Categorías
Biografia

Fernando II de Aragon-biografia-historia

Vamos a redactar un biografía de Fernando II de Aragón o Fernando II el católico, que a efectos prácticos es lo mismo.

Fernando II el Católico[1] (Sos, España, 10 de marzo 1452-Madrigalejo, id., 23 de enero de 1516) Rey de Aragón (1479-1516) y rey consorte de Castilla (1474-1516). Hijo de Juan II de Aragón y Juana Enríquez (ambos de origen castellano)[2], en octubre de 1469 casó con Isabel de Castilla, en una maniobra política dirigida a reforzar la posición de ambos contrayentes[3]. El enlace sirvió para establecer una nueva organización de los reinos de Castilla y Aragón, que seguían manteniendo sus propias leyes, así como sus instituciones de autogobierno, pero que eran administrados indistintamente por ambos, ya que Fernando e Isabel firmaban siempre conjuntamente sus documentos oficiales ( de aquí la leyenda de su escudo: «tanto monta»).

De este matrimonio rápidamente nacieron hijos: la infanta Isabel nació en 1470, el aparente heredero, Juan, en 1478, y las Infantas Juana (llamada Juana la Loca), Catalina (más tarde llamada-como la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra, Catalina de Aragón), y María, a continuación. El matrimonio comenzó, sin embargo, con amagos de separación. Fernando, a menudo fuera de Castilla en las ciudades o en los viajes a Aragón, debido tal vez a la inquietud de sus 20 años seguía enredándose con otras mujeres, de quienes tendrá, al menos, dos niñas, cuyas fechas de nacimiento no se registran.

Entre las edades de 20 y 30 años, Fernando realizó una serie de hechos heroicos. Estas comenzaron cuando Enrique IV de Castilla murió el Diciembre 11 de 1474, dejando su sucesión en disputa. Fernando de Aragón se apresura a Segovia, donde Isabel había proclamado a sí misma reina de Castilla el 13 de diciembre, permaneciendo allí como rey consorte, una incómoda posición, un tanto marginal, hasta que durante la guerra de sucesión contra Alfonso V de Portugal ganó la aceptación de Isabel, en 1479, como rey en todo el sentido de la palabra. Ese mismo año murió Juan II, y Fernando accede al trono aragonés. Esto inició una confederación de reinos, que fue la base institucional para la España moderna.Fernando logró defender los derechos de su esposa con brillantez en el campo de batalla, derrotando a los partidarios de Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV, que era tildada de ilegítima, en Toro y Albuera en 1476. A continuación, Isabel y Fernando dirigieron su atención al reino de Granada[4], en cuya conquista empeñaron sus esfuerzos durante once años (1481-1492).

Aprovechando las rencillas internas del reino musulmán, Fernando fue capaz de oponer sagazmente a los diferentes bandos en litigio, de forma que los cabecillas granadinos nunca pudieron ofrecer una resistencia unificada. Otros campos de lucha de Fernando fueron Italia, donde se opuso con éxito a los intentos franceses de apoderarse de Nápoles; el norte de África, que fue escenario de diversas operaciones militares castellanas; el Rosellón, que consiguió recuperar por la vía diplomática; y Navarra, de la cual se apoderó en 1512. Aparte del descubrimiento de América [5]en 1492, en el terreno internacional se caracterizó por la voluntad de aislar diplomáticamente a Francia. Tras la muerte de Isabel[6] en 1504, la regencia de Castilla pasó a manos de Felipe el Hermoso, y Fernando, a causa de la poca simpatía que tenía a su yerno, se retiró a Aragón, donde contrajo matrimonio con Germana de Foix[7], con la cual tuvo un hijo que murió muy joven, por lo que no se rompió la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Tras la muerte de Felipe, Fernando volvió a hacerse cargo del gobierno de Castilla, en calidad de regente de su nieto, el futuro Carlos V.[8]

[1] Es también Fernando III de Nápoles y Fernando II de Sicilia.
[2] En 1461, en medio de una sucesión difícil, Juan II lo nombró heredero y el gobernador de todos sus reinos y tierras. Fernando fue nombrado rey de Sicilia, en 1468, con el fin de impresionar a la corte de Castilla, con quienes su padre en última instancia, pretende aliarse. Además de participar en la vida judicial, el joven príncipe combatió durante las guerras de Cataluña. En el verano de 1468, comienza a flirtear con las damas, siendo fruto de estas aventuras, Alfonso de Aragón, futuro arzobispo de Zaragoza y favorito de su padre, y Juana de Aragón.
Desde muy tierna edad se caracterizó por ser un mecenas de las artes y un devoto de música vocal e instrumental.
[3] La Corona de Aragón soñaba con el retorno a Castilla, e Isabel necesitaba ayuda para ganar la sucesión al trono. El matrimonio inició una oscura y turbulenta vida, en la que Fernando e Isabel lucharon en el los frentes castellano y aragonés, con el fin de imponer su autoridad las oligarquías de los nobles, desplazando su base de apoyo de un reino a otro en función de la intensidad del peligro.
[4] Véase la conquista de Granada, quien últimas fue la que hizo posible el apoyo dado por los monarcas a Cristóbal Colón.
[5] Véase también octubre 1492
[6] A quien el papa Alejandro VI le dio el 2 de diciembre de 1496 el título honorífico de La Católica.
[7] Sobrina del rey de Francia.
[8] Ferdinand II. (2008). Encyclopædia Britannica. Ultimate Reference Suite. Chicago: Encyclopædia Britannica.
Diccionario Interactivo de Biografías Océano. 2004.

Nota: Anexo una lectura que nos dá algunas luces extras sobre el tiempo de los reyes católicos:

“Desde el retroceso de los árabes en el siglo XII y principios del XIII existían en la península ibérica cuatro reinos: Portugal (reino desde 1139), Castilla, Aragón y, al nordeste, la pequeña Navarra. En Castilla y Aragón reinaban en el siglo XV dos líneas de la misma dinastía: Enrique III († 1406) era rey de Castilla, y su hermano Fernando († 1416) lo era de Aragón y Sicilia. La nieta de Enrique, Isabel, casó en 1469 con el nieto de Fernando de Aragón, Fernando II, y a partir de entonces quedaron unidos ambos reinos. El último resto del dominio moro, el reino de Granada, fue conquistado en 1492; en 1515 Navarra se juntó también a Castilla, de modo que la península entera, con la única excepción de Portugal, quedó unida en una sola monarquía.
Al mismo tiempo que la unión dinástica tuvo efecto la transformación de un estado feudal de tipo medieval en un estado territorial administrado por una jerarquía de funcionarios. Ésta fue la obra de la extraordinaria pareja de soberanos Fernando e Isabel, que hicieron de España una gran potencia europea y la elevaron también a una gran potencia militar gracias a su Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba.

Fernando era un hombre tan falto de escrúpulos como los demás príncipes del renacimiento, pero los superaba en dotes de gobernante; Isabel era una figura ideal, la mujer fuerte de la Escritura, educada en el humanismo, profundamente piadosa, virtuosa y de costumbres intachables. Mérito suyo fue que el auge político de España fuera de la mano con el religioso.
Dos grandes príncipes de la Iglesia dirigieron uno después de otro la vida eclesiástica española. El primero fue don Pedro González de Mendoza, hijo del famoso poeta marqués de Santillana. En 1473 fue nombrado cardenal y canciller de Fernando e Isabel, en 1482 arzobispo de Toledo y primado de España. Fue un gran pastor de almas, compuso un catecismo y fundó muchas instituciones pías y magníficos edificios religiosos. Era el tiempo del primer renacimiento español, conocido con el nombre de estilo plateresco por la finura de sus elementos decorativos. A su muerte en 1495 Mendoza tuvo por sucesor al franciscano Jiménez de Cisneros, confesor de Isabel, que aún había de superarle en importancia.
Ante todo, Cisneros fue un gran promotor de los estudios. En 1500 fundó la universidad de Alcalá. En la ciencia bíblica es conocido como editor de la primera políglota (1514).
La preocupación por mantener la unidad y la pureza de la fe llegó algunas veces a la dureza. En el año 1492 fueron expulsados del territorio español los judíos. Parte de ellos emigró a los Países Bajos, y parte al Oriente, donde aún hoy se encuentran judíos que hablan español. Los judíos y mahometanos que habían aceptado el bautismo, siguieron siendo vigilados con desconfianza por la Inquisición.
Si afortunados fueron Fernando e Isabel en las tareas políticas de su largo reinado, les persiguió en cambio la desdicha en su vida de familia. De su descendencia sólo dos hijas llegaron a la madurez. La más joven, Catalina, se casó, para su desgracia, con Enrique VIII de Inglaterra; la mayor, heredera de la corona española, poco después de su matrimonio con Felipe de Habsburgo, hijo del emperador Maximiliano, fue víctima de una incurable perturbación mental. Felipe murió ya en 1506, y así, a la muerte de Fernando el Católico, ocurrida en 1516, el hijo de Juana la Loca y nieto del emperador, Carlos V, que entonces contaba dieciséis años, heredó las coronas de Castilla, Navarra, Aragón, Sicilia y Nápoles, y al morir Maximiliano tres años después, recibió también todos los dominios austriacos, más los Países Bajos y la corona imperial alemana. España, que desde 1492 había también adquirido amplias posesiones en América, se había convertido en un imperio mundial. La cultura y las costumbres españolas imprimieron su sello especial a todo el siglo XVI europeo, desde el arte militar hasta la moda en el vestir y el «ceremonial cortesano español», el cual, empero, era de origen borgoñón y no había entrado en
España hasta Carlos V.”. Tomado del libro “Historia de la Iglesia”, de LUDWIG HERTLING, S. I, BARCELONA, EDITORIAL HERDER 1989 páginas 275 y 276.

CUANDO LOS REYES CATOLICOS

En “Cuando los Reyes católicos”, nos transportaremos en la máquina del tiempo a reconstruir la vida cotidiana en los años 1500 para entender mejor la vida de Fernando II de Aragon:
Bueno señores, agárrense duro, abrochen sus cinturones que allá vamos. Mientras llegamos, les iré contando algunos apartes de lo que verán para que estén preparados, ¿les parece?
1- ) Los hoteles cinco estrellas de la época eran por supuesto las hosterías, las hospitalarias posadas medievales donde se vendía además, paja. ¿Paja? Claro, la paja servía de pienso para los animales y para hacerse el viajero una buena cama.
No era raro hallar allí un letrero con algo semejante a: “El viajero encontrará aquí lo que traiga”. ¿Asustados? Pero si estamos empezando el recorrido turístico por la Castilla del siglo XV, cuando los Reyes católicos.
2- ) ¿Y la música de moda? Parafraseando la jerga de los locutores radiales sobre el “hit parade” podemos decir sin sonrojos que los nobles (siempre la cultura ha sido elitista) bailaban al ritmo de melodías como “Dale, si le das” o “ya soy desposado” que eran los éxitos más sonados de su momento. Estos ritmos eran entonados por trovadores y siendo como era, música cortesana, se oía en las villas más pobladas como Sevilla o Valencia[1].
3- ) Hasta el momento creí que eso de vivir de las apariencias y fingir cualidades físicas que no se tenían por medio de cirugías y prótesis era monopolio de nuestra sociedad occidental actual. Pues por poco y muero engañado. Supongo que la mayoría de quienes leen estas líneas también. Pues no, desengañémonos. En La Castilla del Siglo XV, cuando los Reyes católicos, no era raro ver un novio sesentón con el pelo teñido de negro, con dentadura postiza (hecha de resina de lentisco) y fingiendo una musculatura hercúlea (usando rellenos bajo su traje).
¡Oh, Oh! Hemos llegado señores. Estamos en una de las puertas de entrada a Sevilla[2], una ciudad con unos 50.000 habitantes, con una profusa vida comercial que la convierten en la ciudad más importante de Castilla. Aquí se intercambian gran cantidad de artículos procedentes de distintos puntos del Mediterráneo. Como ustedes pueden apreciar en esas calles adyacentes hay artesanos fabricando sus productos que luego se venderán en otras latitudes de Castilla y Aragón. ¡No empujen por favor! ¡A ver, en orden! Como les decía, el optimismo desbordante debido a los éxitos de los Reyes Católicos dan tranquilidad y más aún ahora que se ha descubierto una nueva ruta atlántica a las Indias. Hay jolgorio y rumba… ¡ah…lo olvidaba…! Es domingo y hay baile, no se me distraigan por favor, que debemos seguir.

En estos tiempos son perfectamente normales los matrimonios amañados, donde normalmente los hombres son mucho mayores que las féminas y tal vez por este poco vigor de sus varones es que la infidelidad femenina está en boga cuando los Reyes católicos. Imagínense mujeres de catorce, quince o diez y seis años debiendo soportar a un desconocido supremamente mayor, que se irá deteriorando aceleradamente y al que deberán atender.
¡Uf!… huele hediondo. Es que con esta suciedad en las calles… mientras los pisos de las mismas sigan siendo de tierra serán polvorientas en verano y embarradas en otoño. Imagínense de noche esta ciudad, completamente desierta y oscura.
Bueno, ahora nos iremos en esas mulas de allá en compañía de un convoy de carretas, que transporta miel, cuero y vinos a Medina del Campo, ese gran centro comercial de Castilla, cuando los Reyes católicos. A su regreso estas mismas carretas traerán a Sevilla lana burgalesa y hierro vasco. Vaya, vaya. Es harto fatigoso andar en mula. Creo que nos tocará pasar la noche en esa posada de allá. Dicen que es normal que hayan en las mismas chinches y piojos pero qué le vamos a hacer. ¿A qué huele? ¡Comida![3] ¡Qué bien! Por lo visto esa gente está murmurando sobre las hazañas de Cristóbal Colón
…a dormir señores que la jornada hasta Medina del campo demora varios días.

¡Guao! Así que esta es Medina del campo. Una ciudad de 20.000 habitantes; en su plaza mayor se hace una gran feria comercial a donde concurren mercaderes procedentes de toda Europa. ¿Ven ese palacio? Para nosotros en el futuro se llamará el Palacio Testamentario; allí Isabel I de Castilla hará su testamento, un mes y medio antes de morir. En esta ciudad de Medina del campo, cuando los Reyes Católicos, era perfectamente normal la barraganería, el “ayuntamiento” de una mujer con un hombre de iglesia (concubinato entre curas y sus amantes); la esclavitud también era lo más normal y más ahora con a colonización de América. Y por ahora bajémonos del cuento y sigamos solo con la historia.

Valladolid. 30.000 habitantes, una ciudad realmente fea al lado de Barcelona cuando los Reyes católicos; es famosa su Universidad que fue fundada en 1346 y la Audiencia, que fue fijada allí en 1390; luego entonces habían bastantes estudiantes, profesores y burócratas de oficio. Había así mismo bastantes hornos, carnicerías y tabernas; obviamente no faltan los burdeles o casas de mancebías, cuyos dueños eran personajes distinguidos que buscaban unas monedas adicionales para su presupuesto…

…En Salamanca, como dato curioso, a las meretrices se les ordenaba salir de la ciudad durante los festejos de semana Santa; al terminar las santas festividades las mujeres públicas regresaban a su casa de mancebía con gran algazara del pueblo en lo que se daba en llamar “Lunes de aguas”.
Recordemos que cuando los Reyes católicos, el Reino de Castilla tendría 6 millones de habitantes mientras en Aragón vivía 1 millón. Poca cosa al lado de los 15 millones de franceses, pero ni modo. En esos días la esperanza de vida era de 35 años ¡y eso que había aumentado con relación al siglo anterior! La nobleza y la iglesia[4] constituían el 5% del total de la población[5]; los llamados “medianos”, que no suman más del 15% de la población de los reinos y generalmente vive en los núcleos urbanos; el “pueblo llano” era entonces el 80% de todas las personas de los reinos y estaba compuesto por el pueblo rural y campesino, casi siempre trabajadores iletrados que a duras penas sobrevivía.
El deporte favorito de los nobles era la cetrería y la caza con ballesta, flecha o jabalinas. Por supuesto que, aunque prohibidos, los juegos de azar enloquecían a las turbas, como lo eran las corridas de toros.
Todo esto, cuando los Reyes católicos.[6]
[1] Sabemos de ellas por el “Cancionero de palacio” o el “Cancionero musical de la casa de Medinaceli”.
[2] Véase también Sevilla 1492 1493
[3] Los criados comen aparte las sobras de sus señores; los campesinos meten sus cucharas en un mismo cuenco o ponen trozos de comida sobre rebanadas de pan…a falta de servilletas buenas son las puntas de los manteles o si los llegare a haber, los aguamaniles. El menú incluye sopas, cocidos con berzas, tocino, algo de carne y pan de trigo. Es corriente el consumo de cerveza y de los vinos.
[4] Obispos, alta nobleza y aristócratas locales.
[5] Cuando los Reyes católicos era poderosamente atractiva la moda de los moriscos y la estética mudéjar.
[6] Bibliografía consultada:
Cohnen Fernando. De viaje por el reino de Castilla, en Muy Historia, Número 5/2006, G y J España Ediciones, S. L., S. En C., Madrid.

Ver también: SEO en España

Ediciones 2011-15-18

Por Angel Eulises Ortiz

Consultor en marketing online, SEO , SEM ; Blogger, curioso; amante de la tecnología, que quiere entender su entorno, la evolución de la publicidad e Internet; tel- ☎ : +573214800273