la pared de una cámara oscura, Newton niega el concepto de modificación y lo reemplazó con el de análisis. Básicamente, negó que la luz es simple y homogénea en lugar de afirmar que es compleja y heterogénea y que los fenómenos de colores surgen del análisis de la mezcla heterogénea en sus componentes simples. Él sostuvo que los rayos individuales (es decir, las partículas de determinado tamaño) provocan sensaciones de cada uno de los colores cuando tocan la retina del ojo. También llegó a la conclusión de que refractan los rayos en distintos ángulos y que fenómenos como la arco iris son producidos por el análisis de refracción. Porque él creyó que la aberración cromática nunca podría ser eliminado de los lentes, Newton cambió a telescopios reflectivos, construyendo el primero jamás construido.
[9] Uno de sus críticos más enconados fue Robert Hooke. Parece que Newton no amaba por esta razón masificar el acceso masivo del común a la ciencia, era proclive a manejarlo solo en término de los iniciados, puesto que la información científica en manos equivocada era peligrosa.
[10] La segunda edición de Principia fue publicada en 1713, después de cuatro años de esfuerzos bajo la competente dirección de su editor Roger Cotes (1682-1716). La tercera edición fue publicado en 1726. Notoria la forma en que estas dos difieren de la primera edición, parecen ser las respuestas a objeciones formuladas por Christian Huygens (1629-1695), Leibniz, y otros.
[11] Habían problemas cambiarios en Inglaterra y por lo visto la única solución a la misma era reacuñar; estando la decisión tomada, es a Newton a quien le corresponde hacerlo.
Además en su trabajo hubo de perseguir a los defraudadores o «clippers», personas que recortaban trozos de las monedas de oro y plata.
En un lapso de tres años se reacuñaron más de 6.500.000 de libras en monedas.
[12] En ese mismo año se vuelve miembro asociado de la Academia Francesa de Ciencias.
[13] Aunque para hacer honor a la verdad, desde que en 1693 enfermó Newton, por razones desconocidas, sus capacidades físicas e intelectuales comenzaron a declinar.
[14] Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
[15] Otra bibliografía usada para este artículo:
Newton, Sir Isaac. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
Perris Villamor Alicia. Newton, el misántropo genial. Grandes Biografías. Edimat libros S. A., Madrid. s/f.
William L. Harper (2005), Newton Isaac. BORCHERT DONALD M, Editor in Chief, Encyclopedia of Philosophy, Second Edition, 2006. Thomson Gale, a part of the Thomson Corporation.

Ver: la gravedad en Newton